La teoría biocognitiva
En 1977 Engel publicó en Science un articulo más influyente que leido, donde propugnaba un nuevo modelo para la comprensión de las enfermedades mentales, un modelo que llamó bio-psico-social que inmediatamente fue adoptado por todo el mundo, aunque ya el propio Engel avisaba de que el citado modelo -que venia a decir algo indiscutible- carecía, sin embargo, de una teoria unificadora que pudiera aportar no ya una visión consensuada de lo biológico, lo psicológico y lo social sino que ni siquiera disponíamos de una jerga común para entendernos desde las distintas disciplinas.
Pocos pueden hoy discutir que en las enfermedades mentales existen factores causales de “los tres reinos”, pero la ausencia de esa disciplina unificadora dejó el articulo de Engel en un referente bienintencionado más que en un modelo de comprensión definitivo para todos aquellos conversos que desde entonces se dicen influidos por el modelo bio-psico-social.
La carencia de esta disciplina o teoria unificadora dejó las cosas tal y como estaban: los neurobiólogos siguieron investigando con sus moléculas, los neuropsicólogos con sus modelos cognitivo-conductuales, psicoanalíticos o constructivistas y los sociólogos con sus paradigmas sociales descarnados de lo humano. En el fondo cada cual se ha asentado sobre lo ya conocido y sin saberlo han profundizado en el dualismo, unos desde el reduccionismo neurobiologico y otros desde el expansionismo psicológico o social.
Pero héme aqui que si existe una teoria unificadora, y no una sino tres:
Nadie se habia ocupado de ellas al menos para hacerlas resplandecer en las ciencias del hombre, me refiero a que estas teorias aunque conocidas desde los años 70 no habian sido nunca utilizadas para hacer una aproximación a lo humano. Hasta que llegó Mario Martinez y escribió un articulo magistral instituyendo una nueva teoria que ha llamado Biocognitiva y que toma prestadas de las anteriores sus cimientos basicos.
Resumiendo las ideas de Martinez que al parecer han obtenido poca resonancia entre los vaticanistas de la ciencia, se puede contestar ya a la celebre pregunta ¿qué es antes el huevo o la gallina? diciendo que gallina y huevo coemergen, es decir son procesos simultáneos.
Otro hallazgo de la Teoria biocognitiva son a mi juicio dos ideas, la linealidad-no linealidad de los sucesos y la localidad-no localidad de los mismos. Significa en términos prácticos que la causalidad de los sucesos psiquicos o biologicos no siempre es lineal, una causa que genera un efecto sino que el paso de un sistema lineal a otro caótico o fractal imposibilita la solución del problema en términos lineales y que parece que lo que llamamos evolución crónica tiene que ver con la caotización del sistema. Además todo suceso tiene un aspecto con localidad y otro aspecto sin localidad, es decir que cuando algo se guarda suele hacerse sin localidad- el suceso está en todas partes y en ninguna parte- en todas las celulas del organismo y en ninguna celula especial, pero cuando se recupera no tiene más remedio que hacerlo de manera localizada.
Otro tema importante de la teoria biocognitiva es “la relevancia contextual” que es lo mismo que decir que los sintomas pretenden hallar un significado, todo en el campo biocognitivo está diseñado para encontrar un sentido que es a la vez histórico, psicológico y biológico, Martinez propone el neologismo mentecuerpocultura para dar cuenta de el fenómeno bien conocido de que el espacio y el tiempo no pueden separarse. Como tampoco el hecho psicológico, el biológico y el cultural. Y además este campo tiene bordes, es decir construimos un universo con horizontes externos e internos que delimitan el campo de nuestra experiencia pero al mismo tiempo todos venimos de “serie”, equipados con un “código pionero” que tiene como función la expansión de esos mismos horizontes, algo muy parecido a lo que hacen los entrenadores de fútbol cuando mandan a sus jugadores ampliar el campo -abrirse por las bandas- esa parece ser la solución a los malestares del hombre, la expansión de la conciencia más allá de la cognición.
