Contra Darwin
Antes de Darwin fue Copérnico y sobre todo Galileo Galilei los que se enfrentaron al prejuicio generalizado de que era la Tierra la que giraba alrededor del sol o de que la Tierra era plana, fueron declarados apóstatas, herejes, masacrados por los poderes fácticos de entonces. Pues la verdad no se abre paso a través de la ignorancia sino sobre todo a través del prejucicio, cuando no de un interés institucional: al poder medieval le interesaba que el universo fuera periférico y que la Tierra fuera el centro. Luego vino Darwin con la “teoria de la evolución” y más tarde Freud con su descubrimiento del inconsciente los que pusieron patas arriba el paradigma antropocéntrico de la naturaleza y el universo. Ahora tenemos otros ejemplos como los que defienden el “calentamiento global” y que son acusados por los politicos y las empresas contaminadoras de catastrofistas y de terroristas intelectuales.
Siempre es igual, la verdad es molesta y no siempre acaba imponiéndose al menos en el imaginario del público en general, asi y sólo asi podemos comprender la reactivación de las teorias creacionistas y que el darwinismo siga aun prohibido en algunas universidades de USA, por no hablar del psicoanálisis que sigue teniendo enemigos académicos en todo el mundo y a un sin fin de especialistas bien pagados dispuestos a demostrar que Freud en realidad era un obseso sexual, muy poco de fiar y menos digno de seguir y comprender.
Asi y todo estos exégetas de la creación o del conductismo feroz ahora ablandado por eso que ha venido en llamarse psicologia cognitivo-conductual, no han sido capaces de articular una nueva teoria que de cuenta de las verdades ocultas en la teoria psicoanalítica y que son tan intuitivas que cualquier persona detecta en sus semejantes sus signos elocuentes aunque no es tan fácil emplearlas en conocerse a si mismo: un mandato escrito en Delfos desde la antigüedad y que choca con muchos prejuicios bien instalados en la mentalidad del hombre actual demasiado ocupado en otros menesteres. La verdad ha caido en desgracia y el hombre individualmente hablando es el culpable que la mentira y la farsa dominen las expectativas racionales de la población, no es sólo el dinero y el poder quien tiene la culpa de los males del mundo sino tambien aquellos que persiguen esos bienes sin pararse a pensar ¿qué soy , quién soy , qué necesito?
El modelo bio-psico-social que propusiera Engel no ha pasado de ser una declaración de buenas intenciones, la investigación sigue el camino del dinero y hoy toda la investigación psiquiátrica está dedicada a encontrar nuevos fármacos de síntesis para el tratamiento de las psicosis y la depresión -un verdadero filón comercial-, por más que no sepamos aun ni una palabra de las mismas, entre otras cosas porque no hay un consenso universal y transcultural de qué cosa es una psicosis o una depresión.
Asi y todo las cosas parecen marchar y los discursos sobre la verdad pronto son acallados por los grandes lobbyes de la comunicación o por el poder de las universidades y de las prebendas en la investigación que privilegian unos conocimientos sobre otros y casi siempre en la dirección más organicista posible: aquella que promete un mayor beneficio.
Siempre hay quien acusa a la Iglesia católica de reaccionarismo ignorando por ejemplo que el Concilio Vaticano II ya dejó clara la postura de la Iglesia ante la evidencia de que el hombre y el mono habian tenido un antecesor común. Pero cuando la Iglesia cede ante una evidencia siempre habrá revisionistas, como Monseñor Léfevre que casi escinde la Iglesia francesa por un quitame allá una sotana o una misa en latín. Cuando quitas a un sacerdote aparecen tres o cuatro brujos, esa es una verdad usualmente ignorada por los “progres”.
Y si no me creen solo tienen que contemplar el video de este niño telepredicador que usa las técnicas de los politicos para impregnar de su “verdad” a un auditorio entregado y convencido de un prejuicio: Dios nos creó a su imagen y semejanza”, no hay pues evolución.
¡Y aun hay quien lo cree!
La anorexia un replicante cultural
La opulencia alimentaria es un fenómeno tan reciente y ubicuo que no nos puede hacer perder de vista que hasta hace recientemente poco tiempo las hambrunas consumían grandes partes de la población en nuestra hoy opulenta Europa. Es posible afirmar que el ser humano se ha enfrentado desde su origen como especie a las terribles consecuencias de la falta de alimento tanto por las condiciones climáticas adversas, como por la dificultad en acceder a los alimentos de un modo programado y previsible
Aun hoy el hambre es un azote para media humanidad y las enfermedades consuntivas que se derivan de ella la principal causa de muerte infantil tanto en Africa como en Sudamérica sin que hayamos sido capaces de articular estrategias globales para erradicar ese mal.
En un orden de cosas más novelesco es posible imaginarse al Homo Sapiens como un forrajeador constante en busca de frutas, vegetales, raíces, pequeños reptiles y huevos que debía andar varios kilómetros diarios para procurarse el alimento necesario para un solo día, para volver después a su base de operaciones. Eso suponiendo que nos lo imaginemos instalado en un campamento o abrigo permanente, cuestión que hoy se pone en cuestión debido precisamente a esa necesidad nomádica que probablemente le hacia alejarse cada vez más dejando atrás paisajes esquilmados por él mismo: una actitud que el hombre sólo pudo abandonar haciéndose sedentario bien entrada la historia reciente y con ella el nacimiento de la agricultura.
Las cacerías y la dieta carnívora fueron probablemente una excepción. Con o sin herramientas es difícil imaginarse un Sapiens cazador con la única arma de sus brazos, su resistencia para la carrera o sus trampas artesanales, con todo es posible imaginarse que puntualmente alguna bestia enferma o herida cayera en sus manos y con ella las proteínas necesarias para darse un festín o – en clave más actual – un atracón.
Más probablemente los humanos se iniciaron como especie carroñera y probablemente caníbal alternando con sus forrajeos, aunque ambas estrategias no resultaran evolutivamente estables y terminaran por extinguirse a favor de una dieta omnívora pero predominantemente vegetariana que compartieron tanto machos como hembras, aunque en este sentido no hace falta utilizar el verbo compartir en tanto que ese forrajeo necesario para la alimentación pudo ser individual y autónomo con la sóla excepción de la hembra y sus crías destetadas.
