El amor y las historias de amor

Abril 25, 2008 at 1:58 pm (cerebro, mente, música, poesia, psicologia, sexo, sociedad)

El amor es éxtasis

Rumi

La razón por la que existen tantas y diversas historias de amor es que nadie sabe a ciencia cierta qué cosa es el amor.

Al amor le pasa lo mismo que a los olores: no disponemos de palabras para nombrarlo, asi llamamos amor a ese sentimiento tan chovinista que sienten las madres por los hijos explicitado perfectamente en este video de más abajo con la Caballé cantando un aria de Schichi, a ese otro sentimiento que dudosamente vincula a los hermanos entre si ¿fraternidad?, al amor de pareja, ¿faire l´amour“?, un invento de franceses ligado al bidé, y hasta llamamos amor a eso que algunos sienten por la patria, la naturaleza, con alguna idea politica o con el dinero. Amor señala desde luego algun tipo de emparejamiento, unión o enlace con personas, abstracciones, o placeres concretos.

Y a veces hay no solo emparejamientos reales sino virtuales como el amor a trois que existe en Seda. Hervé Joncour recibe precisamente a través de su esposa el regalo, el don de una ilusión que jamás pudo materializarse. ¿Qué clase de amor es el de Heléne por Hervé?

O sea que no existe un amor único, sino distintas versiones del amor que a falta de etiquetas denominamos con la misma palabra: esa de cuatro letras en casi todos los idiomas y que conocemos con ese nombre: “amor”, algo al que todos acceden pronto o tarde al menos en su versión menor, en su octava más baja: el enamoramiento, un cóctel que se mantiene en sangre unas pocas semanas, hasta que se desvanece.

Si se han escrtito tantas y tan variadas historias de amor es porque cada ciudadano tiene la impresión de que en su amor hay algo de especial, algo que merece la pena ser contado, algo que hace del suyo algo especial. Asi no es igual el amor de Ana Karenina, amor fatidico y el amor de Amiel aquel filósofo que se la cogía con papel de fumar y en el que se inspiró Marañon para escribir un ensayo bastante cursi sobre la timidez y que leimos cuando eramos adolescentes, como tambien hicimos con Fromm que se posicionó claramente a favor del amor-sacrificio como tocaba en una época donde la religión no sabia que hacer con la pasión de los individuos carnales y encarnados.

Y es que hay amores-sacrificiales y amores-desquicio, como hay amores-refugio como sucede en la bolsa y amores de paso y amores al raso: estoy parafraseando a Javier Krahe que escribió tambien sobre el asunto. La lista de poetas, músicos, novelistas o pintores que se han inspirado en el amor seria demasiado larga para ser expuesta en un post y mereceria una tesis doctoral.

Lo mejor es leer esa letra del propio Krahe donde resume perfectamente todo lo que se conoce de ese curioso qualia que llamamos amor:

Abajo el Alzheimer

Sí que los recuerdo, fueron los mejores,
con muchos detalles y vivos colores
aquí van las cuentas de mis cien amores.
Veamos si tengo o no memoria.

Un amor eterno, otros casi tanto.
De siempre me prenden los cinco en su encanto,
tan sólo por ellas he vertido el llanto.
Peaje de amor, cantidad irrisoria.

Amores de suerte, amores de paso,
amores refugio, amores al raso,
parques del Retiro, museos Picasso.
Incluso una suite en el Waldorf Astoria.

Amores insólitos por lo singulares,
hay reinas del mar por los siete mares.
De amores sin par, unos quince pares.
Y todas tangibles, ninguna ilusoria.

Descuéntame uno y van treinta y cuatro,
el uno que tacho fue puro teatro,
una tontería y no lo idolatro.
Ocurre que es que no tuve escapatoria.

De cinco minutos, media mañana,
de fin de mi vida, de fin de semana,
de mi via amoris de mi real gana.
Cada uno su cruz y la mía es de gloria.

Amores de ida, amores de vuelta,
amores debidos al Ebro y al Delta,
y al imperio ruso y al folclore celta.
También llevo bien geografía e historia.

Van ochenta y casi me olvido la lluvia
mojando los rizos de mi única rubia.
Y a mi diosa blanca. Y a mi esclava nubia.
Y a mis tres Marías, Marías Victorias.

Y a las seis menores aunque muy crecidas.
Sus seis casi estrenos me dieron seis vidas.
Me obligó el espejo a seis despedidas
de seis aplicadas en arte amatoria.

