De pederastas

Septiembre 24, 2007 at 7:23 pm (cerebro, justicia, medicina, psicoanalisis, psiquiatría, sociedad)

No estará de más empezar por una definición, la pederastia o paidofilia es una parafilia, es decir una enfermedad mental que afecta a la condición del deseo sexual en los que la padecen, condición que se circunscribe a una excitación sexual preferentemente obtenida en relación a los niños. Nótese que el termino parafilia es bastante confuso dado que la mayor parte de ellas son inocuas y sólo señalan la idiosincrasia de las preferencias sexuales de cada cual. En este sentido la mayor parte de las parafilias -si entendemos como parafilia a las actividades sexuales que no devienen en cópula- no son patologicas.

Otra cuestión a la que merece prestarse atención es la dimensión de goce de las parafilias, algo que contrasta con el resto de las enfermedades. En efecto, estamos acostumbrados a pensar la enfermedad como un tipo de sufrimiento ligado a la “infirmitas“, sin embargo tanto en las parafilias como en las toxicomanias estamos hablando no tanto de un sufrimiento vinculado a un síntoma sino a un goce idiosincrásico que además puede causar sufrimiento a otra persona. Es caracteristico de estas enfermedades del goce que el “sufriente” sea otro, usualmente alguien de la propia familia, algo que no impide que a la larga el paciente pueda terminar sufriendo a partir de ese goce concreto. No nos debe de extrañar pues cualquier goce llevado a su ultima consecuencia termina en la muerte.

De manera que las parafilias antes llamadas perversiones sexuales son una especie bastante curiosa si las comparamos con el resto de las enfermedades, al enfemo no le duele nada, no delira, ni presentan sintomas mentales de ninguna clase, solamente hay una inclinación que la mayor parte de las veces se mantiene en secreto acerca de una condición de goce, un goce que puede ser legitimo o ilegitimo, un goce que a veces viene sancionado por las leyes y otras veces no. Hasta hace poco tiempo la homosexualidad era perseguida por la ley y se consideraba un vicio, hoy ya ha pasado a convertirse en una actividad legitima aunque puede considerarse como una parafilia en tanto que supone un goce exclusivo e individual. Una parafilia inocua pero parafilia según la definición.

Otro error que suele cometerse con frecuencia es confundir pederastia con el crimen: no todos los pederastas son criminales y ni siquiera todos los pederastas pasan al acto sus fantasias que quedan sólo en eso, fantasias. Nadie podria acusar a Lewis Carroll de pederasta a pesar de su fascinación por Alicia, una inclinación que pudo sublimar escribiendo cuentos para niños. Tampoco sería justo decir que Oscar Wilde era un pervertido a pesar de que estuvo en la cárcel por sus amorios con el joven Arturo (menor de edad) aunque en Inglaterra en aquella epoca la homosexualidad estaba penada con la cárcel. ¿O qué decir de la novela más importante de los amoríos entre un adulto y una niña? me refiero a la novela Lolita de Vladimir Nabokov, una obra maestra de la literatura universal llevada al cine nada más y nada menos que por Kubrick. ¿Y qué decir de “Muerte en Venecia”, escrita por Thomas Mann y filmada por Visconti?

Si todos estos grandes hombres fueron pederastas hay que decir que en poco se parecen a esos otros pederastas que raptan niños o niñas o que incluso les asesinan.

Yo creo que ningun criminal es criminal por ser pederasta, hace falta otra cosa además de de la citada inclinación, hace falta una patología ética muy severa para pasar al acto criminal.

No se sabe si la pedofilia es un trastorno neurobiologico o si más bien tiene relación con las operaciones que el sujeto realiza para exorcizar su miedo a las mujeres adultas. Es posible que la escena originaria (haber presenciado cierto tipo de imágenes sexuales en la infancia) juegue algún papel en la génesis de esta preferencia, pero lo que es seguro es que la pederastia y ninguna parafilia en si misma es equivalente a una conducta criminal y que por otro lado el abordaje de estas patologias no puede hacerse del mismo modo que hacemos con las enfermedades comunes, no debemos olvidar que hay un goce implicado en la conducta y no un sufrimiento.

