Contra Darwin

Octubre 28, 2007 at 7:01 pm (evolución, politica, psicoanalisis, psicofarmacos, psiquiatría, religión, sociedad)

Antes de Darwin fue Copérnico y sobre todo Galileo Galilei los que se enfrentaron al prejuicio generalizado de que era la Tierra la que giraba alrededor del sol o de que la Tierra era plana, fueron declarados apóstatas, herejes, masacrados por los poderes fácticos de entonces. Pues la verdad no se abre paso a través de la ignorancia sino sobre todo a través del prejucicio, cuando no de un interés institucional: al poder medieval le interesaba que el universo fuera periférico y que la Tierra fuera el centro. Luego vino Darwin con la “teoria de la evolución” y más tarde Freud con su descubrimiento del inconsciente los que pusieron patas arriba el paradigma antropocéntrico de la naturaleza y el universo. Ahora tenemos otros ejemplos como los que defienden el “calentamiento global” y que son acusados por los politicos y las empresas contaminadoras de catastrofistas y de terroristas intelectuales.

Siempre es igual, la verdad es molesta y no siempre acaba imponiéndose al menos en el imaginario del público en general, asi y sólo asi podemos comprender la reactivación de las teorias creacionistas y que el darwinismo siga aun prohibido en algunas universidades de USA, por no hablar del psicoanálisis que sigue teniendo enemigos académicos en todo el mundo y a un sin fin de especialistas bien pagados dispuestos a demostrar que Freud en realidad era un obseso sexual, muy poco de fiar y menos digno de seguir y comprender.

Asi y todo estos exégetas de la creación o del conductismo feroz ahora ablandado por eso que ha venido en llamarse psicologia cognitivo-conductual, no han sido capaces de articular una nueva teoria que de cuenta de las verdades ocultas en la teoria psicoanalítica y que son tan intuitivas que cualquier persona detecta en sus semejantes sus signos elocuentes aunque no es tan fácil emplearlas en conocerse a si mismo: un mandato escrito en Delfos desde la antigüedad y que choca con muchos prejuicios bien instalados en la mentalidad del hombre actual demasiado ocupado en otros menesteres. La verdad ha caido en desgracia y el hombre individualmente hablando es el culpable que la mentira y la farsa dominen las expectativas racionales de la población, no es sólo el dinero y el poder quien tiene la culpa de los males del mundo sino tambien aquellos que persiguen esos bienes sin pararse a pensar ¿qué soy , quién soy , qué necesito?

El modelo bio-psico-social que propusiera Engel no ha pasado de ser una declaración de buenas intenciones, la investigación sigue el camino del dinero y hoy toda la investigación psiquiátrica está dedicada a encontrar nuevos fármacos de síntesis para el tratamiento de las psicosis y la depresión -un verdadero filón comercial-, por más que no sepamos aun ni una palabra de las mismas, entre otras cosas porque no hay un consenso universal y transcultural de qué cosa es una psicosis o una depresión.

Asi y todo las cosas parecen marchar y los discursos sobre la verdad pronto son acallados por los grandes lobbyes de la comunicación o por el poder de las universidades y de las prebendas en la investigación que privilegian unos conocimientos sobre otros y casi siempre en la dirección más organicista posible: aquella que promete un mayor beneficio.

Siempre hay quien acusa a la Iglesia católica de reaccionarismo ignorando por ejemplo que el Concilio Vaticano II ya dejó clara la postura de la Iglesia ante la evidencia de que el hombre y el mono habian tenido un antecesor común. Pero cuando la Iglesia cede ante una evidencia siempre habrá revisionistas, como Monseñor Léfevre que casi escinde la Iglesia francesa por un quitame allá una sotana o una misa en latín. Cuando quitas a un sacerdote aparecen tres o cuatro brujos, esa es una verdad usualmente ignorada por los “progres”.

Y si no me creen solo tienen que contemplar el video de este niño telepredicador que usa las técnicas de los politicos para impregnar de su “verdad” a un auditorio entregado y convencido de un prejuicio: Dios nos creó a su imagen y semejanza”, no hay pues evolución.

¡Y aun hay quien lo cree!

