Ninfas, hadas, doncellas y mujeres fatales

Mayo 20, 2007 at 4:02 pm (belleza, mente, mitologia, psicoanalisis, religión, sociedad)

 

La posesión es una de las tareas de las ninfas, uno de los primeros repliegues de la identidad femenina. La ninfa es “una mujer dispuesta para casarse” pero también puede significar “veneno de agua”. Las ninfas son mediums, híbridos, personajes a medio camino entre los dioses y los hombres, como los héroes o los monstruos, son mortales pero pueden permanecer largo tiempo en una juventud contemplativa, su función es poseer mortales, pues carecen de forma, son blandas,  y versátiles como una corriente de agua. Pretenden abrazarlos en un nudo asfixiante y apropiárselos como Salmacia hizo con Hermafrodito, cuando no lo consiguen mueren de inanición como Eco, no sin antes vengarse de aquellos que las rechazan, tal cosa le pasó a Narciso. El mito de la ninfa está relacionado psicológicamente con la posesión, una forma primitiva de identidad que consiste en creer, pensar o sentir que apropiándose de los atributos de alguien nos convertimos automáticamente en ese alguien, la posesión es una identificación primitiva, oral y canibalística anterior a la simple imitación que no es tan destructiva. Una forma muy ambivalente de identificación que precisamente porque contiene elementos devoradores pasa al inconsciente y se manifiesta inalterable durante toda la vida como todo lo que está relegado a lo reprimido.

Las ninfas fascinan a los hombres y les echan a perder como dice la copla (la perdisión de los hombres), algo así le sucedió a Humbert Humbert el adusto profesor de Lolita o al profesor enamorado de Tadzio en “Muerte en Venecia”. La nínfa y el talludito profesor forma parte de un mismo arquetipo, están atravesados por la idea de la corrupción, de la muerte y del sexo desplazado hacia lo femenino. O la nínfa acaba en un correccional o el profesor muere asesinado o de peste otra de las metáforas de la ignominia, en cualquier caso alguien debe morir en esta dualidad para que la otra siga su camino, un mito que habla de que en la mente humana más allá de las apariencias, existen dioses, monstruos y personajes híbridos que hablan de los primeros estadios de la conciencia humana: aquellos en que coexisten y se hallan anudados tanto las representaciones como la realidad.

Naturalmente no se trata de una representación cualquiera sino de aquella clase de representación que sólo puede apresar el “ahí afuera” en un ejercicio de imaginación, cercano a lo sobrenatural: la mujer-fálica, el león con cara humana, la Hidra venenosa, la mujer araña o la mujer-serpiente, no son solo el fruto de una imaginación calenturienta sino un ejercicio de anidación de una idea sobre otra, sincretismo le llamaríamos hoy, es así como opera el cerebro humano. estas operaciones nos hablan de que en el principio de las cosas hubo un misterio original: la mujer y los ciclos femeninos adheridos a la luna y sus fases. El Sapiens tardaría eones de tiempo en caer en la cuenta de que participaba en esa ceremonia de la vida a través del coito, entonces inventó a Dios, a un Dios con forma y vicios humanos pero para entonces esas figuras primordiales que habitaron los océanos de tiempo de la caverna primigenia ya se habían instalado en la conciencia humana con una función bien concreta: asumir los hilos del destino de los hombres.

Desde entonces la mujer fatal habita entre nosotros y es un designio compartido por los dioses masculinos que le rindamos tributo.

 

 

 

 

2 comentarios

  1. Amanita dijo:

    La posesión del Otro también podría contemplarse en el sentido homeopático: ingerir siempre es un modo esotérico de incorporar la esencia al Yo, una fagocitosis energética o espiritual. Para más señas ver este link http://www.centroadleriano.org/publicaciones/Costa2.pdf
    otra visión -muy divertida, por cierto- de la “posesión” del macho por parte la hembra/ninfa…

  2. Eco « neurociencia-neurocultura dijo:

    [...] a la realidad y dejar de ser un eco, un disco rayado, una palabra sin cáscara, una mujer inane, una ninfa que no posee cuerpo en sí misma y que precisa del abrazo de un mortal, que solo puede encarnarse a [...]

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