Las actividades a las que más tiempo debieron dedicar nuestros ancestros del paleolítico debieron ser la continua búsqueda para el consumo diarios de alimentos: una búsqueda que debió ir evolucionando desde ese forrajeo individual hacia otras formas de compartir alimentos cuando las estrategias de caza lograron ser mas eficaces sobre todo con la invención de las primitivas armas de sílex
Compartir debió representar algo así como especializarse en algo, una especialización que volveremos a retomar en el capitulo sobre la agresión pero que aquí conviene conocer de pasada porque representó un cambio en la organización social de la horda: si unos se dedicaban a la caza, otros debieron dedicarse a la magia para invocar a la buena suerte, otras debieron seguir dedicándose al forraje y otras al cuidado de las crías. Este reparto de tareas ha sido señalado por Fischer (Fischer 1984) como el resultado de la ganancia de intimidad entre la pareja humana y probablemente lo fue.
Alimentarse, como beber o aparearse no necesitan explicación, simplemente suceden, se trata de la emergencia de un instinto, lo que cambia en los humanos es la organización social que modela este instinto, pero no el instinto en sí. Aunque para ser exactos los instintos necesitan alguna explicación dado que estamos acostumbrados a pensarlos como un fin en si mismo, de un modo finalista: el instinto de alimentarse puede considerarse una pulsión autónoma, como sucede con los cuatro grandes (huir, aparearse, agresión) y toda pulsión precisa de un impulso. No hay pulsión sin impulso (Lorenz 1971) y en este caso, en el caso de la alimentación el impulso es el hambre. Sin embargo el hambre no es la causa de la alimentación, dado que en la misma participan aun otras pulsiones que nada tienen que ver con la alimentación, por ejemplo la sexualidad y el gregarismo (otra de las pulsiones menores del instinto). En este sentido el carácter actual con el que se contemplan los instintos es una especie de disociación entre propósito y causalidad: el propósito del hambre es satisfacerse pero la causa de la alimentación no es el hambre sino una malla intencional que entronca con otras fuentes del ánimo.
Aunque es igualmente eficaz de cara a la reproducción, no es lo mismo copular de espaldas que copular de cara mientras se observa a la pareja. La especie humana nunca hubiera podido evolucionar si no hubieran habido ciertos cambios en la vagina de la hembra humana. De no haberse producido un giro de 90º en el sentido de la anteversión ese tipo de copula nunca hubiera podido tener lugar y por tanto el apego y el vinculo entre las parejas tampoco hubiera sido posible.
Comer para los humanos no consiste solamente en el forrajeo individual, comer significa compartir, algo esencialmente humano emparentado con los instintos gregarios que viene a substituir a los rituales alimentarios de los animales, y que – no obstante- siguen manteniendo algunos vestigios derivados del comensalismo. Comer para los humanos significa algo más que alimentarse tal y como se deduce de la propia etimología de la palabra comer (cum cudere); estar o compartir algo con alguien. Basta con comer sólo para saber a que me estoy refiriendo: la mayor parte de las personas que comen a solas, comen de pie, rápidamente, comida fría o escasamente elaborada, picotean o apacentan, pero no comen en el sentido ampliado de la palabra. Comer significa sobre todo hablar mientras se come, comentar, educar o instruir, un placer que precisa ser compartido, comunicado y legitimado por alguien que es el que en definitiva opera la necesaria abreacción del resto instintivo que se vincula con el acto de la alimentación.
El comensalismo (Bilz 1971) es una conducta ampliamente representada en la naturaleza que viene a representar algo así como un turno en el acceso a la comida o por decirlo en palabras de Lorenz ;un orden de picada, que viene a representar a la propia jerarquía o rango entre los animales. Lo usual es que los machos dominantes se alimenten primero y después las hembras y los cachorros. Un rasgo que es aun observable entre la forma en que se alimentan los grandes depredadores y donde el único altruismo que es posible reconocer es el ubicuo altruismo alimentario de la hembra con su cría. El comensalismo representa pues la alimentación social.
No todos lo animales se alimentan siguiendo estas reglas sociales de los leones, otros optan por otra conducta muy curiosa que se denomina “vagabond feeding” (alimentación vagabunda). Consiste en comer deprisa y a solas, esconder o enterrar comida, robar comida y sobre todo hacerlo mientras se está de pie o de un modo furtivo. El "vagabond feeding" representa un modo individualista y "esquizoide" de alimentarse en cualquier caso una alimentación sin relación al rango
En ambos casos, tanto en el comensalismo como el "vagabond feeding" están presididos por unas reglas de rango y territoriales no escritas que penalizan ampliamente sobre todo a los intrusos como sucede con la agresión en general, hecho del que se desprende una de las grandes reglas de la etología: "el que lucha en su territorio lleva siempre las de ganar", un aspecto modificado del cual sería "que aquel que conserva su territorio o su rango tiene más posibilidades de sobrevivir y de llevarse el mejor bocado"
En general la alimentación está presidida por grandes reglas que tienen que ver con el territorio, el rango y la agresión extraespecífica de las que ya hablaremos en respectivos capítulos.
¿En qué condiciones puede afectarse este instinto natural de alimentación?
En aquellas situaciones que representen perdidas de territorio, disminuciones en el rango social o la amenaza de intrusos en el territorio
Vieira (1979) ofrece la observación de que los animales salvajes recién enjaulados rechazan el alimento en condiciones de hacinamiento o de estrechez. Hediger (1953) interpretó que si el animal no disponía de un refugio para poder tener cierta intimidad a relativa distancia de las rejas deja de alimentarse ofreciendo un modelo animal de inanición.
En casi todos los animales salvajes hay que preservar, en condiciones de cautividad, un equilibrio entre la distancia de huida y la distancia de ataque, un equilibrio que se halla en oscilación critica y que se relaciona con la alimentación y con la agresión. Asimismo señala Demaret (1983) que en aquellas especies con una jerarquía muy acusada y que se expresa con una distancia interindividual, la proximidad de un animal dominante inhibe el comportamiento alimentario del dominado que en todo caso se servirá el primero (Bilz 1971)
Estas explicaciones me sirven ahora para ilustrar el misterio clínico de la anorexia humana , una enfermedad multicausada y que según Plogg (1964) pudiera tener alguna relación con la intromisión de la madre en el territorio de la adolescente, bien sea a causa de su conducta solicita o bien a causa de la propias directrices educacionales: la madre puede invadir el territorio lábil del psiquismo prepúber que puede terminar por fomentar la aparición de la anorexia. Sin embargo las cosas no son así de sencillas en los humanos.