La pava novata
El instinto maternal que se supone existe en todas las especies animales en realidad no tiene nada de misterioso, se trata en cualquier caso de preservar los genes propios, algo que toda madre sabe que contienen sus hijos. En las pavas que son animales muy agresivos y que son más agresivos después del parto se ha observado que a veces picotean a sus crías hasta la muerte, este comportamiento ha sido estudiado por Wolgang Shleidt (1) al considerarse contradictorio con la idea del buen maternaje que se observa en casi todas las madres. El investigador dejó a un número determinado de pavas sordas mediante un procedimiento quirúrgico y demostró que era precisamente el grupo de madres sordas las que atacaban a sus polluelos y no las que oían el continuo “piopio” de sus pequeños. Concluyó que el piar de los pollos desactivaba la agresión territorial de la madre dado que la pava no posee mecanismos ni para distinguir a sus crías ni a sus depredadores, por lo que arremete fieramente contra todo animal de un determinado tamaño y textura que pase cerca del nido. La pava es tan tonta que parece defender el nido y no a sus polluelos. El programa podría funcionar así, después de poner lo huevos:
(Si) alguien merodea cerca del nido
(Entonces) atacar excepto a los que pian continuamente.
Un programa muy útil para madres primerizas que aun no saben ni el aspecto de sus crías ni el de sus depredadores potenciales. Como puede observarse el instinto maternal se resume en una línea destinada a inhibir la agresión por vía acústica que naturalmente se presenta y desencadena en toda su intensidad coincidiendo con el parto. Los errores de reconocimiento son muy frecuentes entre aquellas especies que efectivamente no tienen un aparato visual sofisticado de reconocimiento y donde el olor tampoco desempeña un papel importante, tan sólo el sonido parece desempeñar algún papel. Ejemplos de casos contrarios también son observables entre las gallinas que a veces se ponen cluecas y dejan de poner huevos, creyendo que deben empollar un conjunto de huevos que no han sido fecundados, en este caso más que una especie de “depresión postparto” podríamos entender que se trata de un “embarazo fantasma”.
Citado por Konrad Lorenz, en “La agresión, el pretendido mal”, pag 132.
Los errores del reconocimiento están en la base de una maternidad defectuosa pero tambien de una maternidad extendida como podeis ver en este video.
Esquizofrenia y lenguaje: ¿un tributo evolutivo?
Si es cierto que la esquizofrenia es una avería del señor Broca, estamos evidentemente frente a un impuesto vinculado a la ganancia del lenguaje o quizá a algo peor: a un ensayo evolutivo para establecer en nuestro cerebro alguna mutación. Estas ideas no implican linealmente que existiera esta enfermedad tal y como la conocemos hoy desde tiempos primitivos. Siguiendo a Hare parece improbable que la esquizofrenia existiera en el hombre primitivo en un mundo vinculado a resortes cósmicos, amenazas reales y palpables y un tipo de pensamiento vinculado a lo mágico. ¿Qué sentido tendría una alucinación en este tipo de entorno? Es muy probable que el hombre primitivo recurriera a la alucinación de una forma fisiológica como una manera de acceder a su mundo interno, en este sentido es licito suponer que la alucinación fuera una forma de mantener diálogos internos antes de que se inventara la subjetividad autodiscursiva o que responda a pensamientos subvocalizados (Bick & Kinsbourne 1987) que se proyectan al exterior por un defecto de inhibición cortical, una especie de ventriloquia inconsciente. En este sentido la alucinación auditiva sería un equivalente a las cavilaciones que hoy mantenemos con nosotros mismos sin necesidad de alucinar (aunque si de repetir), en la medida en que el raciocinio común es capaz de discriminar pensamiento y lenguaje, lo que nos permite ese dialogo interior. El hombre primitivo – por el contrario – inmerso en un mundo impredecible, amenazador por desconocido y donde lo cósmico y lo individual aun no habían sido fragmentados por el orden de la cultura debió de mantener activa su potencialidad alucinatoria hasta hace muy poco tiempo, fluctuando entre lo visual y lo auditivo segun las epocas o el predomionio del pensamiento-idea, sobre la representación-simbolo.
La antropología y la historia nos muestran ejemplos continuos de esta inversión del juicio. Estamos acostumbrados a pensar e interpretar a los místicos y reformadores como psicóticos o al menos como sospechosos de serlo. Existen numerosos ejemplos de interpretaciones acerca de supuestas enfermedades mentales en Sta Teresa de Jesús, Juana de Arco, Mahoma, Jesucristo, etc, olvidando que el paradigma histórico y el clínico funden muy mal y que las alucinaciones de estos reformadores, místicos o personajes religiosos se daba en un entorno donde muy probablemente eran una forma de insight o introspección que antes de que se inventaran las teorías intrapsíquicas de la mente pudieron representar una forma de dialogo interior trasmutado en conocimiento revelado.