¿Alguien va al médico a contarle como se divierte?

Para todos aquellos que no recuerden el desenlace del cuento de Perrault conocido como “Caperucita Roja” recordaré que después de ser devorada por el lobo Caperucita es devuelta a la vida gracias a un benefactor leñador que ejecuta la “cesárea” correspondiente. Algo muy parecido sucede en esta pelicula “El leñador” de Nicole Kassell que cuenta las vicisitudes de un pederasta y sus dificultades para reinsertarse en una sociedad que no cree en su rehabilitación. Al final es una niña abusada por su propio padre la que disuelve su errónea creencia de que “son ellas las que seducen al adulto”. El fantasma del pederasta es precisamente éste: que hay en los niños algo perverso que les llama a abusar de ellos en la creencia de que eso es precisamente lo que ellos desean.

Algo rabiosamente individual que se opone a cualquier interpretación neurobiológica. Hay algo de irreductible en cada parafilia, algo idiosincrásico que comparte con el resto de casos algo común: el miedo a la sexualidad, al fin y al cabo una niña no es una mujer.

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Repulsión, Polansky y la psiquiatría

Septiembre 16, 2007 at 5:59 pm (cine, mente, psicoanalisis, psicologia, psiquiatría, sueños)

repulsion.jpgRoman Polansky dirigió en 1965 su obra maestra para el género de terror y tratando de emular el éxito de su maestro Hitchcock en “Psicosis”. En realidad “Repulsión” es una historia que vista 30 años después tiene más interés psiquiatrico que cinematográfico a pesar de los hallazgos de Polansky en este film que transcurre en una atmósfera cerrada y asfixiante con muy pocos diálogos y pocas claves sobre el pasado de Carol (una jovencisima Catherine Deneuve que hace el papel de su vida) que podrian ser esclarecedoras para su interpretación.

catherinedeneuve.jpgLo poco que sabemos de Carol es que es una chica hermosa que trabaja de “esteticienne” y vive con su hermana en un apartamento de Londres. Sabemos que su hermana está liada con un hombre casado que cada vez pasa más tiempo en el hogar fraternal, sabemos que su hermana pasa apuros económicos y que Carol no aprueba esa relación y que detesta “los instrumentos” de afeitar de ese hombre que permanecen junto a sus cosas en la repisa del baño.

De su carácter sabemos tambien algunas cosas: que es una mujer ensimismada que pasa gran parte de su tiempo “alelada” en sus fantasias y que es regañada constantemente en su trabajo por su tendencia a evadirse de la realidad. Su aspecto aparece como congelado, más allá de la timidez, no soporta que la toquen y todo parece indicar que trata de evadirse de las relaciones con los hombres.

Los hombres.- Los hombres de Carol parecen encarnar en su imaginario su fantasma, los obreros la piropean por la calle, su hermana casi vive con un hombre al que Carol detesta “por estar casado”, y hasta hace su aparición un galán que la pretende “John Fraser” en un papel deslucido y victimario. No sabemos si es el amante de su hermana o si es el galán, el que hace de catalizador de la psicosis de Carol pero sabemos que son los hombres el objeto de su deseo, de otro modo no podrían explicarse sus alucinaciones, sus ilusiones catatimicas y su complejo. Carol no es homosexual sino una heterosexual que lucha en silencio contra su fantasma, su igual, un fantasma masculino, un violador probablemente un depredador.

La campana.- Carol y su hermana viven enfrente de un colegio o convento de monjas, los repiques de la campana de este lugar se convierten en señalizaciones al espectador de que algo está ocurriendo en la mente de Carol, este algo es una llamada - y de ahi la metáfora de la campana- una llamada al hombre, al sexo, una llamada del nombre del padre, un significante universal de la sexuación.

