Cerebro y belleza (II)
Los matemáticos son como los franceses, cuando discutes con ellos traducen el problema a su propio idioma y lo hacen así irreconocible e irresoluble.
W. Goethe.
Aquellos de ustedes que leyeron el post anterior habrán quedado con muchas dudas y con algunas incógnitas colgando de su curiosidad.
Yo mismo soy uno de ustedes, comparto gran parte de su fascinación y de sus dudas.
La primera cuestión que me estimula la curiosidad hablando del numero phi, es ésta:
¿Si un número no mide nada para qué sirve?
¿Qué significa en términos comprensibles eso de que un número es inconmensurable?
Es evidente que los números surgieron de la necesidad de contar y es también evidente que este sistema contable implicó primero a una unidad ( el uno) y después el dos (el otro), hay evidencias de que el tres y “otros muchos” fueron sinónimos durante amplios periodos de tiempo.
También sabemos que los animales saben contar si bien es cierto que sólo hasta cuatro -los más espabilados- y que se arman un verdadero lío cuando tienen que meter el cinco. Nuestro humano cerebro tiene bastantes más prestaciones a la hora de contar pero a pesar de que tenemos nombres para una inmensa cantidad de números no crean que tenemos muchas más habilidades para mantener mas de 6 dígitos en la cabeza simultáneamente: parece que el rango límite para oir las voces de una fuga está en nueve y por esta razón Bach escribió una sola fuga para nueve voces, siendo las más conocidas aquellas que tratan con 5 o 6 voces (las mas elaboradas y complejas), al parecer las personas comunes pueden procesar 5 o 6 elementos por vez y sólo algunas personas especiales pueden percibir las nueve voces de la fuga de Bach. El resto somos medianías.
Es cierto es que hay números que no miden nada como resulta con los números irracionales (como el phi) o los números imaginarios que no son de hecho inconmensurables sino sólo imposibles.
La pregunta entonces es ésta ¿si no miden nada qué son?
Son engendros matemáticos que sirven para dar consistencia a determinadas formulaciones matemáticas que tienen interés para las matemáticas. Tienen sentido para explicar o como explicación de ciertas abstracciones que carecerían de solución sin ellos. Como este anfibio entre el ser y la nada:

Imagínese usted una linea AB que se corta por la mitad 1/2 en un punto C. Ese punto existe realmente: y se conceptualiza como 1/2 o 0,5, es lo que entendemos como una mitad de algo, de una unidad. Los dos tramos originados por esa división valen igual 0,5 y esta idea numérica tiene sentido desde el punto de vista de la realidad real. Todos sabemos dividir por mitades algo, un pastel , una naranja o una ganancia, lo que sea. 0,5 es algo real, un numero real.
Esa misma linea la podemos partir en 3, 4, 5 o n partes, la podemos trocear en partes cada vez mas pequeñas, pero por muy pequeñas que las partamos por ejemplo 1/345 partes siempre habrá puntos de esa linea que queden por encima o por debajo de la partición. Esos números que quedan por encima o por debajo de la partición pero que en realidad forman parte del continuo de esa linea siguen siendo números racionales.
El numero phi, sin embargo, es un número que está entre 1,6 y 1,7. Y que no es contínuo con esa secuencia. Todo parece indicar que los números irracionales no están en esa linea, no pueden ser representados por un lugar determinado y práctico.
Representan por tanto una discontinuidad desde el punto de vista de la linea analógica donde representamos puntos ocupados precisamente por números racionales.
¿Pero por qué tiene decimales infinitos?
Pues por que no existen dos números enteros que divididos entre sí nos den ese resultado, por ejemplo 27/18 da 1,5 y y 45/27 da 1,66666667 un numero que a pesar de ser muy largo no es irracional. Los números irracionales son números que proceden de procesos internos de la propia matemática y no representan por tanto puntos que ocupen un orden o un lugar: son discontinuos respecto a sus amigos racionales.
Proceden del álgebra o de la geometría ideal.
El álgebra es un invento árabe que como el cero no nació para contar u ordenar nada sino para relacionar dos o mas variables entre sí. El número phi es pues un artefacto surgido del álgebra y de la geometría ideal euclídea con traducción decimal infinita. Es ésta:
Como puede observarse el número áureo es un artefacto que se forma sumando 1 con la raíz cuadrada de 5 y dividiendo el resultado por 2. Como todos los números irracionales no representa una continuidad en una sucesión de puntos en una recta sino que es y representa un orden de discontinuidad en la sucesividad que los números ayudaron a simbolizar.
Los números irracionales simplemente no pueden encajar en el universo sensible que conocemos, no encajan en una línea de puntos, simplemente es inútil buscarlos allí.
Y es muy poco probable que nuestro cerebro opere en los términos de irracionalidad que el álgebra propone, simplemente no existe ninguna conducta selectiva que dependa de ese tipo de cálculos, algo muy distinto a lo que sucede con las matemáticas bayesianas que estudian las probabilidades de que se de un determinado suceso. En este sentido es posible afirmar que nuestro cerebro está continuamente “haciendo cuentas” probabilísticas a pesar de que no sabe matemáticas.
Lo mas probable -tal y como dicen los evolucionistas con algún sentido filosófico- es que el cerebro a lo largo de la evolución haya buscado soluciones para un dilema cualquiera seleccionando las mejores y descartando las erradas. Luego los matemáticos tratarán de encontrar en una especie de “ingeniería inversa” el por qué. Lo que es lo mismo que decir que la evolución encuentra la solución a un problema y luego la conciencia humana se pregunta cómo lo hemos logrado.