No solamente el lenguaje hablado, sino la identidad, el sexo asignado, el género, el autoconcepto, la norma moral o la autoestima son constructos que proceden de nuestro entorno y cuya existencia asignamos en nuestro psiquismo en un ejercicio constante de alucinación negativa (somos incapaces de entender que son constructos sociales y no psíquicos). Por ejemplo, estamos acostumbrados a observar la identidad sexual como si se tratara de algo genuino, algo intrapsíquico, algo nuestro que nos pertenece como un órgano. Pero la identidad no es sino un constructo social y en este sentido nombraré el ejemplo de la cultura esquimal donde sólo el alma es inmutable pero no el sexo asignado, así no es infrecuente que un niño sea educado y vestido como una niña mientras va emergiendo su “verdadera naturaleza” ya en la pubertad. El sexo y el género son intercambiables, la identidad- alma no, entre los inoui (Heritier 1996). En otros casos como los indios crow la masculinidad asignada no se establece definitivamente sino después de la ceremonia de la inseminación (que se produce por felación), una iniciación de los varones que corre a cuenta del tío paterno. Es evidente que en este tipo de culturas donde una cierta conducta homosexual no sólo está tolerada sino prescrita desfavorece la presencia de homosexuales absolutos, para los crow, lo importante no es ser o no ser hetero u homosexual (que no existen como identidades) sino que lo reprobable- igual que en la Grecia clásica- es la pasividad.
La gestión que los sioux hacen del duelo y casi todos los pueblos de sus personajes carismáticos, chamanes, brujos u hombres-memoria, me hace suponer que determinadas identidades no son sino nichos ecológicos – en realidad roles sociales – construidos y preservados por la tradición donde se ubican determinadas personalidades que encuentran así una actividad social acorde con las características en donde su personalidad encaja: celibato para el chamán, alejamiento social y prescripción de castidad para el viudo o viuda, experiencias iniciáticas para los adolescentes siempre dentro de un ritual con sentido cultural, religioso o cósmico.
Es difícil imaginar que un mundo así la locura (la esquizofrenia, la manía, o la paranoia) pudieran emerger, la locura y lo incognoscible estaban afuera y no precisaban estar adentro. De hacerlo estarían tan fijadas al rol social predeterminado que su diagnóstico sería –cuando menos- incierto. Es posible especular que la esquizofrenia sea más bien un tributo a la complejidad de las condiciones de vida que emergieron de la industrialización del siglo XIX (o a cualquier otra anterior) y la dificultad de estas condiciones de vida para articular un discurso interior consensuado, sin negar que formas distintas de locura quizá ya desaparecidas preexistieran.
Además hay que señalar otra clase de hechos, una vez teorizada una enfermedad es esperable que emerja un aluvión de casos, como los que se observaron en la Inglaterra del siglo XIX. Este hecho no sólo es debido a que las enfermedades mentales cambian en función de parámetros sociales sino que además la existencia y legitimación de la propia enfermedad operan como un atractor frente al que se aglutinan los casos que de no existir la etiqueta se dispersarían en costumbres, excentricidades o conductas desafiliativas sin asignación clínica. Esto pudo suceder en la Inglaterra de 1800, con independencia de que la esquizofrenia existiera ya antes de ser identificada como una entidad.
Lo mismo sucedió con la parálisis general progresiva, aunque se sabe que data del siglo XVI, su teorización no se hizo sino en 1808 y los casos de sífilis cuaternaria datan de esa fecha. Con independencia de la preexistencia de la sífilis, parece que el despliegue longitudinal de toda la enfermedad no fue constante en todas las culturas
Una de las sensaciones mas inquietantes que acaecen entre las personas que tratan con esquizofrénicos son la confusión y la perplejidad que emerge del contacto con ellos. Hablando con un esquizofrénico se tiene la sensación de que no es posible empatizar con él, que existe una barrera imposible de franquear y también que estas personas tienen poderes espirituales especiales. Este fenómeno que no ha sido suficientemente estudiado quizá a consecuencia de que los pacientes esquizofrénicos más graves son los que fundamentan la clientela de un psiquiatra, no prejuzga que los casos más adaptados o menos graves de entre el cluster A de los trastornos del eje 2 puedan hallarse aquellas personalidades con capacidades de desafiliación, splitting del grupo o capacidad de liderazgo para constituir otros grupos carismáticos.
