Emociones y movimiento

Marzo 21, 2008 at 6:35 pm (biologia, danza, evolución, lenguaje, mente, naturaleza, psicoanalisis, psiquiatría)

Me da rabia no poder enfadarme

La declaración anterior es común entre los que atendemos pacientes con trastornos emocionales y pertenece a una paciente con un problema de bulimia. Esta declaración parece que evidencia que existen algunas emociones (en este caso la rabia) que se encuentran de alguna manera “prescritas”o “facilitadas”, mientras que otras (el enfado) parecen estar suprimidas o prohibidas por el ambiente o por el mismo individuo.

No se trata de un artefacto de la entrevista: en efecto, la paciente anterior recurría al vómito cada vez que sentía alguna emoción que no podía tolerar, en este caso el enfado, una emoción que de alguna manera la ponía contra las cuerdas de sus propios límites y la inducía entonces a una conducta de escape, una conducta de evitación de ese estado emocional que se traducía en fuertes ataques de cólera, contra sí misma y contra los demás.

¿Se trata de una contradicción? Desde luego, parece que tolerar la rabia y ser incapaz de tolerar el enfado es ilógico, pues la rabia no es más que un enfado intenso. Sin embargo existen algunas diferencias fundamentales entre una y la otra.

La rabia es sobre todo una conducta y el enfado es sobre todo un sentimiento.

Dicho en términos neurobiológicos significa que la rabia es una conducta que de alguna manera puede prescindir absolutamente de la interiorización del enfado. O dicho de otra manera: el que muestra un ataque de rabia no necesariamente está enfadado, sólo fuera de sí, alienado, loco por asi decir. Ha perdido el control sobre sí mismo.

esquemaemociones.jpg

Y otra: algunas personas sienten rabia con tal de no sentir el enfado.

Lo importante del argumento anterior es la relación que existe entre las emociones y el movimiento, la conducta explícita. No sabriamos qué es la rabia si durante la cual la paciente no nos informara sobre qué sucede en esos ataques de rabia: golpear la pared, hacerse daño, atacar verbalmente a otros, pelearse, etc. Una vez informados de esa conducta sabemos que la paciente ha manifestado una emoción intensa e inapropiada, una reacción inadaptativa que no resuelve su problema de no poder internalizar sus enfados, sino que añade un nuevo problema a su imagen social.

Leyendo el libro de Rodolfo Llinás: “El cerebro y el mito del Yo”, alcancé a comprender algo muy importante: las emociones proceden evolutivamente del movimiento mediante un proceso que Llinás ha llamado interiorización.

Para comprender mejor qué es y como opera la interiorización, Llinás acude a la etologia y a la embriologia comparada, en su libro nos muestra las diferencias que existen entre la motilidad miogénica y la motilidad neurogénica. Y para ello nos recuerda la embriogenésis del tiburón.

Los tiburones crecen en una especie de huevo a pesar de ser vivíparos y durante su desarrollo intrauterino comienzan a moverse de una forma sinusoidal. Estos movimientos no nacen como consecuencia de una toma de control por parte del sistema nervioso central sino como consecuencia de la actividad de las fibras musculares.

Como sucede en nuestro corazón, las celulas musculares trasmiten neurotónicamente de unas a otras su contracción llevando al sistema (el corazón entero) a una contracción sinérgica y sincrónica. En este caso los movimientos sinusoidales del tiburón son de este estilo, es decir miogénicos puesto que las neuronas todavia no han migrado estableciendo contacto con las fibras musculares.

Puede observarse este movimiento sinusoidal en este video:

Pero en un determinado momento de la ontogenia cada motoneurona establece contacto con su fibra adecuada y entonces es la medula espinal la que toma el mando del movimiento, sucede entonces que la contractibilidad miogénica es ya superflua puesto que ya ha sido absorbida por la contractibilidad neurogénica.

Podriamos decir que la contractibilidad neurogénica pertenece a un rango o jerarquia superior de motilidad y cuando se establecen esas nuevas coordenadas de contractibilidad, la anterior, su precursora cesa. Decimos entonces que la neurogénesis ha interiorizado -se ha apropiado- de la miogénesis.

Lo mismo sucede entre el tronco cerebral y la medula espinal: otra vuelta de tuerca hacia la encefalización, es decir hacia el mando supremo del sistema nervioso central, asi todo movimiento es sobre todo algo que comienza en el encéfalo, y luego desciende a través del tronco del encefalo y la médula espinal y termina en un movimiento coordinado y sinérgico entre grupos musculares y una intencionalidad que no puede estar en otro lugar sino en el cerebro: más concretamente en la red corticotalámica.

De lo anterior podemos deducir que la expresión de una emoción descontrolada es una forma de deaferentización encefálica o dicho de otra manera: una especie de regresión conductual que evidencia que determinados aprendizajes de control no han sido establecidos o bien han sido bypaseados.