Para ilustrar este fenómeno les voy a poner un ejemplo del que ya hablé en este post.
Un problema de decisiones de supervivencia.-
En el fondo el mar se encuentran un pulpo, un congrio y un bogavante. El mar -como ustedes saben- es un sitio donde se suele pasar mucha hambre y sabemos además que:
1.- El congrio come pulpo.
2.- El pulpo come bogavante.
3.- El bogavante come congrío.
¿Qué sucederá?
Sabemos que la regla fundamental de la selección natural es que es predecible que en un encuentro entre dos peces (depredador-presa) de distinto tamaño la tragedia se consumará, pero ¿irremediablemente?
¿Habría lucha en este caso?
¿Quien lucharía contra quién?
La cosa cambia cuando son tres en discordia y aquí está la excepción a la regla fundamental del “pez grande se come al pequeño”.
Pues lo que sucedería es que los tres personajes de nuestro episodio marino se mirarían los tres fijamente y ninguno osaría hacer nada. Lo que sucedería es nada y el trío se dispersaría. ¿Pero por qué?
Si el congrio come al pulpo entonces gana el bogavante (que come congrio), el congrío aun saliendo vencedor estaría ayudando a su depredador el bogavante.
Si el pulpo come al bogavante entonces gana el congrio (que come pulpo) y entonces el pulpo estaría ayudando al congrío que es su depredador natural.
Si el bogavante come al congrio entonces gana el pulpo (que come bogavante). Y entonces el bogavante estaría haciéndole la cama a su enemigo ancestral: el pulpo.
En la naturaleza es importante alimentarse pero también evitar ser comido o herido. También es importante no dar ventajas a un contrincante que en otro entorno pudiera convertirse en nuestro verdugo.
Los tres animales se enfrentan a un dilema probabilístico, un dilema matemático. ¿Cual es matemáticamente la mejor opción?
La mejor opción es amenazar y no hacer nada porque aquel que inicia la partida o toma la iniciativa pierde la partida.
En el caso en que dos de los protagonistas se enzarcen en una pelea, lo mejor para el tercero es huir, puesto que su vida dependerá de quien salga vencedor en la disputa.
La pregunta que haría un matemático es ésta: ¿saben matemáticas los tres especímenes para decidir no hacer nada que es la mejor solución para los tres? ¿Y si lo saben cómo lo saben?
Un filósofo platónico diría que en el cerebro de estos tres animales existe un conocimiento ancestral que les obliga a identificar a sus depredadores y a identificar las situaciones de peligro. Habría una especie de universal flotando por el lecho marino que haría de dique a las aspiraciones alimentarias de cada uno de ellos, habría un conocimiento innato, una especie de entelequia marina que les obligaría a tomar la mejor decisión.
Lo cierto es que en toda confrontación depredador-presa los animales hacen continuamente un balance donde hay un numerador donde pone “ganancias” y un denominador que se etiqueta como “costos”. Si esa proporción es positiva el animal atacará pero si es negativa el animal huirá.
Es una manera de decirlo pero en realidad el animal no sabe dividir ni sabe hacer operaciones aritméticas como ésta. La evolución se encargó de primar las estrategias más adaptadas, es decir en este caso la estrategia “no hacer nada cuando se den cita tres especímenes en el lecho marino”, del mismo modo que se encargó de premiar otras estrategias como éstas:
- Si el contrincante es más grande huir.
- Si el contrincante juega en casa (en su territorio) huir.
- Si hay riesgos para la integridad física no enfrentar.
- Hacerse el débil, mostrar una conducta infantil a fin de desactivar la agresividad del contrincante.
Como puede observarse la evolución optimizó los resultados siempre y cuando no nos encontremos con situaciones demasiado inciertas como por ejemplo que el tamaño de dos machos sea aproximadamente el mismo. O que el encuentro se de en un territorio neutral o que el beneficio por el territorio a ganar supere los riesgos. Aquí nos encontramos con el problema de la incertidumbre (50 y 50) de posibilidades, sólo en estas circunstancias podemos encontrar heridos o malparados.
Es por eso que en la rivalidad agonística (intraespecífica) los machos que compiten por un territorio o un harén de hembras no luchan a muerte (como en el caso de depredador-presa), puesto que la mejor estrategia en este caso no es la que liquida al adversario sino la que le hace huir. Hacer huir a un adversario ahorra costos tanto al que huye como al que permanece y es por eso que, en la naturaleza, los combates a muerte son muy raros si los comparamos con nuestra especie.
Pero si los animales hacen todas estas cosas tan inteligentes sin saber matemáticas es necesario decir ahora que nosotros los humanos -que tampoco somos matemáticos- lo hacemos bastante peor en cuanto a nuestros resultados prácticos.
Y sucede por una razón: entre nosotros el peso de la evolución en nuestra conducta es mucho menor que en los animales, hemos sustituido este “conocimiento evolutivo” por un “conocimiento cultural” que es mucho más rápido en su expresión que la evolución natural y frecuentemente se le opone en ese tipo de conflictos que llamamos conflictos organismo-individuo.
Algo que tiene sus ventajas desde luego pero también ciertas desventajas, la más importante de las cuales es que en nuestro entornos culturales hemos aumentado la incertidumbre o lo que es lo mismo: hemos disminuido las certidumbres.