¿Cómo explicar el miedo a engordar?, un temor difícil de explicar desde la teoría evolutiva pero un síntoma común que atraviesa de parte a parte a nuestros conciudadanos y sobre todo a esas mujeres que conocemos con el nombre de anoréxicas.
Como es sabido la anoréxica no es simplemente una mujer que ha perdido el apetito, es sobre todo una mujer que rechaza el peso que le correspondería por su talla y edad. Este rechazo no siempre esconde una distorsión del esquema corporal o una total falta de sentido común respecto a la perdida de salud. Naturalmente tampoco es una forma sutil de suicidio. Pero entonces qué es la anorexia? ¿Qué puede aportar la psicopatología evolutiva?
Para explicar mejor mi opinión sobre este aspecto listaré a continuación algunas verdades irrefutables sobre la anorexia e intentaré más tarde construir su matriz de significados.
1.- La anorexia afecta sobre todo a jóvenes postpuberales
2.- La anorexia es un estado de inanición electivo
3.- La anorexia se solapa con infertilidad
4.- La anoréxica da mucha importancia a la imagen, a la belleza y a los rendimientos.
5.- La anorexia es una condición de autosacrificio.
6.- La anoréxica conserva su capacidad de cuidar de otros.
7.- Existe un horror fóbico a ganar peso.
Estas siete verdades generales nos dan algunas pistas sobre posibles procedencias genéticas y también sobre el origen ambiental de la dolencia. Podríamos afirmar que los genes implicados tendrían que ver con la inanición, el miedo, la competitividad y el altruismo alimentario, además podemos – siguiendo nuestra labor detectivesca – asegurar que es una enfermedad de mujeres (predominantemente) y también podemos involucrar a los memes relacionados con la belleza física, el miedo sanitario a la obesidad, la mitología del rendimiento y del éxito. y la ganancia de control, poder o predictibilidad sobre la conducta ajena
Eva mitocondrial
Cuando estudiaba Histologia se nos decía que la mitocondria era un orgánulo, una estructura de la célula que habitaba en el citoplasma. Ya se sabía que la mitocondria era una especie de estación de producción de energia y que utilizaba un combustible fosforilado. Lo que entonces no se sabía era que la mitocondria tiene su propio material genético y que es bastante distinto al material genético que alberga el nucleo celular.
El ADN mitocondrial sólo alberga el material que heredamos de nuestra madre mientras que el ADN nuclear es una combinación de material genético heredado a partes iguales de nuestra madre y nuestro padre.
Dice el Génesis que nuestra primera madre era Eva y ahora resulta que los genetistas le han dado la razón, todos procedemos de una primera hembra (no necesariamente humana) que vivió en Africa hace unos 150.000 años. Y lo saben porque se puede rastrear de hija a madre este material genético al que además se le puede poner “tiempo” a partir de las mutaciones encontradas. Asi se ha sabido que toda la población mundial podría haber partido de un ancestro común al que llamamos la Eva mitocondrial. De manera que hay que tomarse muy en serio a los mitos sobre el origen y tambien a las teorias que hablan de un origen común africano de la especie humana y su diseminación posterior a través de migraciones.
Del mismo modo que se puede rastrear los linajes matrilineales a través del material genetico mitocondrial podemos tambien rastrear los linajes patrilineales a través del cromosoma Y Ya se ha hecho y ha dado un resultado asombroso:
Nuestro primer padre, Adán no convivió con Eva y por tanto no procedemos de esa pareja, porque Adan vivió hace solo 75000 años.
La pregunta que nos viene a la cabeza entonces es ésta ¿Con quién se reprodujeron las hembras durante esos 75000 años?
Una posibilidad es que esas hembras no se reprodujeran sexualmente algo improbable en un vivíparo protohominido y la segunda posibilidad es que el compañero de la Eva mitocondrial aun siendo un macho no fuera exactamente humano, es decir no hubiera alcanzado el grado genético evolutivo del Sapiens al menos en lo que respecta al cromosma Y. Lo que viene a decir que la hembra prehumana ancestral ya había alcanzado hace 150.000 años una madurez genética similar a las de las mujeres actuales (Sapiens) mientras que los machos tardarían aun otros 75000 años en “inventar” un cromosoma Y diferenciado morfologicamente del X.
Los machos humanos, son pues bastante recientes si los comparamos con nuestras hembras antecesoras. Al parecer los machos (tal y como los conocemos hoy) comenzaron a existir a partir de ese invento de un cromosoma sexual, el cromosma Y que evolucionó a partir de un cromosoma X. El Génesis se equivocó en eso: Eva no procede de una costilla de Adán sino que es Adán el que procede de una costilla de Eva. Adán es una diferenciación inventada para una mejor recombinación y un mejor barajado del material genético: el macho es una hembra plus. Una hembra plus que es además muy vulnerable porque ese pequeño cromosoma Y que contiene precisamente los genes que regulan el crecimiento testicular y que determina el sexo del feto parece que puede estar en extinción según cuenta Brian Sykes en su teoria del cromosoma extrapolado y de las siete Evas mitocondriales.
Lo que es seguro si seguimos el rastro de los mitos es que los linajes matrilineales y el culto por las deidades femeninas es miles de años más antigua que el invento del patriarcado y de los dioses masculinos y si hacemos caso de lo que nos cuentan los mitos junto con lo que sabemos de genética podemos comenzar a plantearnos si la evolución no habrá diseñado para el futuro una forma alternativa de reproducción que se encuentra en estos momentos latente pero presta a activarse en cuando haga falta. Una reproducción que eluda ese “engendro lateral” que es el macho para la reproducción. Se trataria de una reproducción que evidentemente tendría algunas desventajas sobre la conocida: su principal desventaja sería la no recombinación genética y por tanto la disminución de la diversidad, el aumento de las enfermedades hereditarias y la disminución drástica de la población.
¿Pero sería esto una desventaja?
¿No habrá sucedido ya? (Vease la teoria de la catástrofe de Toba)
¿Puede tratarse de una estrategia evolutiva de regulación poblacional?
¿Podría la mujer reproducirse clónicamente a sí misma y dejar de “producir” machos?