El conejo.- El desencadenamiento de la psicosis ocurre cuando la hermana y su amante toman unas cortas vacaciones, es entonces cuando Carol sola en el apartamento comienza su cuadro alucinatorio predominantemente visual. Polansky utiliza inteligentemente el conejo como metáfora de la descomposición que acaece en la mente de Carol, una calcomanía de su fragmentación psicótica.

La grieta.- Carol está fascinada por las rayas en la pared, por las rayas en sl suelo, puede pasar horas mirándolas como hipnotizada. A partir de la eclosión de su psicosis las rayas dejan de ser rayas y se transforman en grietas, las paredes se resquebrajan dando la impresión de que esos desgarros tratan de llamarnos la atención sobre otros desgarros: los desgarros de la frágil identidad de Carol que va desmoronándose tal y como pasan los dias separada de su hermana.

Los fenomenos elementales.- Polansky nos da una pista de cómo y cuando comienza la psicosis de Carol: es en el salón de belleza cuando es victima de un estado pseudocatatónico. No era la primera vez que Carol tenia esos episodios pero esta vez el episodio es más grave, es más dificil volverla a conectar con la realidad y pasa más tiempo como hipnotizada, mutista y negativista.

Una psicosis comienza siempre con un estado de perplejidad que procede de una experiencia inefable, un desgarro de la identidad, una experiencia de dsicontinuidad. El sujeto no sabe qué es lo que le pasa pero sabe que se halla profundamente concernido por esa experiencia que se caracteriza por un “vacio de significación”, es una experiencia que le alude como sujeto y que no puede nombrar, se trata de una experiencia inefable. Todo parece indicar que la experiencia inefable para Carol tiene que ver con los hombres, son los hombres los que rompen su vinculo con la hermana y con su amiga del salón de belleza, son los hombres los que son “llamados” por la campana del convento y son los hombres los que se acuestan con su hermana y la hacen gozar. Hay un significante constantemente evocado en todo el film y ese significante es lo que Lacan llamaba “el nombre del padre” es decir la metáfora paterna.

Es la metáfora paterna lo que no halla inscripción en el simbólico de Carol y es por tanto la ausencia de esta metáfora la que la hace enfermar, desorganizarse en un estado de perplejidad y horror.

Esquizofrenia desorganizada.- Carol no llega a elaborar un delirio -una propuesta creativa o explicativa sobre su experiencia- sino que se fragmenta antes de empezar en lo que llamamos una caso de esquizofrenia desorganizada, los sintomas que se presentan en este caso son más bien sintomas conductuales donde predominan el abandono de la relación con la realidad y el refugio en el autoerotismo: en su exilio del mundo Carol “regresa” a una realidad infantiloide, cose, plancha o ejerce algunas funciones de sus tareas habituales en forma de automatismo psicológico pero sin ningun tipo de pragmatismo: la plancha está desenchufada, la ropa que cose no persigue ningún fin, mientras que el conejo sigue fuera de la nevera o el apartamento es victima de una dejación y abandono paralelo a la descomposición del conejo que sigue encima de la mesa del teléfono.

La sintomatologia que predomina en Carol es el apragmatismo, es decir, un tipo de conducta desgajada de la realidad, una conducta inintencional que sólo persigue un objetivo: alejarse de la realidad de donde proceden esas llamadas que Carol sigue oyendo en pesadillas, sueños, alucinaciones y fantasias hipnagógicas. Llamadas terrorificas que la llevan de bruces frente a un escena que entendemos como originaria, una llamada sexual, de alguién, un hombre que la pretende. Ese algo que la acosa desde lo real representa el retorno de lo reprimido, aquello que fue cancelado en el inconsciente vuelve desde lo real (los hombres y sus demandas sexuales)

Los crímenes.- Esta es la parte de la pelicula necesaria para un film de terror pero de poco interés psiquiátrico. Carol asesina a su merodeador y a su casero por pretenderla, por asediarla con intenciones sexuales. En la realidad psiquiátrica este tipo de crimenes son muy poco frecuentes y es dificil interpretarlos pero en el contexto del filme los crimenes indican que Carol actua para defenderse de un fantasma y aún más: que su fantasma es un fantasma de violación. Un fantasma sádico. Carol no mata pues a estos personajes sino a su fantasma en una escalada de decomposición y desperdicios.