Y por eso el homicidio en nuestra especie es mucho más frecuente que en cualquier otro mamífero gregario, el asesinato de hembras es un invento de nuestra especie, las luchas a muerte en general, la guerra o los asesinatos en masa son inventos humanos que serian impensables en el orden natural pues no son las mejores estrategias para dirimir conflictos (tienen demasiados costos).
El homicidio y la guerra no son pues subproductos naturales sino culturales.
Es por eso por lo que decimos que en los humanos estamos muy lejos de lo instintivo y muy cerca de lo pulsional que es el instinto después de pasar por el filtro del lenguaje, del sentido tal y como ya apunté en este post.
Y vivir lejos del instinto nos hace predecir que los humanos nos equivocaremos más que los perros a la hora de evaluar las amenazas de nuestro medio ambiente, parecemos más torpes que los lobos de una jauría a la hora de dirimir nuestros conflictos, pero en realidad somos tan torpes como ellos: no sabemos una palabra de matemáticas pero en comparación con aquellos tenemos y recibimos influencias culturales que operan negativamente sobre nuestras elecciones y es por eso que nos equivocamos más que ellos y parecemos mucho más sanguinarios sin serlo en realidad.
Después de esta incursión en algunos conceptos clásicos sobre psicología evolutiva y que vienen a demostrar que los cálculos probabilisticos no son operaciones artiméticas de los cerebros sino el resultado de la evolución natural que ha hecho sobrevivir a las mejores estrategias es hora de volver al tema central de éste y el post anterior, la pregunta del millón de dólares:
¿Existe en nuestro cerebro alguna estructura que sea sensible a la belleza?
¿Cuando vemos esta escultura es nuestro cerebro el que reacciona a ella como intuyendo que estamos delante de una de las obras de arte sublimes de la humanidad?
En el libro de Punset “Cara a cara con la vida ” recoge una entrevista a Helen Fischer donde dice :
“El Cerebro siempre busca la belleza”
Si, cuando vemos un rostro que nos agrada es porque simplemente estamos programado para ello, nuestro cerebro busca signos de fertilidad y salud en el sexo contrario. Por ejemplo, el cerebro de una mujer adulta buscara signos de fertilidad en el hombre, estos signos son muchos pero todos están relacionados a que cantidad que el feto del hombre haya estado expuesto a la hormona testosterona. Del mismo modo, el hombre buscara fertilidad en la mujer, inconscientemente buscara algún signo de salud, baja cantidad de testosterona y alta cantidad de estrógenos.
Naturalmente esto no tiene nada que ver con la belleza sino con el atractivo con fines reproductivos que es al parecer el programa que nos induce a buscar la simetría surcada por las hormonas en los rostros ajenos. Es curioso que muchos investigadores hayan llegado a similares conclusiones en la confusión de la elección de pareja y el concepto estético canónico de belleza.
Esta confusión no es banal: la mayor parte de la patología relacionada con la corporalidad no persigue la belleza sino el atractivo. No he conocido nunca ningún paciente psiquiátrico que haya enfermado por una búsqueda abstracta de belleza pero si conozco a muchos que enferman en la incertidumbre de resultar atractivo o no atractivo, lo que significa que los valores sobre la belleza (el atractivo) físico están siendo sometidos a una enorme presión cultural disminuyendo las certidumbres sobre qué es y qué no es atractivo en comparación con la belleza canónica que parece carecer de importancia en la patología.
Más realista me parece esta idea de Winkielman que está aqui
“Lo que nos gusta es una función de aquello para lo que nuestra mente ha sido entrenada”.
Lo que me sugiere que la verdad debe estar en un término medio que incluya tanto los cambios estéticos inducidos socialmente que proceden de un mundo velozmente cambiante con cánones y estilos contradictorios llenos de incertidumbre sobre lo valioso junto con la tendencia a la proporción a la que todo cerebro humano tiende a la hora de considerar algo como agradable o placentero.
En esta web hay un articulo interesante acerca de las diferencias entre como nuestro cerebro procesa la belleza canónica y sus modificados. Todo parece indicar tal y como he señalado anteriormente que existe un rango de proporción que “gusta” al cerebro.
Pero el peso más importante se lo lleva la idea de Winkielman: consideramos bello aquello que hemos aprendido a considerar como bello. Es por eso que los hombres sensibles al arrebato estético son precisamente aquellos que han sido sometidos a un aprendizaje precoz acerca de la belleza como valor abstracto cambiante pero al mismo tiempo inmutable.
Una contradicción que a algunos les provoca síntomas físicos: les llamamos síndrome de Stendhal.
Muy pronto en este blog.
Nota: El ejemplo del congrío, pulpo y bogavante ha sido extraido del libro de Jorge Wagensberg, “El Gozo intelectual: teoría y práctica sobre la inteligibilidad y la belleza”.


Cerebro y belleza (I)
Definir qué es belleza es algo realmente complicado a pesar de ser algo intuitivo. Lo que es seguro que el forcejeo entre belleza y subjetividad contiene una variable critica llamada “buen gusto” que suele ir unida a la formación intelectual y estética del individuo. Es evidente que el concepto de belleza no es algo universal si contamos con la inmensa mayoría de personas que carecen de gusto estético o que han sido alienados por “productos” estéticos deleznables.
De manera que aquellos que han intentado definir la belleza desde criterios científicos siempre se han encontrado de bruces con ese engendro lateral que conocemos con el nombre de formación, instrucción o cultura cuando no de otros menos aprehensibles como sensibilidad o el simple “buen gusto” al que me refería antes.
La pregunta entonces sigue siendo la misma ¿qué es lo que en arte consideramos sublime, universalmente sublime? ¿hay algun código que nos permita apresar cientificamente esas variables?