La idea de que las emociones proceden evolutivamente del movimiento y que no son otra cosa sino un movimiento interiorizado aporta numerosas claves sobre el problema que he comenzado describiendo: el de una persona que suprime algunas emociones y que sin embargo es capaz de liberar otras muy parecidas, pero menos adaptativas y disfuncionales. Sucede por una razón de orden evolutivo y por una razón de orden filosofico.

La razón evolutiva es la que el propio Llinás nos señala en su libro y en sus investigaciones. Las emociones nacieron y se seleccionaron precisamente por resultar una forma de comunicar algo sobre las intenciones del sujeto: enseñar los dientes, morder, ladrar, gemir o huir de un depredador son las emociones en estado bruto, es decir la parte observable de la emoción desde la que evolucionó. ¿Para que tener rabia si la rabia no se puede mostrar? Es más que evidente que la ira o la rabia solo pueden ser eficaces si somos capaces de expresarlas de un modo claro y preciso a fin de que el otro sea capaz de detectarla.

Toda emoción nació para mostrarse a otro como señalización de un estado interno.

La razón filosófica es la que señala el aspecto de “perdida de control” implicito en la propia expresión de la emoción. ¿Para qué un ataque de rabia si podemos señalizar nuestro estado de ánimo de una forma civilizada como por ejemplo el enfado?

Para contestar a esta pregunta tenemos que echar mano de una conceptualización de las pasiones. Efectivamente las pasiones son esos venenos del alma que pueden llevar a una persona hacia su destrucción, existe una larga tradición empirica de cómo afrontar estas pasiones de forma tal que no lleguen a constituirse en venenos psicológicos. Una de ellas es la opinión de Spinoza que Damasio ha señalado en su libro “En busca de Spinoza“,(aqui hay una entrevista de Punset a Damasio) cada emoción tiene un antidoto que neutraliza los efectos negativos o tóxicos de esa emoción.

Kant no estaría de acuerdo con esta opinión y apelaria a la voluntad. Según él cualquier emoción puede controlarse desde el querer, desde la voluntad. Algo asi como “querer es poder”. No dijo nada sobre cómo podemos ayudar a aqeullas personas que sufren un menoscabo importante de su voluntad y de su libertad y que de alguna forma son esclavos de sus pasiones como casi todos los pacientes que consultan por problemas de impulsividad.

Y tampoco resuelve el problema de por qué un paciente puede elegir como conducta de escape frente al enfado al ataque de rabia que de alguna manera excede y es algo asi como una exageración por su intensidad y duración al propio estimulo que lo generó.

No tenemos más remedio que acudir al concepto de “acting out” del psicoanálisis, es decir una conducta que en si misma supone un ocultamiento de otras razones, aquello que se pasa al acto sería algo así como un automatismo motor que descargaria el malestar premotor que el sujeto siente durante sus “enfados” y que carece de habilidades para verbalizar. Si la conducta de rabia tiene prioridad de paso hacia el exterior es porque en si misma aporta tranquilización, es decir un plus de goce al sistema entero y por más disadaptativa que nos parezca es profundamente placentera en ese momento para el que la ejerce: de lo contrario no se repetiria, por absurda o trivial.

En realidad el “enfado” de nuestra paciente es un sentimiento que presenta una complejidad ascendente en el tema de la interiorización de la motricidad, significa que se trata de otra vuelta de tuerca sobre la emocion (la rabia) que debe ser transformada en un producto socialmente aceptable como el enfado. Para poder enfadarse hace falta saber, por qué, de qué manera, qué nos ha hecho enfadarnos y con quién, lo que pone en juego otro sistema derivado de la evolución: el lenguaje y el pensamiento: para computar un sentimiento el cerebro necesita palabras, objetivos, direcciones, tiempo y objetos relacionales y que no puede neutralizarse con el catálogo de estrategias comunes. El sujeto queda asi con un estancamiento de la emoción primaria que poco a poco va llenando el vaso hasta que se aprende algo esencial para repetirla: que si manifestamos rabia se nos pasará el malestar del enfado . Este mecanismo es lo que hace que el “acting out” sea repetitivo y tan adictivo pues modula y resuelve -momentáneamente al menos- la ansiedad.

Para comprender mejor la relación que existe entre las emociones y el movimiento lo mejor es presenciar un ballet, pongo como ejemplo esta danza de las muchachas de “La consagración de la primavera” de Igor Stravinsky.

10 Comentarios

  1. Ana di Zacco dijo,

    Marzo 22, 2008 en 2:38 pm

    Pues la verdad es que este post me ha traido a la mente infinidad de cosas, tantas que no cabrían aquí, pero entre ellas a la Azancot (¡qué tiempos..!) y su planteamiento sobre las emociones. También a Damasio, por supuesto, pero también a Krishnamurti, a quien no soy capaz de imaginar rabioso, ni siquiera enfadado.
    Interesantísimo, como siempre, maestro.