Es posible especular con que la evolución y la selección genética hayan establecido a través del tiempo evolutivo dos grandes grupos de conductas en relación con la integración social: las afiliativas y de apego y las desafiliativas o de desapego. Estas últimas conductas podrían entenderse tan adaptativas en clave evolutiva como aquellas. Su función sería la de asegurarse que los grupos no crecieran demasiado agotando los recursos de un determinado hábitat, propiciando la segregación de los grupos sobre todo cuando estos habitan ecosistemas demasiado densos, una estrategia que comenzaría a ser necesaria en cuanto el hombre se hizo sedentario.
El esquizofrénico – la desviación genética extrema de este programa desafiliativo – es muy probablemente un profeta fracasado por falta de seguidores pero su conducta nos retrotrae a escenarios de horror o de amenazas debido a un mundo que habita paranoidemente quizá como mecanismo de defensa frente al caos de su sistema de señalización-simbolización, un mundo de extrañeza y temor donde la realidad, el sueño, la fantasía, el miedo o el error cognitivo tienden a transformarse en aspectos concretos sometiéndole por tanto a un estado de terror similar al que el hombre primitivo tuvo que sortear antes de la invención del símbolo, que de alguna manera protegía al hombre de las consecuencias glandulares del determinismo puro. Sin ninguna duda, pudo constituir un hito el día en que el homínido al ver una huella de un depredador en el suelo inhibió su descarga de catecolaminas, al poder discriminar que la huella representaba al animal pero no era el animal en sí. Apropiándose del símbolo e inscribiéndolo en la piedra de sus abrigos el homínido comenzó su dominio del mundo al integrarle en su concepción y predicción de la caza, no sólo se apropió del animal sino que lo pudo exorcizar, perderle el miedo y hacerse más fuerte que su propio tótem, destinado en otro momento a recordarle su deuda para con su propio linaje.
Los origenes del lenguaje
Esta entrevista que Punset le hace a Chris Knight en Redes aporta una nueva luz sobre los orígenes del lenguaje, Knight un antropólogo defiende una teoría nueva con respecto a este misterio. Por una parte están los evolucionistas gradualistas como Chomsky y todos los marxistas que sostienen la teoría de que el lenguaje evolucionó desde el gruñido hasta el email. Es la hipótesis que sostuvo el mismo Darwin y que vendría a suponer que en un momento determinado hubo una mutación genética que dividió definitivamente los homínidos de los simios: una mutación que contendría el gen del lenguaje. Bueno esta teoría es la politicamente correcta, porque su adversaria es decir la creacionista no la sostiene nadie ya, al menos en la ciencia. Pero la hipótesis gradualista tiene muchos agujeros sobre todo desde que se sabe que el hombre y el mono comparten parecidas estructuras prelingüisticas y sin embargo el mono es incapaz de desarrollar un lenguaje tan complejo como el de los humanos.
Hay algo más. Los genetistas además intuyeron que este supuesto gen del lenguaje que nos diferencia de los monos tiene efectos secundarios sobre los humanos, concretamente se ha teorizado que las enfermedades mentales y sobre todo la esquizofrenia serian el precio que los hombres hemos pagado por la hominización.
La esquizofrenia se considera desde el punto de vista evolutivo una especie de tributo necesario que el hombre pagó por su superespecialización simbólica, se la considera una enfermedad del lenguaje o al menos está emparentada con él. De ahí que los genetistas busquen como locos este supuesto gen del lenguaje porque suponen que ahí precisamente, está el gen de la esquizofrenia, Crow es el que mas ha buscado e incluso planteó que se trataba de un virogen, es decir de un virus adosado a un gen que dio como resultado esta mutación, la buscó y creyó encontrarla en el cromosoma X, un cromosoma sexual y cuando intentó aislarlo resultó que ahi no habia nada.
Dicho de otra manera no existe ningún gen mutado que encontrar o al menos hasta ahora no se ha encontrado.
Entonces ¿cómo explicar las evidentes diferencias lingüisticas entre monos y hombres?
Y ese Knight introduce “la selección sexual”, la más incomprendida de todas las teorías selectivas evolutivas.