Esta misma pregunta se la hicieron muchos artistas, matemáticos, teólogos, filósofos y más recientemente psicologos como Fechner o neurocientificos como Llinás en su conceptualización de los qualia, a los que ya me referí en esta entrada.
En realidad los pensadores que dedicaron su vida a este menester pretendian encontrar la relación -si es que la hubiere- entre los números y la realidad. Una relación que siempre se mostró como misteriosa a partir del descubrimiento del numero phi que algunos llamaron proporción áurea, otros proporción sagrada y otros numero áureo.
No es de extrañar la tendencia de los especialistas en encontrar correlaciones entre este misterioso numero irracional y las proporciones que definen la belleza. Se trataba tal y como propuso Fechner de encontrar una explicación al fenomeno estético desde la ciencia, de abajo-arriba y no sólo atendiendo a las variables que proponen los artistas, de arriba-abajo.
¿Existe alguna condición que pueda ser formulada matemáticamente para explicar el arrebato estético?
El número phi fue descubierto por Euclides pero desde entonces ha sido encontrado desde las pirámides de Gizeh hasta las composiciones de Bach, desde los bocetos de Le Corbusier hasta los cuadros de Seurat, desde el Partenón hasta la Gioconda. Existe una inmensa literatura destinada a encontrar ese curioso número áureo en todas y cada una de las obras de arte que han impactado más profundamente a los humanos casi siempre desde una posición quasimistica que emparentaba el susodicho número con las ideas platónicas acerca de los universales.
Mario Livio en su libro “La proporción áurea” pasa revista histórica al devenir del concepto a la vez que nos muestra las razones para discriminar lo verdadero de lo falso, lo místico de lo real y las imaginaciones de la numerología áurea con las conceptualizaciones científicas de este engendro numérico que es el el numero phi.
Recordemos brevemente qué es el el numero phi:
Es éste, expresado tanto en forma algebraica como en un número decimal:
Lo realmente curioso de este número es que se trata de un número inconmensurable que significa que no se puede medir, como el número de granos de arena de una playa, se trata -matemáticamente hablando- de un numero irracional, es decir un número que no puede ser expresado como una fracción de enteros.
La característica principal que tiene un número irracional es que es un numero decimal sin fin, con infinitos decimales por así decir, algo misterioso para el cerebro humano que no puede abstraer la idea de infinito.
El caso es que el número phi se encuentra por doquier en la naturaleza y toma su nombre en honor del matemático medieval Fibonacci, famoso por sus cálculos sobre conejos, su invento contable que hizo las delicias de los mercaderes florentinos y por su curiosa serie de números.
1,1,2,3,5,8,13,21, 34, 55……………
Que se forman sumando los dos anteriores entre si y añadiendo el resultado al final de la serie. No voy a extenderme en contar a mis lectores las propiedades de esta famosa serie pero quiero sin embargo ofrecerles un truco que pueden usar para distraer y admirar a sus alumnos o personal en busca de distracciones matemáticas. Un truco que tiene mucho que ver con la serie Fibonacci pero que no es en realidad un subproducto de la misma sino de la regla fundamental que la coordina.
Un truco de prestitdigitación doméstica.-
- Elija usted dos números del 0 al 9 y escríbalos en un papel, asegúrese de que el segundo es mayor que el primero.
- Ahora súmelos y anote el resultado como tercer dígito en su serie.
- Vuelva a repetir la misma operación sumando el numero encontrado con el anterior.
- Repita la misma operación, tendrá usted en este momento cinco dígitos en su papel.
- Ahora divida el ultimo número con el penúltimo.
¿A que le da aproximadamente 1,618, es decir el numero áureo?
No es exactamente el mismo por definición: el número áureo es inconmensurable e irracional pero son aproximaciones.
Naturalmente cuantos mas elevados sean el dividendo y el divisor más aproximado será el resultado. Pero si les he puesto este ejemplo de matemáticas recreativas es para ilustrar el fenómeno que se encuentra oculto en la misteriosa serie Fibonnaci: siempre que usted construya una serie de números sumando el nuevo con el anterior se encontrará con un cociente similar porque lo que define esta coincidencia no está en la propia serie sino en las operaciones que la definen. De manera que puede construirse cualquier serie comenzando por cualquier número y si cumple esta condición de sumar el nuevo con su antecesor estará construyendo una serie nueva con el mismo resultado. Por ejemplo esta es la serie Traver:
0, 9, 9, 18, 27, 45, 72
Ahora oberven 9/9=1, y 18/9=2, pero 27/18=1,5 (ya vamos aproximandonos) y 45/27=1,66666667 y asi sucesivamente iremos aproximándonos al número áureo sin llegar nunca a él.
Dicho de otra forma: en una serie de números donde se cumpla la regla fundamental de que un nuevo número sea la suma de si mismo con el anterior nos vamos a encontrar con esta “misteriosa” propiedad que llamamos el número phi en sucesivas aproximaciones.
Una conclusión provisional.-
El número áureo es un engendro de la aritmética, de la forma en que contamos y no tanto algo trascendente que como las ideas de Platón se ubique en algún desconocido lugar dirigiendo o gobernando las leyes naturales.