La interpretación psiquiátrica.- Hay que tener en cuenta que no estamos analizando un caso real sino una ficción cinematográfica. En este sentido hay que señalar algunas contradicciones de la clinica que encuentro en este film:

  • la esquizofrenia no suele manifiestarse por alucinaciones visuales sino auditivas, hubiera sido más coherente -desde el punto de vista psiquiátrico- que Carol recibiese ordenes alucinatorias de caracter verbal. En ese caso no hubiera sido necesario plantearnos un diagnóstico diferencial, sin embargo la profusión de imagineria visual parece estar más cerca de una histeria - con el odio eterno a los hombres- o una psicosis oniroide desencadenada por drogas o por un estado histérico de caracter traumático que se desencadenó precisamente a través de la audición del coito entre su hermana y su amante.
  • Existe otra psoibilidad y es el “trastorno por estrés postraumatico” que se caracteriza precisamente por el retorno de lo no simbolizado, en forma de flashbacks (escenas de retorno al pasado de corta duración) y de ensueños repetitivos. Pero Carol no sólo tiene ensueños sino alucinaciones senoriales (visuales) muy raras en los casos de estrés postraumático. Por otra parte el paso al acto, es decir la decisión de matar a sus merodeadores asi como la desorganización de su conducta desestiman este diagnóstico, aunque sus antecedentes -la congelación afectiva- los afirman.

En conclusión, las peliculas de psiquiatría pierden el rigor psiquiátrico porque los directores privilegian el espectáculo de terror sobre la realidad clinica pero Polansky al final nos da una clave que aclara al menos la verdad histórica sin cuestionar la clinica psiquiátrica. Hablo de esa escena final donde se ve un zoom sobre una fotografia familiar y en ella a una Carol de unos 10 años mirando al que se supone es su padre.

Yo no he visto nunca un rostro infantil con tanto odio.

Probablemente ese odio procedió de algun tipo de abuso al que el padre sometía a Carol lo que explicaria el odio de Carol hacia los hombres pero dejaría sin explicación los mecanismos que utilizó para mantenerse alejada de ellos tanto tiempo ni tampoco el resultado catastrófico que sobre su personalidad ejerció tal influencia. Cualquier otra Carol hubiera encontrado alguna solución más allá de la necrofilia y la desorganización esquizofrénica.

“Repulsión” es una obra maestra del cine de terror y es desde luego más coherentemente psiquiátrica que “Psicosis” de Hitchcock pero adolece del suficiente rigor clinico para hacer de ella un paradigma de la enfermedad mental tal y como por ejemplo el caso Schreber supuso en la literatura acerca de la paranoia.

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Las madres y sus hijos

Septiembre 10, 2007 at 11:48 am (antropologia, cerebro, evolución, medicina, psicoanalisis, psicologia, psiquiatría)

Aunque por definición la relación madre-hijo es una relación asimétrica en el sentido de Bateson o un conflicto agonistico en la terminología de Price no existen estudios en la literatura cientifica que contemplen las relaciones y dificultades de las madres con sus hijos como un conflicto de poder. Aunque es evidente que este tipo de conflictos se presentan casi a diario en la clinica pediatrica o en psicologia infantil existe una atmosfera de negación en la evidencia de que las relaciones madre-hijo son tormentosas y dificiles y muchas veces cargadas de agresión, los niños evaluan constantemente las relaciones de poder con sus padres y a menudo manifiestan o ponen a prueba la capacidad de los padres para sobrevivir a sus propios conflictos de rivalidad con sus figuras de referencia, de tal modo que se puede hablar de conflictos de rivalidad o agonísticos entre padres e hijos aun en una relación funcional donde predominen las relaciones asimétricas. En este post voy a referirme sobre todo a los conflictos agonísticos de la madre y sus hijos, desde el mismo momento de la concepción.