  2. pacotraver dijo,

    Marzo 22, 2008 en 5:15 pm

    En realidad la teoria de Azancot sobre las emociones es muy parecida a la de Spinoza. Se trata de confundir una emocion con otra y sentir ira cuandos e debería sentir tristeza por ejemplo. Pero se trata de otro nivel, el nivel del etiquetado de las emociones, en este post solo he hablado de qué son las emociones y de su deriva filogenética. El concepto de “interiorización” de Llinás es sencillamente genial por su elegancia.

  3. Tu Mundo Virtual dijo,

    Marzo 24, 2008 en 12:04 am

    Hola, de verdad te felicito, tú página me parece muy interesante y sobre todo tiene muy buen contenido, a la vez te invito a ti y a todos tus visitantes para que visiten también mi blog el cual es http://tumundovirtual.wordpress.com si te gusta mi blog te propongo la idea de que nos linkemos. espero tu mensaje.

  4. Presi dijo,

    Marzo 24, 2008 en 12:57 am

    Hay que ver a dónde hay que llegar para conseguir lectores, al spam-mailing virtual…
    Esta página no le parece interesante ni leches. Qué sabrá él, que ni se la ha leido.
    Virgen Santa, líbranos del mal.
    Fariseos, que sois unos fariseos.

  5. julia dijo,

    Marzo 24, 2008 en 9:40 pm

    Podrìa ocurrir que no hubiera acting, sino conversiòn en el mejor de los casos, y enfermedades psicosomàticas en el peor de ellos. Pienso en algunas enfermedades del colàgeno. Muy buena pàgina, felicitaciones

  6. alber dijo,

    Marzo 27, 2008 en 1:41 pm

    Lo que cuentas me parece algo así como los bebés: que cuando están cansados o tienen sueño o hambre se enfadan, pero no saben por qué.
    Yo soy partidario de que las emociones se ve vencen con otras emociones (al estilo Spinoza). Según LeDoux, la inhibición racional parece hacer un recorrido mucho más lento poco efectivo para apaciguar almas pero más efectivo desde un punto de vista evolutivo. De todas maneras, aunque sólo soy aficionado a la neurociencia, las teorías de Llinas también me parecen muy elegantes y útiles.

    Por último un mensaje para Anna di Zacco: Krishnamurti era un ser de lo más malgeniado que se pueda imaginar. Además de ser manipulador, sus ataques de ira eran proverbiales entre la gente con la que convivía. Otra cosa es su cuidada imagen pública. Show business.

    Un saludo y felicidades por el blog.

  7. psikoeduca dijo,

    Marzo 31, 2008 en 12:02 am

    Esto de no admitir el enfado y estar descontrolado también lo veo yo a diario en los usuarios de la comunidad terapéutica, trabajo con drogodependientes y desde luego tienen una dificultad impresionante en identificar sentimientos.

    Interesante,

    Saludos

  8. pacotraver dijo,

    Abril 2, 2008 en 10:15 am

    Con respecto a lo que dice Julia de la conversión y de los fenomenos psicosomáticos, añadiré algo: estos trastornos se caracterizan precisamente por una mudez emocional, es bien conocida la “belle indiference” de la histeria desde el siglo pasado en que Babinsky la describió, significa que en los fenomenos de conversión no hay acting porque el paciente ha logrado disociar las cargas emocionales transformando la energia en un sintoma y ocultando el sentido de la emoción. La emoción tiene pues dos direcciones: una hacia la acción y otra hacia el ocultamiento (conversión).

  9. Ana di Zacco dijo,

    Abril 2, 2008 en 10:42 pm

    A Alber: te agradezco la información. Tanto monta, monta tanto. Quiero decir que me da absolutamente igual si Krishnamurti era como dices o como si no. Agradeceré siempre lo que he aprendido/leido de él, y en caso de que realmente tuviera ataques de ira, significa simplemente que el refranero (la fuente más sabia que conozco) tiene razón y en casa del herrero, cuchillo de palo. Es evidente -lo tengo comprobado tb por otros lados- que conocer el mecanismo de la mente no exime del cumplimiento de sus leyes. Como la ley pero al revés. Los poetas también defecan, es algo que personalmente me ha costado muchísimo digerir.
    Y hasta Cristo se enfureció en el templo con los fariseos. O eso dicen.
    En fin, que la información queda agradecida, pero eso no cambia nada. La sabiduría es la sabiduría y ahí queda y se transmite. La teoría ya es mucho, la práctica es lo de menos.

  10. Tics y Tocs « neurociencia-neurocultura dijo,

    Abril 9, 2008 en 6:17 pm

    [...] acabalgados entre los psiquico y lo orgánico y que tambien representan las relaciones entre las emociones y el movimiento. Hoy se considera una enfermedad neurológica en cuyo curso pueden aparecer desarrollos tardios de [...]

Escribe un comentario