Gustav Fechner fue el primero que intentó una aproximación a las leyes de la estética a partir de la experimentación psicológica. Fechner estaba interesado en medir matemáticamente las leyes que relacionaban los estímulos sensoriales con sus respuestas encontrando una relación logarítmica entre ellas (hay que señalar ahora que la espiral logarítmica es otra de esas figuras misteriosas que relacionan el crecimiento con el número phi). Aparte de ser conocido por esa ley (conocida como ley de Weber Fechner y sobre cuya importancia para las neurociencias ya hablé en este post, Fechner puso en marcha un experimento -muy criticado por su metodología- que trataba de obtener una muestra de sujetos que discriminaran sobre qué rectángulo de los que se les mostraron era más “elegante”. Naturalmente lo que encontró era lo que pretendía hallar: que aquellos rectángulos con proporciones más parecidas al 1, 6 eran considerados más elegantes por sus probandos. Sin embargo no encontró más elegancia ente los rectángulos áureos que entre aquellos que se le aproximaban.
Algo parecido sucede con la Gioconda, obra a la que se atribuyeron otros tantas aproximaciones al numero phi a partir de la idea de que el óvalo de su rostro había sido inscrito en un rectángulo áureo. Al parecer estas ideas son solo especulaciones si bien es cierto que ese rectángulo tiene proporciones racionales como el numero 1,6 que no es el número áureo aunque se encuentra muy próximo a él.
En la música también nos vamos a encontrar con este misterioso numero phi sobre todo en los intervalos de sexta mayor y sexta menor.
Si observamos la frecuencia en hertzios de una escala media (cuarta octava) de 7 notas podemos observar como:
Do=261,63
Re=293,66
Mi=329,63
Fa=349,23
Sol=392,00
La=440,00
Si=493,88
La proporción entre sextas mayores (Do-La o Re-Si) se aproxima bastante al número aureo (sin coincidir del todo con él). El resultado es (para Do-La) 1,68176……y para Re-Si, 1,6818…..
Sin embargo la proporción entre terceras mayores como por ejemplo Do-Mi o o Fa-La dan los siguientes resultados. Para la primera tercera, 1,2599…..y para la segunda tercera 1,2599… aproximadamente el mismo resultado.
¿Significa esto que las sextas mayores son más elegantes, placenteras o estéticas que las terceras mayores?
Naturalmente que no, lo que es cierto es que todos los intervalos fluctúan en mayor o menor medida alrededor de estas cifras siendo los intervalos disonantes los más alejados de ese rango entre 1,1 y 1, 9 siendo más disonantes cuanto mas cerca se encuentren del 1 y del 9. Por ejemplo la proporción entre Do y Re (segundas mayores) es en esta escala igual a 1,1224…y la septima mayor Do-Si da 1,88770….
¿Y significa esto que los intervalos disonantes son menos elegantes o placenteros desde el punto de vista estético que los intervalos consonantes?
La respuesta es no.
Todo depende del contexto, sin embargo existe una regla que extraer de todos estos hallazgos: el rango de armonía entre dos intervalos cualesquiera va desde 1,1 a 1, 9 o dicho de otra manera, todo parece indicar que nuestro oído está diseñado para percibir como armónicos o proporciones acústicas idóneas a aquellos que se encuentran entre ese rango de cifras.
La primera de mis conclusiones es que en el universo estético en que habitamos existe una tradición que es indisociable de la cultura en que vivimos que toma como referencia a la base decimal (base diez) para contar y que nuestro cerebro evolucionó culturalmente con esta tradición de pesas, medidas y sonidos u otras muy parecidas. Es innegable que lo que entendemos como cánones estéticos están muy cerca de esa proporción cercana al 1, 6 (un número racional), dado que la belleza es usualmente definida como patrón de proporción, un concepto heredado de los griegos a través de las palabras Logos (proporción de palabra justa y precisa) como de Kairós, momento o espacio oportuno para que algo significativo suceda.
Sin embargo el numero phi no es la única constante canónica de la naturaleza aunque casi siempre son números racionales o irracionales como el conocido número pi. No todas las flores tienen un número de pétalos Fibonnacci. Las flores de los limoneros, los naranjos o los laureles no crecen siguiendo las leyes que tanto impresionan a los naturalistas. Significa que la evolución ha encontrado distintas formas de encajar sus proyectos con el medio ambiente que las circunda. Es por eso que las abejas construyen paneles hexagonales y no pentagonales (el poliedro áureo por antonomasia) a pesar de que podamos calcular el número de zánganos de una colmena por el metodo Fibonacci.
Si ustedes tienen pavimento en sus casas ya sabrán porque casi siempre sus mosaicos son triángulos, cuadrados, rectángulos o hexágonos pero nunca pentágonos. La razón es que los pentágonos por mucho misticismo que acumulen no suelen encajar en un espacio dado: el número phi es bueno para crecer pero no tanto para pavimentar suelos.
La segunda de mis conclusiones es que el cánon de belleza clásica emergente del renacimiento ha sufrido ya demasiados varapalos para entender que cada época construye un modelo de belleza bien distinto. El cubismo por ejemplo representó una ruptura tanto de las formas totales como de las simetrías adentrándose en la investigación de las partes y del sentido profundo y simbólico de los objetos que representaba, un paradigma siempre roto por todos los ismos posibles desde el siglo XVIII para acá.
Simplemente lo que encontrábamos bello ayer puede ser considerado vulgar hoy lo que nos aleja de esa visión trascendente de la belleza que tantos ardores consumió en los investigadores que olvidaron quizá inconscientemente que los patrones de belleza cambian con la cultura que los define.
Otra pregunta interesante en relación con este tema es si nuestro cerebro sabe matemáticas o si las matemáticas son una abstracción que como el Minotauro consume bienes exógenos o se alimenta de sus propias teoremas y formulaciones. Pero esta pregunta es demasiado compleja para ser planteada en este espacio por alguien que carece de los suficientes conocimientos de matemáticas para contestarla.