Conflictos agonísticos in utero

El embarazo es un paradigma excelente (Haig, 1973) para las explicaciones evolutivas de cómo deriva y se reactivan los conflictos no resueltos de rivalidad de la madre En este sentido se ha señalado que más del 70% de los huevos fertilizados no llegarán a implantarse (Nesse y Williams 1994), se sabe que la madre aborta usualmente fetos con malformaciones o fetos a veces incompatibles con la vida o al menos con escasas probabilidades de llegar a la edad adulta y reproducirse. El aborto espontáneo es pues un mecanismo fisiológico que la evolución ha preservado para reducir las inversiones maternas en la crianza de hijos con escasas posibilidades de supervivencia, se trata en este caso –contemplado desde la óptica evolutiva- de un triunfo de la madre en su conflicto agonístico con su feto, su inversión genética, en este caso superflua. Lo mismo sucede con el aborto voluntario, se trata en todos los casos de la hegemonía de la decisión de la madre que prevalece sobre los “intereses” del feto.

Los conflictos de intereses entre madres y sus crías son comunes en toda la escala animal, las “campañas de reducción de la natalidad” que organizan los estorninos en sus constantes y escandalosas reuniones antes de la época de reproducción tienen como propósito realizar periódicos censos de población, a fin de hacer balance entre los recursos alimentarios esperados, la densidad demográfica y el tamaño de las nidadas (Wynne-Edwards 1962).

El canibalismo parental o filicidio se ha relacionado en algunas especies con la falta de previsión y adecuación entre el tamaño de las nidadas y los recursos alimentarios actuales, también en algunas formas de estrés mal conocidas como les sucede a los animales que se crían con fines de peletería o a los mismos hámsteres, donde el canibalismo es ostentado básicamente por la hembra dado que el macho durante la crianza mantiene todo el tiempo inhibida su agresividad. En determinadas especies la maternidad coincide con un incremento de la agresión, debido a que es en ese momento cuando la agresión es más necesaria que nunca a fin de defender el nido, lo que hace que en algunas especies se den errores de reconocimiento como en las pavas que atacan a todo aquel que merodea por el nido, excepto a los que no paran de piar, en este sentido el polluelo que no pía lo suficiente está en peligro de ser atacado por su propia madre, una forma de agresión que es posible contemplar experimentalmente dejando a las pavas sordas (cit por Lorenz 1971).

Del mismo modo el canibalismo fraternal ha sido explicado como un modo de rivalidad agonística entre hermanos y expresivo de la presión especifica que algunas especies como el tiburón-toro o el gavilán soportan en su difícil supervivencia de depredadores.

El embarazo de la hembra humana no ha sido nunca contemplado en clave de un conflicto de intereses, quizá porque a la maternidad se le supone un origen arcangélico que ha dejado en el tintero la evidencia de que la reproducción para la hembra humana tiene un coste adicional a la de cualquier otra hembra. Para empezar el parto es en la mujer doloroso a consecuencia de la estrechez de su canal del parto y de la bipedestación, por no hablar de los costos en vidas maternas ocasionados por los partos y que actualmente y gracias a la moderna Obstetricia han desaparecido por completo en los países desarrollados. Se ha pasado por alto que las enfermedades de la gestación pueden contemplarse en clave evolutiva como un conflicto agonístico entre la madre y el hijo y en todo conflicto agonístico hay alguien que gana y alguien que pierde. La eclampsia, la diabetes, o las malformaciones tumorales de la placenta no han sido jamás interpretadas en clave de este conflicto de intereses, aunque algunos autores han señalado que:

1.- No sabemos como la madre “reconoce” o “sabe” que su feto contiene malformaciones graves que pueden poner en peligro su supervivencia, pero es evidente que los abortos espontáneos y su frecuencia hacen presumir que existe algún mecanismo de “reconocimiento” al menos celular de tal evidencia (Buss 1999).