O dicho de otra forma:
¿Podrá la evolución prescindir de los hombres?
La conciencia y sus lastres
El ser humano es el resultado de la evolución natural y es probablemente la única conciencia que existe en el cosmos, ocupando la cúspide de la pirámide evolutiva en cuanto a complejidad de su sistema nervioso. Un sistema nervioso que sin ser el más grande de todos los conocidos (el delfín por ejemplo tiene un coeficiente de encefalización superior al del hombre) es el que mayores prestaciones puede desarrollar en la escala animal: todo parece indicar que la evolución tuvo que inventar sobre la marcha algún mecanismo que impidiera que el cerebro del hombre siguiera creciendo, algo que tuvo que pactar con las caderas de las hembras humanas que no podían seguir creciendo indefinidamente sin resultar un fardo inmanejable.
Una de las características sino la más importante de esta complejidad cerebral es la existencia de conciencia, es decir la capacidad recursiva de la mente, “saber que se sabe”, algo que los demás animales no poseen, aunque todos los sistemas nerviosos, aun los más primitivos tengan a su vez una mente. De manera que lo primero que hay que definir es ¿qué es la mente?. La definición que más me gusta de todas las que he leído se debe a Foley (2000). Para este autor la mente es un simulador de acciones. Y entre las simulaciones más importantes desde el punto de vista adaptativo del ser humano es evidente que averiguar lo que está pasando en la mente de otra persona es igualmente muy adaptativo sobre todo si se trata de un enemigo o un adversario. En el sentido de Foley la mente es un anticipador, un generador de expectativas. Los entes que poseen mentes, pues, son capaces de simular, representar, reproducir y dirigir un proyecto hacia el futuro, un proyecto intencional (Citado por V. Simón 2005 en Sanjuan ).
El hombre es pues , un arquitecto de símbolos, un ser tan inteligente que a veces puede enfermar de éxito. En efecto gran parte de los sufrimientos mentales se deben o son consecuencia de esta enorme capacidad para clasificar, planear, anticipar, engañar y autoengañarse con respecto a la realidad, si conciencia y realidad son inseparables es posible afirmar que después de todo el hombre puede transformar, modificar o inventar una realidad ilusoria a partir de las operaciones de su propia conciencia, algo que esta vedado al resto de los animales por lo siguiente:
- · Ningún animal sabe que tiene una mente, y por supuesto ignora que sus congéneres también la tienen. Para un animal macho el prójimo se limita a dos posibilidades: o es una hembra o es un intruso. Si no se enfrenta con ellos es porque sabe que sus congéneres tienen cierta tendencia a devolver los golpes. Ningún animal tiene una teoría sobre la mente (ToM) y por supuesto carece de metacognición.
- · Ningún animal sabe que es finito y que morirá, es incapaz de anticipar su propia muerte por lo que el suicidio animal es una extrapolación de lo que sucede en humanos. Algunos animales en un entorno de desesperación puede parecer que se suicidan cuando solo están tratando de huir alocadamente. Para suicidarse hace falta ser capaz de anticipar cognitivamente la propia muerte, algo que sólo podemos hacer los humanos.
- · Ningún animal aprende lo suficiente como para burlar o enfrentarse a su propio instinto. Ningún aprendizaje hará que una hembra cohabite con un macho fuera del estro o que se emborrache con alcohol, un potente aversivo instintivo en toda la escala animal. Dicho de otra manera la capacidad de aprendizaje es inversamente proporcional a la fortaleza del instinto.
En el hombre, esta capacidad de anticipación le confiere enormes ventajas con respecto a los animales, prever por donde pasarán, que harán y predecir las respuestas de sus presas, es sin duda una ventaja para el cazador-recolector pero también tiene un alto coste: para empezar puede disparar aquellos mecanismo de alarma preformados (lucha-huida) en los animales a partir de errores del procesamiento de la información. Por último esta capacidad va asociada a la creación o invención de peligros que nunca existieron. Hasta tal punto esto es cierto que en los humanos se nos ha hecho necesario crear una palabra nueva que sea distinta al miedo o pánico que presentan los animales y que propicia una reacción de lucha o huida. En los humanos hablamos de ansiedad, algo mucho más elaborado que el miedo y que no siempre se zanja con huir o luchar porque siempre se da en situaciones donde no hay depredador alguno. Podemos decir que la ansiedad es una señal de alarma ancestral que se activa a partir de errores en el reconocimiento de alguna amenaza interna o externa por parte del sujeto. Esta amenaza puede resumirse en una palabra: la ansiedad se produce cuando el sujeto percibe que están en peligro sus fuentes o entornos de seguridad, algo absolutamente abstracto pero que seguramente engloba a todos los peligros percibidos por un humano, incluyendo los imaginarios.
Sin embargo hay que hacer notar que esta capacidad de abstracción ha sido muy ventajosa para los humanos y por eso ha sufrido una selección positiva en nuestro código genético. La primera ventaja que se ha señalado con respecto a ella es la de anticiparse a las fieras que compartían con nuestros ancestros un mismo nicho ecológico, pero la segunda y más importante aun es la capacidad de discriminar a la propia fiera de su representación: así un día un homínido al encontrarse con la huella de un leopardo en el suelo y discriminar que “la huella no es el leopardo” pudo aprender a inhibir la reacción hormonal de alarma, lo que le dio un poder suplementario sobre la fiera, mucho mayor cuando aprendió a dibujarla en sus cuevas como una manera mágica de invocarla para nuevas cacerías o para exorcizar el temor que le producían.
Casi todas las enfermedades mentales son características de la especie humana, y de la capacidad recursiva y simbolizadora de la mente humana, así la ansiedad es una alarma que salta cuando no debiera, el TOC (trastorno obsesivo-compulsivo) supone hacerse un lío con las propias ideas y la paranoia, un defecto de la teoría de la mente acerca de las intenciones de los demás, pero algunas de ellas, como la esquizofrenia, se relacionan seguramente con la propia hominización- y la aparición del lenguaje.