Ruido y señal
Claude Shanon fue un ingeniero eléctrico y matemático que pasará a la historia por haber puesto los cimientos sobre lo que hoy entendemos como teoria de la información de la que se han derivado múltiples modelos adaptados a la psicologia: la mas importante es la teoria de la comunicación cuyas aplicaciones han ido más allá de la psicología ubicándose en disciplinas tan alejadas como la cibernética, la antropología o la lingüistica. Por supuesto tambien entre las neurociencias.
La teoria de la comunicación nos permitió entender los organismos vivos como algo complejo y no lineal en oposición a como nos lo presentaban tanto las psicologias comportamentales (estimulo-respuesta) como las teorias psicoanalíticas (consciente-inconsciente) es posible afirmar hoy que los desarrollos informacionales con que nos representamos tanto los sistemas sociales como los sistemas vivos (como el cerebro) están mas cerca de la idea de Shannon que de la de Freud.
Hoy estamos acostumbrados a entender el cerebro como un sistema abierto que comparte con otros sistemas una de sus caracteristicas comunes: es algo que comparte e intercambia energia e información con el medio ambiente. Esta idea parece banal pero es precisamente la que nos permitió entender el cerebro como algo dinámico, algo en movmiento que no solamente se representa la realidad sino que ejecuta constantemente predicciones acerca de la misma, además de eso sabemos que esa realidad modula esas predicciones gracias a la capacidad del cerebro de autoorganizarse, pues una de las características de los sistemas abiertos es precisamente su tendencia a la autoorganización.
La teoria sistémica fue la consecuencia de la aplicación practica en el terreno de la psicologia de estas nuevas teorias que se proceden de campos diversos y se conocen con el nombre de teorias de información o comunicación. En un primer momento – y gracias a la escuela de Palo Alto en California bajo la dirección de Gregory Bateson- tuvo un desarrollos tanto teóricos como prácticos pero orientados a sustituir las psicoterapias individuales por modelos sistémicos donde se hacia recaer el énfasis en las familias de los individuos y no tanto en sus conflictos intrapsiquicos a los que la teoria sistémica considera especulaciones indemostrables o meras hipótesis.
Nombres como Watzlawitz, Haley, Jackson, Minuchin o Margaret Mead han quedado indefectiblemente unidos a aquellos años gloriosos donde los sistémicos doblegaron la tendencia a considerar solamente el discurso de los individuos o la observacion de su conducta como prueba de su subjetividad y trasladaron la observación a su entorno como anteriormente los etólogos habian hecho con su disciplina original: la zoología. Cuando los animales se observan en su medio ambiente aparecen conductas que no suceden estando en cautividad y que por supuesto no pueden observarse en individuos enjaulados o fosilizados. Desde entonces sabemos que el estudio de lo humano no puede separarse de lo contextual. La observación del individuo aislado carece de sentido y solo nos puede llevar a errores conceptuales.
En suma la teoria sistémica o informacional puede resumirse en estos cuatro bloques de verdades:
- es imposible no comunicarse: hasta el silencio contiene información sobre el emisor.
- el mensaje es casi siempre necesariamente ambiguo porque contiene información sobre lo que se dice y información sobre la manera en que se dice: asi hablamos de connotación y denotación.
- la secuencia causal de comunicación es establecida por el emisor y el receptor y es un acto de consenso y creatividad que se realiza en base a la no linealidad. Podemos pensar que estamos respondiendo cuando en realidad estamos proponiendo o prescribiendo algo, este es uno de los motivos mas frecuentes de discusiones y desacuerdos en lo cotidiano.
- los intercambios comunicacionales o son simétricos (entre iguales) o complementarios (entre diferentes).
Poco a poco fuimos cambiando la jerga, dejamos de hablar de transferencia, inconsciente, complejos, castración, forclusión y comenzamos a adoptar la jerga de la cibernetica, asi hablamos de redundancia, señal, relé, reseteo, contexto, etc.
Y a medida que cambiábamos la jerga fuimos cayendo en la cuenta gracias a los ordenadores de que nuestros cerebros podian describirse en términos de máquinas computacionales gobernadas por reglas que se aprenden y desaprenden constantemente y que ponen al individuo frente a nuevos retos derivados de lo equívoco del lenguaje, es decir de la información que recibe y de los filtros que pone en juego.
Un antiguo maestro mio en psiquiatría solia decir de una manera casi profética que los hallazgos más interesantes de nuestra disciplina no procederian de la medicina sino de los ingenieros informáticos. Cada dia parece estar más próximo el momento en que estos profesionales sean capaces de construir una máquina que no sólo simule sino que emule al cerebro humano: sucederá cuando seamos capaces de diseñar ordenadores cuánticos, es decir ordenadores que no estén basados en sistemas binarios de elección sino que contemplen la posibilidad -tal y como sucede en el cerebro humano- de que una cosa sea cierta y tambien su contraria. Que una cosa esté aqui y esté alli simultáneamente. Que podamos saber algo e ignorarlo al mismo tiempo. Que podamos elegir entre discontinuidad y continuidad en las alternativas desplegadas tal y como hacemos los humanos.
Y cuando tengamos a punto esa máquina podremos comprender mejor el funcionamiento de nuestro cerebro y podremos además modificarlo a voluntad, no desde la quimica sino desde la fisica. El futuro de la psiquiatria y de las neurociencias en general está mas cerca del MIT que del Hospital más cercano, más cerca de la robótica que de la genética molecular. No dejen ustedes de visitar la web de laboratorio de productos media del MIT que está aqui.