2.- Las mujeres que presentan hiperemesis del primer trimestre, es decir aquellas que desarrollan durante el embarazo aversiones o preferencias alimentarias (del 75-89% según autores) tienen un índice de abortos espontáneos menor que aquellas que no presentan esta curiosa enfermedad (Profet 1992). Es posible suponer que la nausea o el vómito sean una manera fisiológica de desprenderse de posibles toxinas alimentarias teratógenas o a un fallo del reconocimiento de las mismas especifico y muy activo durante la fase de formación de órganos.

3.- El feto también tiene estrategias de competir con la madre, por ejemplo puede segregar un exceso de gonatropina coriónica (HcG) para hacerle saber a la madre que se encuentra bien fijado al útero y librarse así de un aborto espontáneo (Buss 1999).

4.- El feto absorbe sus nutrientes del torrente sanguíneo de la madre, muchas veces al precio de enfermarla, es el caso de la hipertensión o preeclampsia materna o de la propia diabetes. El mecanismo para extraer nutrientes que utiliza el feto es liberar substancias que tienen efectos sobre la presión arterial de la madre, a través de la vasoconstricción (Buss 1999), de hecho existe una correlación negativa entre hipertensión materna y el ab

Conflictos agonísticos durante el periparto

Después del nacimiento emergen determinadas situaciones en la díada madre-hijo que son también escaladas de rivalidad entre ambos protagonistas. El niño exige, llora, mama, defeca y mantiene la atención permanente de su madre que pierde horas de sueño, nutrientes, capacidad y autonomía física y muy frecuentemente menoscabos en su autoestima.

Es un periodo critico para la madre, porque en ella se han activado no solamente las pulsiones de nursing y de apego sino también las pulsiones agresivas derivadas de las exigencias de su hijo contra el que no puede luchar y del que no puede tampoco huir debido a la “cruel atadura” que prevalece en todos los vivíparos y con más evidencia entre los humanos necesitados de cuidados durante un tiempo mucho mayor que el resto de las crías de toda la escala animal. Se conoce este periodo como postpartum blues, un estado subdepresivo muy frecuente y que tiene que ver con las dificultades de la madre con respecto al manejo de su hijo. Si el hijo vence en esta confrontación el pago de la madre será la depresión o la psicosis postparto, el lugar donde se ubican los perdedores en cualquier confrontación agonística en virtud de la activación de los programas de yielding, lo que Price ha denominado “sumisión involuntaria e inducida”, un constructo explicativo de la depresión desde la teoría del rango (Price 1967) más conocida como la teoría competitiva social de la depresión (Price et alt 1997), un modelo que encuentra refrendo clínico en las teorías de Brown (Brown et alt 1986) y Goldberg (Goldberg 1991).

 

Tomado de Stevens y Price, 2000

Como puede observarse en el anterior diagrama, el apaciguamiento (yielding) se activa en las situaciones más bajas de la jerarquía de rango social, en los perdedores de un conflicto agonístico, se trata en cualquier caso de una activación involuntaria que nada tiene que ver con la sumisión voluntaria o consciente que medimos en determinados tipos de carácter y que objetivamos en rasgos como obsequiosidad, amabilidad o adulación. La razón por la que el programa de yielding ha sobrevivido entre las estrategias de competencia agonística de los humanos es porque permite la supervivencia de ambos contendientes y porque procede de una forma de presión selectiva especifica sobre la reproducción que penaliza de forma desigual a machos y hembras, debido a que para que un macho tenga éxito reproductivo es necesario que tenga más iniciativa que la hembra. Este hecho podría explicar el por qué la depresión es más frecuente en la mujer que en el hombre. Dicho de otro modo la prevalencia de la depresión en los humanos puede estar fuertemente influida por la selección ligada al sexo.

Conflictos agonísticos durante la crianza

La teoría del conflicto entre padres e hijos cuenta con una amplia experiencia y tradición sobre todo desde que Freud teorizara acerca del conocido “Complejo de Edipo”. En esencia este constructo predice una alta rivalidad con el padre o la madre en función del sexo del hijo, Sin embargo Trivers (Trivers 1974) ha señalado que el conflicto es entre padres e hijos con independencia del sexo del hijo. Se trata otra vez de un conflicto de intereses y tal y como los teóricos de la teoría sistémica han evidenciado se trata de un conflicto agonistico, un conflicto de poder.