Que el lenguaje supuso un hito en la hominización, no cabe duda alguna, aunque surgió como señalización y esta función ya se encuentra presente en muchos animales, la complejidad que adquirió el lenguaje en los humanos se debió probablemente a una mutación tan antigua como data el precursor de los linajes del hombre y el chimpancé. Esta mutación genética está vinculada a dos clases de hechos: la lateralización hemisférica y el crecimiento y señalización de un camino en el citoesqueleto de la glia que informe hacia donde tienen que crecer determinadas neuronas piramidales hasta encontrar la corteza cerebral. Ambos caminos están llenos de obstáculos y son probablemente la causa de disturbios o enfermedades genéticas, entre otras, de la propia esquizofrenia (el lector interesado puede consultar el articulo. “El extraño caso del Sr Broca”).
En la esquizofrenia hemos observado que los acontecimientos vitales son a menudo banales. Cualquier exigencia del ambiente puede desencadenar un episodio en una persona vulnerable a esta enfermedad. Aunque determinadas condiciones como el uso o abuso de drogas puedan estar relacionadas con ella, el modelo genética-ambiente parece venirse abajo con la esquizofrenia dado que lo que parece es que cualquier evento irrelevante puede desencadenar un episodio. Los estudios, una decepción sentimental, el embarazo no deseado o la critica de los padres a un proyecto determinado puede hacer aparecer un episodio, no hace falta buscar eventos traumáticos o relevantes entre los antecedentes de los esquizofrénicos. Lo único que sabemos es que la ciudad parece sentar mal a los preesquizofrénicos y que ser hombre y soltero son variables de mal pronóstico pero probablemente porque interfiere en los planes reproductivos o en la simple cooperación de una pareja, en este sentido el mal pronóstico de los esquizofrénicos parece depender de su estado civil y de su incapacidad para conservar sus apoyos sociales o sus redes simbólicas. La razón última de este mal pronóstico es genética, probablemente la esquizofrenia está causada por un grupo de genes que tienen relación con el proceso de hominización, el tamaño del cerebro, la expresión plástica de algunos factores neutróficos sin descartar que tengan alguna influencia otros genes comunes a otras enfermedades como determinados polimorfismo en el 5-HTT o en los genes que regulan la expresión de la dopamina como el COMT.
LO TRAUMÁTICO
Debemos a Freud la primera conceptualización acerca de que los acontecimientos de la infancia pueden causar disturbios emocionales en los adultos. Aunque en un principio Freud generalizó el antecedente frecuente o usual del traumatismo infantil a la etiología común de las neurosis, más tarde rectificó ante su optimismo inicial. No es extraño que Freud fuera victima de un espejismo clínico dado que lo que veía en su consulta privada no eran otra cosa sino trastornos histéricos de jovencitas abusadas de una forma u otra por sus familiares. El antecedente de abuso sexual era común en la época de Freud y es aún una lacra que parece no tener fin. Hoy es posible afirmar que cerca del 12 % de la población general ha sufrido abusos sexuales por parte de algún adulto durante su infancia y si esta muestra se extendiera a los pacientes psiquiátricos su numero se incrementaría.
Usualmente se define lo traumático como aquel acontecimiento pasado o reciente, que es catastrófico, es decir que por si mismo causaría síntomas psiquiátricos a una mayoría de personas. Una catástrofe natural, un atentado terrorista, el presenciar un crimen, ser atacado con confrontación armada por parte de un agresor, una violación, un accidente con varios muertos en la propia familia son ejemplos de traumatismo catastrófico, y se supone que todas las personas que han tenido esta experiencia sufrirán algún trastorno mental, usualmente el que conocemos como trastorno por estrés postraumático (TEPT) con independencia de su genotipo. Contrariamente pues al caso de la esquizofrenia, estamos frente a una enfermedad que inevitablemente se producirá con independencia de nuestro patrimonio genético. Por supuesto no es estrés postraumático, el que a uno se le muera el loro, la proximidad de la navidad, el no aprobar unas oposiciones o cualquier otra adversidad de la vida. No quiero decir con eso que estas contrariedades no puedan causar síntomas psíquicos, quiero decir que no son en ningún caso un TEPT. Tampoco son TEPT actual las cosas que nos pasaron de pequeños, si una adulta sufrió abusos sexuales y luego siguió adelante aparentemente sin dejar ninguna secuela, se tratará de un antecedente a valorar pero no es un TEPT.
Los abusos infantiles se han relacionado con un sin fin de condiciones clínicas en el adulto, hoy sabemos que al menos en dos circunstancias aquellos abusos pueden tomar una determinada forma clínica, me refiero al caso de la bulimia y al caso del trastorno limite de la personalidad (TLP). Ambas condiciones clínicas se encuentran además emparentadas por relaciones de comorbilidad: cerca del 40% de bulímicas presentan un trastorno limite de personalidad u otro del cluster B. Algunos autores consideran al TLP como una forma menor de TEPT y a la bulimia como un epifenómeno de la impulsividad que puede explicarse mejor como más tarde veremos a partir de los gatillos dopaminérgicos (un aprendizaje mórbido). Si a esto unimos que gran parte de las bulímicas tienen antecedentes de alcoholismo en su familia (usualmente el padre) y además tienen el antecedente de haber sufrido abusos por parte de un adulto, tenemos servido el cóctel que hace indistingibles los tres diagnósticos al menos desde el punto de vista del fenotipo recortado. Nuestra opinión actual es que los tres síndromes se encuentran emparentados de alguna manera y mi opinión personal es que se encuentran relacionados otra vez a partir de la serotonina, aun sin descartar otros mecanismo implicados, entre ellos el aprendizaje.