En términos cibernéticos ruido es todo aquello que no contiene información alguna, mientras que la señal es aquello que contiene información y por tanto es subsidiario de -sobrepasado un cierto umbral- ser decodificado en términos de información con sentido (significado), procesado y guardado en la memoria.
El problema es que en términos cibernéticos no existe información separada del ruido: vienen en el mismo paquete, es por eso que el cerebro no va a percibir señales limpias desde el exterior sino señales contaminadas que viajan galopando en una base de ruido que no contiene información por si misma y que nos obliga al esfuerzo de discriminar constantemente lo relevante de lo irrelevante cuando no lo verdadero de lo falso. Y por eso lo importante es la relación, el cociente entre señal y ruido más que los valores absolutos del mismo.
Lo mismo le sucede a nuestro cerebro: posee una actividad intrínseca permanente que es ruido neuronal, es decir el ruido que genera la casi continua actividad de nuestras neuronas. De manera que tenemos ruido afuera y ruido adentro sobre el que van acabalgadas las señales que contienen información relevante tanto en lo que percibimos de afuera como en lo que predecimos desde dentro.
Naturalmente ese ruido no implica audición puesto que no es una señal acústica que pueda llegar a ser audible por nuestros oídos, ni siquiera es una señal que podamos percibir puesto que no alcanza la suficiente intensidad como para traspasar el umbral de nuestra percepción.
Sin embargo es bueno saber que una señal relevante que comunica algo a alguien es siempre una onda que va montada sobre esos carriles que hemos llamado ruido, de tal modo que el aumento del ruido indefectiblemente dará lugar a una potenciación de la señal. O dicho de otra manera si queremos hacer que una señal traspase el umbral perceptivo una forma de hacerlo es aumentar el ruido del sistema. Otra forma es aumentar la redundancia de la señal, es decir repetirla y otra forma es aumentar directamente la intensidad de la señal.
Eso es lo que hacemos cuando damos a un paciente depresivo un antidepresivo, un analgésico al jaquecoso o una sesión de acupuntura a un paciente con dolor neuropático.
Algunos investigadores como Sapirstein se empeñaron hace algun tiempo en averiguar si los inhibidores de la recaptación de serotonina eran realmente antidepresivos, algo que siguen preguntándose muchos otros clinicos con distinta suerte. Lo que encontró Sapirstein era que alrededor de un 30% de los sujetos afectos de depresión mejoraban con el placebo. Pero que aquellos que tomaban un inhibidor de la recaptación de la serotonina en este caso el Prozac presentaban mejorias mas amplias: al decir de este autor:
Está admitido que el efecto de los antidepresivos comercializados y que han demostrado su efectividad en el tratamiento de los desordenes afectivos – una efectividad que ronda el 70 %- basan sus efectos en una mezcla de efecto placebo (50%), mecanismo inespecificos (23%) y por último a la efectividad del propio fármaco (27%) .
Lo que significa que los celebres IRSS no serian tanto antidepresivos per se, sino ruido adosado a una señal inespecifica en términos cibernéticos, es decir un producto químico que operaria en las sinapsis serotoninérgicas aportando señales de un incremento de la producción del citado neurotransmisor y que provocaria un reajuste total del cerebro y de todos los subsistemas de neurotransmisión mejorando algunos sintomas depresivos de rebote. Sapirstein apunta que la mayor parte de los efectos de los IRSS son inespecificos, es decir no apuntarian a dianas depresivas sino quizá hacia un sistema de generación de indiferencia frente a las señales de estrés que también en buena parte contienen ruido. En este sentido seria más apropiado llamar a los IRSS fármacos antiestrés que fármacos antidepresivos.
Pero los IRSS tampoco están exentos de operar como placebos caros puesto que en una cápsula de un producto quimico no solo hay empaquetada una señal bioquimica sino además de eso una buena dosis de ruido. Y lo más sorprendente de esta cuestión es: que los efectos adversos secundarios de un fármaco aumentan su efecto placebo lo que significa que siempre será mas activo algo que provoque algún malestar que algo inerte que no contenga la capacidad de inducir molestia alguna.
Es por ello que el placebo más potente que se conoce en medicina es la cirugia. La cirugia solo por el hecho de planearse cura a pacientes siempre que crean que han sido intervenidos de verdad tal y como aparece en esta noticia extraida del New York Times.
Lo que significa que el efecto placebo no solo puede curar las no-enfermedades sino las enfermedades genuinas y que seguramente lo hace a través del procedimiento señalado en este post como incremento del ruido. No porque el ruido en si mismo provoque cambios sino porque incrementa la señal (en este caso la expectativa de curación) y al aparecer esta señal el cerebro no tiene más remedio que reorganizarse y esa organización suele tener lugar en el sentido de lo que el individuo espera de ella. Es por eso que los antidepresivos tiene efecto tanto si tocan la serotonina, la noradrenalina o la dopamina, de lo que se trata en cualquier caso es de que el cerebro se desorganice para encontrar una nueva estabilidad , cosa que tendrá que suceder necesariamente pues ha de adaptarse al fármaco para lo que precisa cierto tiempo, es por eso que los antidepresivos tienen un periodo refractario en que carecen de actividad alguna.
Aunque a veces puede suceder todo lo contrario y entonces hablamos de efecto nocebo.