En sintesis seria asi:
La diferencia que existe entre monos y hombres no procede de ningún gen sino de la evidente asimetría entre la cultura simiesca y la cultura humana: su diferencia fundamental es que los humanos desde sus albores ya construyeron una sociedad que limitaba lo sexual, estos limites procedían de señalizaciones (hembra accesible-no accesible) y tendrían como consecuencia una disminución de las tensiones sexuales, un engorro al que los monos tienen que dedicarse de por vida si quieren sobrevivir. Los humanos tuvieron que enfrentar dos problemas; el primero era el gran tema de la inversión de recursos en la prole y el segundo el aporte e inversion de los machos en sus camadas. Esto solo se pudo conseguir cuando la hembra humana consiguió hacer su ovulación silenciosa, solo así -ignorando su propia fertilidad- pudo la hembra invertir tiempo en el sexo y sólo asi pudo atrapar al menos a un macho para que la ayudara a sobrellevar la carga de los hijos. Dicho de otra forma si existe una mutación genética que antecedió a la cultura esa fue la mutación que suprimió el estro en la mujer y sólo después de eso el lenguaje pudo evolucionar bajo la modulación de esa cultura que pudo transmitirse de padres a hijos. Si hay que buscar un gen ese es sin duda el gen de la regla lunar, pero ese gen se halla muy lejano a la esquizofrenia o lo que es lo mismo: la esquizofrenia es el precio que debemos pagar por la complejidad de nuestra especialización linguistica pero esta especialización no es biológica sino cultural, vino de la mano de la cultura.
O sea que todo procede de un engaño, de una simulación, de esa primera mujer que inventó que “ella no sabia cuando ovulaba” y que terminó ocultando las señales de su ovulación no sólo a los machos sino a ella misma.
¿Clones o ayatolás?
Un extracto de mi novela “De lo oculto y lo sutil“, se trata de una reflexión que hace la protagonista sobre la femineidad, para pensar.
La gran paradoja de la libertad que las mujeres nos hemos propuesto alcanzar es que es una libertad que nos lleva de cabeza al desamparo.
Hay dos clases de libertad: una libertad jurídica y una individual que junto con la dignidad humana, se constituye como un eje de torsión desde el determinismo de la animalidad hasta lo más sublime de la humanidad. Un camino – sin embargo- lleno de obstáculos que hace aparecer a esa libertad como un valor deseable, un valor democrático, aun sabiendo que la otra libertad, la libertad metafísica, es imposible.
Otra: la libertad individual llevada al límite nos aboca a todos al vacío pero a nosotras las mujeres mucho más. Como si pudiéramos intuir con más facilidad que los hombres, que dejadas a nuestro albedrío, nos encontraremos de bruces, inevitablemente, con esa otra realidad de la que –precisamente- por constituirse en conciencias individuales, no pueden sino pensarse a sí mismas y no pueden abarcar esa conciencia de totalidad de la que hablan los místicos y cuya herramienta no es otra que el amor.
Una realidad ahora lejana y de la que hemos logrado escapar después de siglos de combate feroz contra la dominación masculina pero que propiciaba desde el sometimiento un orden de certidumbre que ahora ha desaparecido.
No podemos sino profundizar en la libertad metafísica aun sabiendo que es imposible de alcanzar. En esa libertad fusional de la que hablan los místicos desde la óptica de cualquier religión. Porque hemos sido arrojadas de bruces frente a la determinación y el azar, vuelvo ahora mis ojos frente una realidad supraindividual que me permita sobrevivirme en otro, en un otro no-contingente.
Las religiones, en este sentido, proveen al hombre de respuestas frente a sus necesidades fundamentales porque relativizan su subjetividad, pesada y siniestra frente a un orden divino de causación.
De las religiones sólo me interesa aquella parte que no tiene nada que ver con el dogma o el precepto, sino con el proceso de iluminación. Lo usual es que el peso doctrinario de una religión repose en la revelación. Revelación que aporta un indiscutible manual de uso para andar por la vida. Contiene dogmas, moral, cosmogonía y recomendaciones prácticas para gestionar la vida de los hombres por los propios hombres a través de una casta de intermediarios: los sacerdotes que transitan el designio desde lo oculto hasta lo práctico. Ahí está contenido, pues, el germen de atropello de cualquier religión.