Se conocen veinte receptores para la serotonina, cada uno de ellos con una función especifica en el organismo humano, aunque los más importantes son el 5-HTT1A y el 5-HTT2A y sabemos además que los fármacos antieméticos (Primperan, Motilium, Ondasetron) son antagonistas de la dopamina y la serotonina y más concretamente del receptor 5-HTT3, y además sabemos también que estos receptores están relacionados con los síntomas negativos de la esquizofrenia y que acompañan a los D2 en toda la vía dopaminérgica mesolímbica y que los 5-HTT2A inhiben el efecto del antagonismo D2 . Pero sabemos además otras cosas muy interesantes, me refiero al efecto de los psicodislépticos sobre el cerebro. A raíz de las experiencias con LSD Hoffman y otros autores se dieron cuenta de que a pesar de que un primer momento se intentó basar el estudio de la esquizofrenia en esta psicosis experimental, los cuadros psicóticos inducidos por LSD eran bastante diferentes a los cuadros psicóticos esquizofrénicos espontáneos, se diferenciaban clínicamente de forma significativa: por ejemplo producían alucinaciones visuales en lugar de auditivas, podían producir visiones extáticas, de contenido agradable, al revés de la esquizofrenia cuyos contenidos son siempre amenazantes o terroríficos. Su efecto se perdía al cabo de unas horas, mientras que un episodio esquizofrénico, aun el más leve se mantiene algunas semanas. Además provocan sinestesias, un curioso síntoma que consiste en que un estimulo es percibido por un receptor especializado en otra función, por ejemplo un sonido es percibido como color, y un aroma, como táctil. Además producen una extraña secuela muy común en el TEPT, me refiero a los flashbacks, una especie de reminiscencias de contenidos vividos que no han sido adecuadamente digeridos, hoy diríamos, material traumático, lo que vuelve es siempre algo relacionado con lo traumático, incluso en sueños. Desde el punto de vista psicopatológico el cuadro provocado por la LSD es un síndrome delirante alucinatorio o dicho en terminología francesa un estado onírico, similar al de los sueños, algo muy parecido a lo que sucede en el shock provocado por un TEPT reciente o por una descompensación a largo plazo dentro de la evolución del TEPT.
Dicho de otro modo, existe una relación entre los sueños y su función reguladora, los antecedentes traumáticos, el TEPT, el trastorno limite de la personalidad y la intoxicación por LSD (y otras drogas similares) Su mecanismo de acción parece estar relacionada con la presencia y sobrecarga de serotonina en las sinapsis mesolímbicas y uno de los receptores implicados en esta sintomatología parece el 5-HTT2A. La consecuencia inmediata que se deriva de ello es que probablemente lo traumático sea procesado como sueños que no pudieron ser soñados.
Hoy sabemos que tanto el abuso sexual en la infancia como el abuso físico, y el maltrato causan problemas psiquiátricos en los adultos y estamos cerca de considerar incluso que la repetición constante de estos acontecimientos puede a largo plazo resultar tan perturbador como el estrés catastrófico propiamente dicho. Algunos autores se cuestionan si el TEPT puede ser diferido en el tiempo, pero todos estamos convencidos de que existe un mecanismo común entre las entidades que anteriormente cité y la función fisiológica del sueño. También estamos persuadidos de que determinados acontecimientos vitales sucedidos en la infancia quedan grabados de una manera definitiva en el cerebro y se muestran resistentes a la extinción.
Maldita serotonina
Hace ya años que conocemos el gen 5-HTT que codifica la proteína que transporta la serotonina, algo así como un camión de la basura que se dedica a limpiar las sinapsis de restos de serotonina y a volverla a llevar al origen (la célula presináptica) a fin de volverla a utilizar, un poco lo mismo que hacemos con los residuos: no los tiramos a la basura sino a contenedores para volverlos a reciclar, a eso se dedica nuestro transportador de la serotonina. El problema es que no todas las personas tenemos un transportador con las mismas prestaciones y aunque los humanos tenemos múltiples versiones del mismo camión, por supuesto más versiones que los invertebrados algunos de estos camiones no pasarían una ITV anual.
Para entender mejor cual es la función de la serotonina en el cerebro, imagínense ustedes una orquesta sin cuerda. ¿Como sonaría una orquesta sin cuerda? Pues muy metálica, brillante o estridente, ideal para escuchar temas musicales épicos o fortísimos pero nada románticos. La cuerda en una orquesta es la que introduce matices, sutilidades. La razón es que la cuerda está compuesta por instrumentos donde la pulsación directa sobre la misma permite versatilizar el sonido, que así puede fluctuar desde el pianísimo hasta el fortísimo, mientras que un trombón es muy difícil de manejar en determinados registros que incluyan suavidad o dulzura, aunque es ideal para hacer llamadas patrióticas. La serotonina es pues un neurotransmisor modulador, como la cuerda de un orquesta, introduce matices en nuestra conducta a veces sutiles. A más serotonina disponible mejor dormiremos, comeremos, haremos el amor y más reflexionaremos sobre nuestra conducta antes de hacer algo. Por eso decimos que la serotonina es un neurotransmisor implicado en el sueño, la conducta alimentaria, la conducta sexual y la impulsividad, pero no sólo en ellos (ni es todo en ellos) como veremos más abajo.
Naturalmente la calidad del transportador (del camión de la basura) influye en la cantidad de serotonina circulante. Imagínense ustedes una ciudad sin servicio de basura ¿qué sucedería? Pues que la basura se acumularía por las calles, no se podría reciclar nada, lo que redundaría en una mayor suciedad, pero en una mayor circulación de desperdicios. Eso sucede precisamente en las sinapsis, si el transportador de serotonina no cumple con la misión de reciclar la sobrante, si está en paro, lo que sucede es que hay más serotonina disponible en las sinapsis lo que aumenta el pulso serotoninérgico. De manera que este pulso no depende tanto del triptófano que se consuma (el aminoácido precursor de la serotonina) sino del estado de este camión de reciclaje que llamamos trasportador de la serotonina.
Precisamente los antidepresivos ISRS, lo que hacen es bloquear este transportador, es decir detener el reflujo de serotonina a la presinapsis y por tanto aumentar el tiempo en que la serotonina se encuentra disponible para excitar a la célula postsináptica. De ahí su efecto antidepresivo y lo que va más allá de eso, algo de lo que hablaré a continuación
De todos los polimorfismos humanos del gen 5-HTT uno de ellos se ha identificado como interesante desde el punto de vista psiquiátrico, se trata del conocido como HTTPLR al que se le atribuyen una serie de desgracias para sus portadores, pero ya verán como no hay mal que por bien no venga. Se trata de un polimorfismo que ya se encuentra entre los simios, como el chimpancé o el macacus rhesus, es en ellos donde se ha investigado el efecto que este gen tiene en su interacción con el medio ambiente y de esos experimentos proceden nuestras evidencias acerca de su protagonismo en algunas enfermedades psiquiátricas y también en la mecánica íntima que regula las leyes entre genética y ambiente.
Este gen posee dos alelos uno largo (l) y uno corto (s), parece ser que los homozigóticos (ss) son los más perjudicados por la herencia (como siempre sucede con los individuos homozigóticos) siendo el portador de dos alelos largos (ll) el que parece ser más resistente al estrés.