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La anorexia un replicante cultural

Octubre 22, 2007 at 12:11 pm (anorexia, antropologia, cerebro, evolución, genetica, medicina, mente, psicologia, psiquiatría, sexo)

La opulencia alimentaria es un fenómeno tan reciente y ubicuo que no nos puede hacer perder de vista que hasta hace recientemente poco tiempo las hambrunas consumían grandes partes de la población en nuestra hoy opulenta Europa. Es posible afirmar que el ser humano se ha enfrentado desde su origen como especie a las terribles consecuencias de la falta de alimento tanto por las condiciones climáticas adversas, como por la dificultad en acceder a los alimentos de un modo programado y previsible

Aun hoy el hambre es un azote para media humanidad y las enfermedades consuntivas que se derivan de ella la principal causa de muerte infantil tanto en Africa como en Sudamérica sin que hayamos sido capaces de articular estrategias globales para erradicar ese mal.

En un orden de cosas más novelesco es posible imaginarse al Homo Sapiens como un forrajeador constante en busca de frutas, vegetales, raíces, pequeños reptiles y huevos que debía andar varios kilómetros diarios para procurarse el alimento necesario para un solo día, para volver después a su base de operaciones. Eso suponiendo que nos lo imaginemos instalado en un campamento o abrigo permanente, cuestión que hoy se pone en cuestión debido precisamente a esa necesidad nomádica que probablemente le hacia alejarse cada vez más dejando atrás paisajes esquilmados por él mismo: una actitud que el hombre sólo pudo abandonar haciéndose sedentario bien entrada la historia reciente y con ella el nacimiento de la agricultura.

Las cacerías y la dieta carnívora fueron probablemente una excepción. Con o sin herramientas es difícil imaginarse un Sapiens cazador con la única arma de sus brazos, su resistencia para la carrera o sus trampas artesanales, con todo es posible imaginarse que puntualmente alguna bestia enferma o herida cayera en sus manos y con ella las proteínas necesarias para darse un festín o - en clave más actual - un atracón.

Más probablemente los humanos se iniciaron como especie carroñera y probablemente caníbal alternando con sus forrajeos, aunque ambas estrategias no resultaran evolutivamente estables y terminaran por extinguirse a favor de una dieta omnívora pero predominantemente vegetariana que compartieron tanto machos como hembras, aunque en este sentido no hace falta utilizar el verbo compartir en tanto que ese forrajeo necesario para la alimentación pudo ser individual y autónomo con la sóla excepción de la hembra y sus crías destetadas.

Las actividades a las que más tiempo debieron dedicar nuestros ancestros del paleolítico debieron ser la continua búsqueda para el consumo diarios de alimentos: una búsqueda que debió ir evolucionando desde ese forrajeo individual hacia otras formas de compartir alimentos cuando las estrategias de caza lograron ser mas eficaces sobre todo con la invención de las primitivas armas de sílex

Compartir debió representar algo así como especializarse en algo, una especialización que volveremos a retomar en el capitulo sobre la agresión pero que aquí conviene conocer de pasada porque representó un cambio en la organización social de la horda: si unos se dedicaban a la caza, otros debieron dedicarse a la magia para invocar a la buena suerte, otras debieron seguir dedicándose al forraje y otras al cuidado de las crías. Este reparto de tareas ha sido señalado por Fischer (Fischer 1984) como el resultado de la ganancia de intimidad entre la pareja humana y probablemente lo fue.

Alimentarse, como beber o aparearse no necesitan explicación, simplemente suceden, se trata de la emergencia de un instinto, lo que cambia en los humanos es la organización social que modela este instinto, pero no el instinto en . Aunque para ser exactos los instintos necesitan alguna explicación dado que estamos acostumbrados a pensarlos como un fin en si mismo, de un modo finalista: el instinto de alimentarse puede considerarse una pulsión autónoma, como sucede con los cuatro grandes (huir, aparearse, agresión) y toda pulsión precisa de un impulso. No hay pulsión sin impulso (Lorenz 1971) y en este caso, en el caso de la alimentación el impulso es el hambre. Sin embargo el hambre no es la causa de la alimentación, dado que en la misma participan aun otras pulsiones que nada tienen que ver con la alimentación, por ejemplo la sexualidad y el gregarismo (otra de las pulsiones menores del instinto). En este sentido el carácter actual con el que se contemplan los instintos es una especie de disociación entre propósito y causalidad: el propósito del hambre es satisfacerse pero la causa de la alimentación no es el hambre sino una malla intencional que entronca con otras fuentes del ánimo.

Aunque es igualmente eficaz de cara a la reproducción, no es lo mismo copular de espaldas que copular de cara mientras se observa a la pareja. La especie humana nunca hubiera podido evolucionar si no hubieran habido ciertos cambios en la vagina de la hembra humana. De no haberse producido un giro de 90º en el sentido de la anteversión ese tipo de copula nunca hubiera podido tener lugar y por tanto el apego y