Cuanto más política es una religión, es decir, cuanta más confusión exista entre el manual práctico y su nivel metafísico, más se implica el Estado en la tutela de su doctrina dando lugar a los estados integristas, verdaderas versiones religiosas de otros ensayos totalitarios que confluyeron en Europa en el siglo XX.
En algún sentido, este tipo de religiones son muy protectoras, porque proveen al hombre de una iconografía que atraviesa de parte a parte su vida y le brindan soluciones prácticas y sobre todo inapelables a todos los dilemas que se le pueden plantear en el más acá. Creo que la religión católica tiene perdida la partida de antemano frente a este tipo de religiones integristas donde el poder del Estado resulta proveedor y protector. Este tipo de religiones, sin embargo, no tienen redención para el Mal, a diferencia del cristianismo. No hay más remedio pues, que someterse al plan divino, que hace coincidir los contrarios en distintas criaturas a través de su multiplicidad y aceptar como una fatalidad el crimen o la maldad, aunque imponiéndose legalmente a ellos mediante la venganza del Estado y la ejecución de duras sentencias por delitos que a los occidentales nos harían morir de risa, como el adulterio.
Paradójicamente, la libertad de la mujer arrancada a dentelladas en los últimos años en todo occidente, nos lleva de cabeza a enfrentarnos con una baja natalidad que deja lugar para la expansión de una religión que nos amenaza en nuestros derechos consolidados. ¿Quién tendrá niños una vez todas las mujeres seamos libres? ¿Es esta una nueva versión del mal, que deja libres las manos a aquellos que no participan en nuestros ideales de libertad?
¿Habrá en el futuro una casta de mujeres que dispondrá de bebés a la carta mientras otras cargan con el peso de la reproducción convencional?
¿En un Estado de ese tipo, quien nos gobernará? ¿Clones o ayatolás?
Eco
El eco es como un disco rayado, ese intangible que es la voz rebota contra lo inerte y se vuelve eco, porque el lenguaje no sabe estar solo y necesita la compañia de alguien, que medie entre él y la realidad, por eso los alucinados son fundamentalmente alucinados
auditivos desde que lo auditivo, el peso del lenguaje, ganó su particular batalla con lo icónico. Sócrates hablaba con su daimon, S. Agustín mantenía conversaciones intelectuales con sus voces que le decian “ven, lee”, S. Ignacio de Loyola les llamaba”loquelae” a esas voces con contenido intelectual y especulativo con las que mantenía conversaciones sobre temas espirituales. Contrariamente a eso, ellas tienen experiencias visuales: Santa Teresa con sus visiones, sus luces, y su erotismo a flor de piel, siniestramente parecidas a las que abrumaban a Juana de Arco o a Jesucristo en el desierto.
La función alucinatoria ha cambiado desde entonces y se ha refugiado en la locura, hoy ya ninguna persona normal alucina espontáneamente (pero si bajo el efectode las drogas) y además la alucinación se ha convertido en algo enloquecedor por sí mismo. Los alucinados además ya no tienen visiones beatificas, espirituales, ni mantienen conversaciones metafísicas o filosóficas con sus daimones particulares, antes al contrario, oyen voces pero no entienden lo que dicen, o bien esas voces les insultan, son voces que se refieren a ellos aunque a veces resulte difícil entender qué pretenden, les llaman “puta” o “maricón”, les critican y sobre todo les amedrantan. No es que la locura no existiese en la época clásica, pero probablemente la alucinación auditiva como paradigma de la esquizofrenia es relativamente reciente.
Algunos autores hacen coincidir este cambio con la aparición de la ciencia y la modernidad, con la abolición de espíritus, y mediums benefactores o maléficos pero en cualquier caso mediadores, demonios o ángeles. En ausencia de estos mediadores herméticos el lenguaje que busca ser siempre hablado por alguien rebota en los cerebros estropeados de los locos y les martiriza con cantinelas sin sentido, son palabras huecas vacías, como aquel nepalés que se pasaba el día oyendo “Om” y le pidió al médico que le curara la enfermedad pero no le quitara el “Om”. Pues el “Om” necesitaba ser dicho, necesitaba encarnarse en alguien para ser transportado a la realidad y dejar de ser un eco, un disco rayado, una palabra sin cáscara, una mujer inane, una ninfa que no posee cuerpo en sí misma y que precisa del abrazo de un mortal, que solo puede encarnarse a través del amor de Narciso.
El eco de las palabras, la alucinación siempre significa lo mismo, “Ven, lee”.