A QUÉ LLAMAMOS ESTRÉS
Naturalmente que es imposible reproducir una enfermedad psiquiátrica humana en un mono, de la misma manera en que tampoco sabríamos cómo hacer para provocar experimentalmente (si éticamente fuera permisible) una enfermedad mental en un ser humano. No existen monos alcohólicos o suicidas, ni monos depresivos, pero para el estudio de los psicofármacos lo que se hace es acudir a un modelo animal, un modelo conductual. El modelo más utilizado es el modelo de separación de la madre. Consiste en agrupar a los animales a partir de su secuencia genética, y hacer grupos, uno serian heterozigóticos para el polimorfismo HTTPLR (ls), otro grupo serían los homozigóticos (ll) y (ss). La separación precoz de la madre, es para un mamífero una fuente de estrés, de tal envergadura que en condiciones naturales ninguna de esas crías sobreviviría por si sola, se trata de una amenaza muy seria para la supervivencia. En condiciones de laboratorio, los animales separados de la madre siguen siendo alimentados por sus cuidadores, por lo que la observación que se hace es el efecto de la propia separación, y no tanto la amenaza de falta de alimento. Se sabe que los monos separados de la madre son más vulnerables a un sin fin de circunstancias tanto clínicas como sociales. Por ejemplo se sabe que tienen más infecciones respiratorias, que adquieren de adultos un menor rango social, que tienen una mayor propensión a los accidentes y que son más ariscos, menos sociales y más impulsivos. Son mucho menos afiliativos que el resto de sus congéneres y entran y salen del clan para volverse a escindir del mismo sin motivo alguno. Por ultimo tienen un menor éxito reproductivo. Pero ¿qué sucede con los monos según su genotipo, ¿influye en algo tener un alelo corto o largo de este gen del trasportador de serotonina?
Lo sorprendente de las investigaciones del grupo de Lesch (Lesch et alt 1997) es que, efectivamente, los homozigóticos para el alelo corto (ss) tienen todas las de perder si además de ser portadores de estas dos copias han sufrido la deprivación materna. Pero los tres grupos parecen comportarse de adultos igual (sin diferencias significativas) si han tenido los cuidados de la madre. Dicho de otra forma: el ser portador de este genotipo sólo llevará a una “enfermedad simiesca” en el caso de que -además- se de la circunstancia de la separación de la madre. Siguiendo adelante con estos interesantes experimentos y habiendo identificado ya a este grupo de monos portadores del genotipo ss y que además han sido deprivados maternalmente. ¿Qué sucedería con ellos si les tratamos con ISRS, es decir con inhibidores de la recaptación de serotonina como el Prozac?
Pues ahora viene lo más sorprendente: los monos tratados con ISRS, aumentan su resistencia a las enfermedades respiratorias, escalan más rápidamente en su entorno social, se hacen más afiliativos, recuperan la fertilidad común entre su especie y se hacen más tranquilos y sosegados, a pesar de haber sufrido la deprivación materna y ser portadores del genotipo equivocado.
Hasta aquí el dato, pero ¿cual es su interpretación? y sobre todo ¿qué equivalencias podemos hacer desde la conducta del mono hasta la de las personas?
Una interpretación que puede hacerse es que los ISRS no son realmente antidepresivos sino que son fármacos que de alguna manera reducen la vulnerabilidad al estrés de una manera genérica, al provocar una mayor disponibilidad de serotonina en las sinapsis. Su mecanismo de acción no estaría tanto ligado al síntoma “depresión” sino a un constructo intermedio (endofenotipo) común para varias enfermedades psiquiátricas y distintas condiciones clínicas desde la ansiedad hasta el alcoholismo y pasando por la búsqueda de novedades o la afición a los deportes de riesgo.
En los humanos la palabra estrés -como es natural- es mucho más equívoca que en las situaciones experimentales y mucho más desde que esta palabra ha pasado a formar parte del lenguaje común. En la crianza humana es muy difícil incluir el constructo “separación de la madre”, porque si un bebe pierde a su madre (por ejemplo durante el parto) siempre habrá alguien que se ocupe de él, no sólo para alimentarlo (que es algo secundario y puede realizar una institución) sino para quererlo, hablarle y acariciarlo (que es algo fundamental y que sólo puede hacer otro humano interesado) En los humanos los estresores en la crianza son más sutiles aunque también tenemos cierta experiencia acumulada sobre niños que han sido criados en ambientes deprivados como en orfanatos, en ellos hemos observado ciertas secuencias que permiten predecir serios trastornos mentales si no se restauran determinados aprendizajes antes de que la “ventana plástica” se cierre definitivamente (el lector interesado en estas experiencias puede leer el libro de Spitz, “El primer año de vida del niño” donde el autor narra sus experiencias como psiquiatra de un orfanato después de la segunda guerra mundial y el descubrimiento de la importancia del afecto personalizado, la predictibilidad, y la confianza durante el primer año de la vida de un niño).
En los humanos, gobernados por la subjetividad es muy difícil establecer, -fuera de las condiciones extremas- qué es y qué no es estrés. Los acontecimientos vitales que más se han relacionado con las enfermedades mentales han sido seguramente la perdida de la madre (no tanto la separación, sino la pérdida por muerte o ausencia permanente) antes de los 11 años de edad y los acontecimientos desastrosos como violaciones, abusos sexuales durante la infancia o violencia familiar siempre que estos acontecimientos sean reiterados y la expectativa común en la familia, un suceso puntual no puede considerarse estrés objetivamente. Naturalmente, existen versiones menores de estos sucesos, por ejemplo la negligencia en la crianza, la sobreprotección o la parentización (el obligar a un niño a desempeñar un papel que no le corresponde por maduración o edad). Como puede observarse cuanto más nos alejamos del modelo primitivo de los monos de Lesch, más difícil nos resulta definir qué es y qué no es estrés, que es lo mismo que admitir la dificultad para establecer grupos homogéneos entre poblaciones de pacientes psiquiátricos. Nuestra convicción es que cuanto más intelectualizada o elaborada esté una teoría respecto al sufrimiento humano mayor margen de error tendremos a la hora de adjudicar valor a determinados síntomas. Sucede con los acontecimientos vitales y sucede también con los diagnósticos.
