¿Extasis o agonía?

Abril 17, 2007 at 7:28 pm (poesia, psicoanalisis)

Si la sexualidad no contuviera en sí misma un germen de violencia, sería impensable que estuviera reprimida de forma universal: una prohibición que se acata en nombre de las conveniencias o de la religión, de la ideología o del compromiso social, porque en el fondo, la sexualidad es engorrosa de administrar por parte del ser individual. La sexualidad genera pasiones y locura, pendencias, vergüenza y culpa, es abyecta o sublime, fuente de inspiración o desasosiego, pero en su naturaleza se encuentra contenida la clave de su prohibición, por una instancia informe y prehumana, una prohibición que se soslaya mediante la transgresión de sus artículos, a esta transgresión le podemos llamar erotismo.

Erotismo, que es indivisible del sacrificio del cuerpo y de la sumisión aceptada en nombre de una instancia supraindividual, conectada a través de estados emocionales como la agonía y del éxtasis, con el ser humano individual.

Para entender mejor esta relación entre el erotismo y la muerte vease este poema de Baudelaire:

Y así yo vendré una noche

cuando la hora del placer suene,

hacia los tesoros de tu persona,

como un ladrón, caminando de puntillas.

Para castigar tu carne jubilosa,

para macerar tu seno intacto

y hacer en tu flanco estremecido

una herida ancha y profunda.

Y vertiginosa dulzurasantateresa1.jpg

infundirte, hermana, mi veneno

a través de esos labios renovados,

más abiertos y más bellos

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¿Salir del armario?

Abril 17, 2007 at 5:18 pm (cerebro, mente, psicologia, psiquiatría, sexo, sociedad)

Siempre me he preguntado si esa frase que alude a un homosexual vergonzante que un buen dia decide cambiar de vida y apostar por su “homosexualidad natural” es o no verdadera. Después de leer en “Mente y cerebro” un articulo firmado por Robert Epstein y que se titula “El continuum de la sexualidad” me ha quedado muy claro que es verdadera tanto en el sentido de “homosexual vergonzante” como en sentido contrario, es decir un heterosexual que vive como homosexual pero que “realmente no lo es”. El lector sagaz habrá observado que algunas frases que anteceden van entre comillas, es natural que asi vayan puesto que siguiendo la lógica de las ultimas investigaciones sobre el asunto no existen homosexuales o heterosexuales absolutos (sólo los militantes) sino un continuum de actividades sexuales que van desde la homosexualidad absoluta hasta la heterosexualidad abosoluta. Dicho de otra manera la sexualidad no es algo categórico, “o se es” o “no se es” sino una dimensión, una vez más hay que admitir que Freud tenía razón y que la libido tiene una disposición bisexual.

Robert Spitzer es un psiquiatra que pasará a la historia de la psiquiatria por haber sido uno de los ponentes que hace ya más de 20 años y en las primeras ediciones del DSM propuso eliminar el termino “homosexualidad” de los manuales de psiquiatria. Desde entonces no es posible diagnosticar a nadie de homosexual. Lo que significa que la homosexualidad no se conceptualiza desde hace ya mas de 20 años como una enfermedad, ni un trastorno mental. El mismo Spitzer (puedes ver en inglés el video aqui) que ha seguido investigando sobre el asunto se descuelga de nuevo en un articulo publicado en “Archives of sexual behavior” con una propuesta nueva: ¿Pueden las personas cambiar de orientación sexual? Pues parece ser que si, segun Spitzer que ha estudiado para esta revisión a 200 personas supuestamente homosexuales, el cambio -definitivo- de orientación sexual no es una excepción. Spitzer plantea además una hipotesis en la que todos hemos pensado alguna vez pero que nadie se atrevió a divulgar por temor a ser acusado de “intolerante”. Si el ser humano es bisexual y la mayoria de sujetos son heterosexuales es porque existe una presión social que estira a la población hacia la heterosexualidad. Algo similar a lo que sucede con la lateralidad, la mayor parte de nosotros somos diestros. A proposito de la zurdera Spitzer nos recuerda que la penetrabilidad genética para la zurdera es ligeramente superior a la penetrabilidad para la homosexualidad, será por eso que el 10% de los sujetos son zurdos, mientras que solo son homosexuales del 4-7% de la población. Spitzer además plantea otra cuestión realmente inquietante: la homosexualidad no es una enfermedad, ni un trastorno mental, pero es una conducta poco saludable, lo que explicaría el “efecto parsimonia” de la misma, pero sostiene que si eludieramos la presión social sobre este tipo de conductas, las cifras de homosexuales aumentarian aunque seguirian siendo minoría. A la pregunta de si se puede cambiar de orientación sexual y cómo, Spitzer plantea que es tan dificil como cambiar de mano para un zurdo y recomienda “pruebe usted a hacerlo todo con su mano izquierda y sabrá de la dificultad”.

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