Las ocho que faltan las guardo en secreto,
que yo fui Montesco y ellas Capuleto,
y me comprometen o las comprometo.
Mi alegre canción iba a ser mortuoria.

Y ya están las cuentas de mis cien amores,
que claro que sí, fueron los mejores.
Y si queréis más, yo, de mil amores.
Y ruede la rueda y gire la noria.

(Javier Krahe)

La tesis central de Krahe tal y como puede observarse en el anterior poema con rima consonante es que el amor tiene mucho que ver con la memoria, con la capacidad de recordar, pues sin memoria ni recuerdos ¿podriamos comparar amores antiguos, amores modernos y los intermedios?

Y sin comparación todos los amores son iguales, en nada se diferencian y es por eso que aun no hemos puesto nombre a cada amor, por la misma razón que no le ponemos nombre a los olores y todo queda confundido en ese magma sin nombre que llamé en otro lugar el Tao del perfume. Tampoco tenemos nombre para cada uno de nuestros pasos aunque algunos recomiendan precisamente nombrarlos al menos en grupos de cuatro como un compás de compasillo (SA-TA-NA-MA) ni lo tenemos para cada una de esas lágrimas que hemos vertido en honor de una u otra amante, amigo o amiga, padre, madre o abuelo, es por eso que la historia se hace interminable y cada amor parece que es diferente -siendo tan parecido- a aquel que le sirve de referencia, nuestro primer amor, aquella que nunca pudo ser nuestra del todo: mamá y que dividió el universo posible en dos bifurcaciones: el amor carnal y el amor sin carne.

Pues fue mamá nuestro primer objeto amoroso, si, pues fue ella la que construyó nuestras primeras percepciones sensoriales sobre las que construimos después una interpretación del cuerpo y fue ella la que le puso nombre a las cosas, al placer y al displacer, al calor o al frio, a los aires y a la caca. Fue ella, la guardiana de los significados que ahora parecen atractores extraños como la espiral de Lorentz que es infinita pero nunca se sale del papel. Y se parece a una mariposa.

De manera que todas las historias de amor remiten a ese qualia primigenio que es el cuerpo de una madre, es por eso que los legionarios se tatúan en el pecho este anagrama “amordemadre”, un poco para distinguirlo de los otros amores, de los amores profanos, de esos amores mercantiles y tambien de los otros: los sosegados y prácticos que -en el mejor de los casos- algunos disfrutamos aun con un contrato reproductivo sobrevolando como una mariposa de Lorentz en el horizonte.

Pero los humanos no somos unidimensionales y poseemos al menos tres planos o mundos:

  • Uno presidido por la realidad y sus principios de realidad que divide el mundo entre lo posible y lo imposible.
  • Un plano cuántico donde todo es posible siendo a la vez imposible pero donde no hay referentes ni leyes universales, se trata de un plano que necesita ser construido, negociado y renegociado continuamente.
  • Un plano presidido por la autoconciencia que es observatorio pero que al mismo tiempo puede resultar mazmorra y liberación. Es el plano que integra y ajusta los dos mundos anteriores y les da forma y se ocupa del timing u oportunidad.

Y luego está el sexo por el sexo, una actividad al alcance de cualquiera y que hasta las chonis saben practicar desde que las mujeres se quitaron las fajas y descubrieron su placer. Es la amortización del sexo puesto que entonces dejaron de ser objetos sexuales y se constituyeron en sujetos deseantes, en objetos inercambiables y cuánticos que ahora están y más tarde desaparecen como el gato de Schrodinger. Desde entonces ser objeto sexual es una rareza y por eso existen cada vez más profesionales a pesar de la liberación de los refajos y la relajación de las costumbres.

Es sólo cuando el observador toma el mando que el sexo por el sexo se transforma en vino tal y como aseguraban los sufies. Los efectos embriagadores del vino solo pueden darse cuando la autoconciencia desciende a los genitales y recuerda que los genitales tambien son parte del cuerpo, rebota en ellos y vuelve a ascender en comunión con otra autoconciencia que le hace de pantalla imaginaria.

Entonces ya no se llama amor sino éxtasis y da igual si el objeto existe en esa realidad que hay ahi afuera o si por el contrario está interiorizada o externalizada porque los limites del cuerpo han sido desgarrados y amamos más allá del objeto aún en ausencia de él.

El amor ha dejado de ser una palabra y se transforma en un puente, una obra de ingenieria que une dos mundos a través de una membrana.

En algo concreto como un fractal que contiene en sus rugosidades todos los amores que la memoria ha logrado conservar.

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