Alguien puede llegar a pensar que cuando dos individuos reciben un mismo diagnóstico: por ejemplo esquizofrenia, es porque comparten una neurobiología común. Este punto de vista es falso, el diagnóstico de esquizofrenia, por más fiable que sea, no agrupa casi nunca a sujetos con una misma neurobiología. Dos anoréxicas, dos alcohólicos o dos obsesivo-compulsivos sólo comparten una etiqueta (y también un grupo de marcadores fisiopatológicos), es decir una misma conceptualización tanto intelectual como fisiopatológica de su malestar, pero no nos permite suponer que compartan un mismo genoma, ni siquiera un mismo endofenotipo. El síndrome se encuentra demasiado alejado del genotipo como para ser considerado un producto relacionado con aquel en un sólo paso. Si el diagnóstico nos lleva casi siempre al error ¿qué será con los acontecimientos vitales que casi siempre están teñidos de subjetividad o desteñidos por el olvido?
Algunos autores como San Juan (San Juan 2005) proponen que nos olvidemos ya de los síndromes y comencemos a interesarnos de nuevo por los síntomas aislados. Para San Juan el síntoma (determinados síntomas) está representando el fenotipo recortado, es decir solo desde él (desde arriba) podremos recorrer el camino hasta abajo (el genotipo propiamente dicho). En este sentido este autor propone por ejemplo que dejemos de hablar de síndromes y mucho más de categorías para centrar nuestra atención hacia síntomas con valor neurobiológico como por ejemplo las alucinaciones auditivas en el caso de la esquizofrenia. Es posible esperar que solo aquellos individuos que compartan este fenotipo recortado tengan algo en común en sus genes. Y sólo después de saber qué genes están implicados en una enfermedad concreta podremos recorrer el camino al revés (de abajo a arriba) y ver qué acontecimientos vitales tienen interés desde el punto de vista psiquiátrico.
Con todo es muy posible que el conocimiento de esos genes no derive linealmente en un mejor conocimiento de lo mental. No sólo porque genotipo y fenotipo están muy alejados entre sí sino porque lo mental (la experiencia psíquica) es probablemente irreductible a una fórmula neuroquimica.
El porvenir es largo
Althusser ha pasado a la historia de las ideas por haber intentado aplicar el estructuralismo a la filosofía y haber teorizado desde el punto de vista marxista sobre la economía del mismo modo que Levy-Strauss hizo con la antropología al hallar la “estructura comun” a todas las culturas y que identificó con la prohibición del incesto.
Lo que poca gente sabe de este pensador es que era un paranoico que asesinó a su mujer y que escribió un libro “El porvenir es largo“, un curioso alegato a favor de su responsabilidad en el crimen. Efectivamente se trata de un hecho insólito que un criminal se niegue a que el juez considerara su locura como un eximente de su delito porque para Althusser el asesinato de su esposa debía de ser castigado con independencia de su “paranoia” en la que naturalmente no creía.
Henrik Stangerup escribió una novela que parece calcada de esta historia real de Althusser. La novela transcurre en un futuro próximo. En ella un hombre mata después de una discusión a su esposa. El Estado del bienestar de aquella sociedad “perfecta” no puede tolerar que en su seno existan crímenes por lo que se dedicará a intentar convencer al asesino de que el crimen fue en realidad un accidente. Las instituciones psiquiátricas, de bienestar social y sociosanitarias omnipresentes y con ciertas funciones policíacas intervienen para intentar convencer al tipo que está loco cuando en realidad no es más que un crimen doméstico como los que ahora se cometen a diario. Pero el estado no puede aceptar ese malestar en su seno y le aplicarán todo el peso de la “ciencia” para convencerle de su “error”. Naturalmente el héroe no capitula y termina sus dias en un manicomio. Lo mismo le sucedió a Althusser, más allá de que estuviera o no loco, su alegato acerca de la responsabilidad del hombre en todos los casos merece hoy ser rescatada y reivindicada por todos aquellos que creemos en la libertad. El crimen no está en la enfermedad mental porque pertenece a un tipo de patologia ética que nada tiene que ver con lo mental. Lo que hace asesino a un paranoico no es su paranoia, será por eso que la mayor parte de los paranoicos aunque deliren no asesinan a nadie.
Hoy precisamente ha saltado a la prensa esta noticia: una sentencia sobre un hombre probablemente esquizofrénico que atentó contra la vida de una persona al azar precipitándola a la vias del metro en Madrid.
Los jueces han aplicado el manual y le han “condenado” a 11 años en una institución psiquiátrica. Esta sentencia merece al menos dos comentarios:
- No existen instituciones psiquiátricas cerradas por lo que este hombre tendrá que compartir -con el resto de pacientes psiquiátricos- un entorno normalizado y abierto donde se supone que seguirá un tratamiento. Si es un enfermo y debe seguir tratamiento, ¿qué sentido tiene la condena de 11 años?¿Es que el médico que le trate sólo tiene 11 años para curarlo? ¿Será suficiente ese tiempo o excesivo?
- La sentencia parece decirle al enfermo “no fue usted sino su locura la que cometió el crimen”. Este tipo de leyendas son peores que la propia enfermedad porque al irresponsabilizar al paciente se le aliena aun más sobre su propia subjetividad.
El castigo de cárcel es mucho más benéfico para los pacientes mentales graves que las condenas en esos lugares que llamamos manicomios, de manera que si aseguráramos que en las cárceles esos pacientes fueran a recibir tratamiento (cosa que no sucede) estariamos en condiciones de afirmar que el loco delincuente debe de cumplir su pena de reparación en el mismo lugar que el resto de ciudadanos que delinquen. Nadie puede rectificar o reparar una conducta si antes no la ha incorporado o asumido como propia. El loco debe saber que fue él y no otra persona quien precipitó a aquella mujer a las vias del tren, es verdad que el motivo fue absolutamente enajenado pero asi y todo es su responsabilidad y por eso se le debe condenar y no absolver de la pena permutándola por el tratamiento psiquiátrico.
Es imposible curar a una persona que no se hace responsable de sus actos y mucho menos cuando esta irresponsabilidad nos viene por sentencia. Althusser lo sabía y por eso peleó toda su vida por el derecho a ser culpable.
Sólo los sujetos pueden ser culpables.
Por el contrario la no imputabilidad nos sustrae de nuestra condición de sujetos y nos aliena de por vida sin posibilidad de redención.