Me interesa señalar en este momento los conflictos que se establecen entre madre e hija y relacionarlos con la anorexia mental, una patología donde se han descrito quizá con más énfasis que en otras ciertas estructuras de parentesco que con independencia de su valor causal, al menos es seguro que tienen importancia en establecer las razón del por qué unas anorexias evolucionan de forma benigna mientras otras tienden a enquistarse en una lucha despiadada entre madre e hija por el control de la situación.

Al menos en un grupo determinado de pacientes es posible establecer que la anorexia forma parte de una interacción continua y viciada de rivalidad. No me refiero a una forma de rivalidad sexual sino de una forma de rivalidad que tiende a ocupar espacios de poder inexistentes. Así se han descrito multitud de familias con padres ausentes, o padres de escaso atractivo e involucración con la familia, sin embargo esta variable no me parece demasiado especifica de la anorexia mental. Es común en la anorexia que la madre ostente un mayor rango que el padre lo que puede inducir a la niña a aliarse con el padre supliendo su función o bien a establecer alianzas transgeneracionales, donde el síntoma preserve de una forma u otra la estabilidad familiar (Haley 1963).

Frecuentemente la anoréxica hiperesponsable asume voluntariamente la función paterna de la propia madre, otra de las posibilidades en las que es posible observar un conflicto agonístico, la ruptura de la relación asimétrica es desplazada por una relación entre iguales donde la niña frecuentemente asume el rol de conciencia social de la madre. La implicación clínica que tiene la aceptación de la anterior premisa es que las interpretaciones terapéuticas deben ser no agonísticas, implicando si es necesario un lenguaje de madre-niño o en clave paradojal (Selvini-Palazzoli et alt 1986).

De Giacomo ha sugerido como forma terapéutica un mes de vacaciones entre la hija y el padre. Según este autor la intimidad entre la niña y su padre es necesaria para elevar la autoestima de la paciente, la variable critica de una terapia, incluso más allá de la ganancia de peso. Es evidente que en todas las pacientes donde sus programas de yielding se han activado es predecible encontrar bajos índices de autoestima. Sin embargo es necesario señalar que en ocasiones el índice más bajo de autoestima no se encuentra en la paciente identificada sino en algunos de sus padres.

Personalmente creo que para rescatar a estas niñas de la parentización a la que se ven sometidas por la negligencia o insuficiencia paternas, no basta con utilizar el recurso de mantenerla a solas con el padre, ya que este puede ser quizá aun más negligente que la propia madre y obligar a la niña a una doble parentización. El lugar desde el que es posible esperar una ventaja terapéutica para la anoréxica es aquel donde ambas -hija y madre- tengan la oportunidad de reencontrar una estrategia donde no haya vencedores ni vencidos, es decir escapar del conflicto agonístico., para ello se han mencionado las siguientes estrategias (Price et alt 1997):

1.- El conflicto puede resolverse mediante la negociación y el compromiso: reconciliación, penitencia, expiación y perdón.

2.- El paciente (o su madre) puede ser ayudado a vencer en el conflicto.

3.- El paciente (o su madre) puede ser ayudado a convertir sus rutinas de yielding en sumisión voluntaria y ventajosa.

4.- El paciente (o su madre) puede ser ayudado a dejar la arena, es decir el campo competitivo.

5.- El paciente (o su madre) debe ser persuadido de no poner toda su inversión en una única tarea.

En definitiva la terapia de aquellos pacientes que hayan enfermado a consecuencia de la activación de su programa de yielding deben ser ayudados con terapias que sean sensibles a las desviaciones jerárquicas en el seno de la crianza y a impedir las escaladas simétricas en aquellas situaciones donde la funcionalidad esté del lado de la asimetría biológica.

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El síndrome postvacacional

Septiembre 3, 2007 at 8:46 pm (cerebro, justicia, lenguaje, medicina, mente, psicologia, psiquiatría, sociedad)

Cualquier malestar puede ser categorizado, cualquier goce puede serlo también, lo malo que tienen los malestares es que acaban siendo fagocitados por la medicina e incluidos en manuales donde se pontifica sobre la dialéctica locura-normalidad, algo que no ocurre con todos los goces. Es evidente que existe una tendencia a la multiplicación, filiación y catalogación de nuevos malestares identificándolos a “enfermedades psiquiátricas”. No he dicho enfermedades psicológicas puesto que el hecho de que algo sea una enfermedad remite al discurso médico y no al psicológico. De existir el “sindrome postvacacional” sería una enfermedad, o es eso o no es nada.

Afortundamente el sindrome postvacacional no existe, se trata de una frivolidad inventada por cierta prensa a la que cada dia se suman más y más especialistas para afirmar o desmentir que tal cosa exista lo que no hace sino alentar el uso del nombre. No quiero decir con eso que las primeras semanas de trabajo después de las vacaciones sean agradables, pero una cosa es que deba existir un periodo de adaptación entre el “dolce fair niente” y el trabajo y otra endosarle un nombre que ya ha pasado a formar parte del vocabulario que maneja la población, de ahi a que un marido al asesinar a su mujer aduzca en su defensa que padecia un “sindrome postvacacional” hay un paso y otro muy corto para que algun juez lo tenga en cuenta.

Y es que hay que ir con mucho cuidado con los nombres de las cosas y como cualquier cosa puede ser nombrada hay que huir de las etiquetas médicas, que luego crean realidades fácticas y lo peor: generan reclamaciones, demandas de pensiones y bajas laborales ¿Qué haremos cuando algun empleado se coja la baja por “sindrome postvacacional”.

Con esto de las bajas laborales pasan muchas cosas interesantes ya en el nivel del lenguaje, por ejemplo se dice “cogerse la baja” como si la baja se pudiera coger. Olvidan los usuarios que las bajas no se cogen se conceden a los enfermos verdaderos, también a los imaginarios, pero precisamente por esta razón hay que ir con mucho cuidado y no nombrar los malestares eternos del hombre como si fueran entidades naturales que ya estaban ahi esperando a que alguien las descubriera.

Al sindrome postvacacional le pasa como a la depresión y otras enfermedades misteriosas como la fibromialgia que crecen y se multiplican cuando más gente tiene noticia de ellas, ya hemos vivido “epidemias”de artrosis cervical, de fatiga o de dolores inauditos igual que en la edad media habían “epidemias” de flagelantes” o de histerias de conversión en los conventos, son enfermedades que se ponen de moda precisamente porque se vulgariza su difusión, a fuerza de hablar de ellas en los medios y entre si los sufridores terminan por configurarse como atractores de cualquier tipo de malestar y un malestar para ser dicho, para ser reconocido debe tener un nombre, de ahí la manía de las personas de encontrar un nombre para sus teclas. Pero no sirve cualquier tipo de nombre, hace falta algún nombramiento con cierto pedigree, por ejemplo nadie se queja de ser paranoico, a pesar de que muchos de los que se quejan lo son, ser paranoico no goza de buena prensa, sin embargo tener una depresión, un síndrome de fatiga , ansiedad o depresión forma ya parte de lo doméstico, de lo admisible.

El lenguaje es el cáncer de nuestra especie y los que viven de él, usualmente los informadores tienen mucha responsabilidad en la difusión de las enfermedades. No es que la depresión no existiría si no fuera tan común su uso en el lenguaje cotidiano, pero sólo existirían los melancólicos verdaderos. Yo lo que propongo es volver al latín y a la jerga hermética de los profesionales que nunca debimos abandonar, es el mejor favor que podríamos hacer a la higiene pública. Volver al “semen retenutum venenum est” y cosas así.

Divulgar es lo mismo que metastatizar.

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