Lo curioso es que el efecto placebo y el efecto nocebo pueden darse en ausencia de aplicación de fármaco alguno y pueden operar incluso en psicoterapias, exploraciones médicas o cirugia. Lo que señala en la dirección de que ambos efectos preexisten en el cerebro y parasitan u ocupan las mismas vias de curación que utilizan algunos fármacos diana: por ejemplo el efecto placebo sobre el dolor aumenta los opiáceos del mismo modo que si esos opiáceos fueran administrados de forma exógena. Y pueden darse además los mismos fenómenos de efecto nocebo que si tomaramos morfina, la hiperalgesia secundaria, algo que se conoce con el nombre de efecto en espejo: lo contrario de lo que se espera:
- La morfina provocaria hiperalgesia.
- La atropina salivación.
- El alcohol hipertermia.
- Los tranquilizantes excitación, etc.
Creo que mi maestro tenia mucha razón cuando intuyó que el futuro de los tratamientos estaría en manos de la tecnología cibernética mas que en manos de la química orgánica, haciendo un ejercicio de ciencia ficción podriamos empezar a pensar qué sucederá cuando seamos capaces de aportarle al cerebro desde fuera señales que aporten información coherente con la propia actividad cerebral, algo que podriamos hacer ya con radiofrecuencia o con estimulación magnética cerebral, un campo que aun se encuentra en sus inicios pero que promete.
Aunque seguramente la mejor noticia seria encontrar una tecnologia capaz de reproducir el efecto placebo a voluntad no mediante el engaño o los trucos del hipnotizador sino con el conocimiento tal y como propone Arturo Goicoechea. No hay que olvidar que nuestro cerebro es el resultado de la evolución que prefirió modelizarse a partir de la información y no tanto de la energía que pudiera intercambiar con su medio ambiente que en cualquier caso es siempre irrisoria comparada con la cantidad de información que somos capaces de gestionar.
Aqui tienen ustedes una aplicación practica de la colisión entre dos patrones similares para la producción de ruido, ya se emplea en fabricas de textil.
El efecto moiré: cuando dos patrones similares se superponen se crea una interferencia (ruido), pero podemos observar en la web que he linkeado anteriormente que esta interferencia posee propiedades casi mágicas, algo que podemos oir frecuentemente en música (en el sonido) percibimos un sonido que no ha sido emitido (un acoplamiento) y que se debe a la interferencia entre dos sonidos superpuestos. El lector puede experimentar con el efecto moiré propuesto en la web señalada aumentando la frecuencia de los colores que componen la muestra, el efecto moiré es muy usado en fabricación de textiles precisamente para -sin aumentar el numero de tintes- provocar efectos nuevos en la tela.
¿Podriamos usarlo en el cerebro?
¿No es eso lo que conseguimos cuando damos un fármaco para remediar un sintoma cualquiera dependiente del sistema nervioso central?
La violación a la luz de la psicología evolucionista
La agresión sexual es una excepción en la naturaleza pero es muy frecuente en nuestra especie, la explicación de este fenómeno desde el punto de vista evolutivo es compleja, por una parte se ha señalado (Thornhill & Palmer, 2000) que la violación y la supervivencia de esta estrategia en nuestra especie se debe a que los hombres que adoptan esta conducta deben encontrar alguna ventaja -evolutiva- en la misma, en el sentido de una mayor supervivencia de sus genes.
Personalmente no creo en esta teoría, por la razón siguiente. La violación sólo puede definirse en la especie humana dado que en el resto de las especies no existe una pulsión sexual disociada de la reproducción, las hembras son inaccesibles fuera del estro y cuando lo son no hay manera de definir claramente lo que es de lo que no es violación, ya he dicho que no hay sexo sin agresión, sin inmovilización y sin huida (cortejo o ritual).
Lorenz ha descrito en los gansos una conducta de violación que sucede cuando dos gansos forman una coalición de amistad: una coalición que desde el punto de vista territorial es muy potente, superior a la de cualquier pareja heterosexual.
Este entramado de amistad llega a parecerse en casi todo a una unión homosexual, hasta que una hembra hace su aparición en escena y uno de los gansos “la viola”, pasando poco después a formar parte de esa extraña coalición à trois. Lorenz interpretó este triángulo como una reorientación sexual de la pareja de “gansos homosexuales” incapaces de copular entre ellos pero también puede ser interpretado como una forma de poliandria.
Seguramente esta coalición à trois representa muchas ventajas para la hembra elegida ¿podemos entonces hablar de violación?
Si en la especie humana la violación fuera una estrategia copulatoria evolutivamente estable en el sentido de Trivers sería la regla y no la excepción, dado que los machos podrían así eludir el pago o el costo de sus cópulas, por no hablar de sus compromisos de nursing.
Además podría haberse inventado inmediatamente una contraestrategia evolutiva que sería incluso mejor: las hembras podrían dejarse violar, con lo que los genes de los violadores se extinguirían a favor de las hembras “que quieren ser violadas”. Ninguna de las dos cosas ha sucedido, y aunque las fantasías de violación son constantes en las hembras humanas, no resulta así en sus conductas prácticas de donde puede deducirse que violar hembras no es una estrategia evolutivamente estable, lo mismo sucede con el canibalismo que es una estrategia alimentaria prácticamente extinguida.
El problema a mi juicio depende de la misma definición de la palabra violación, que supone una conducta copulatoria forzada contra la voluntad de la hembra, una definición más cercana al mundo jurídico que al biológico. ¿Qué podría significar en el paleolítico cuando aun no existía el derecho a la libertad sexual, copular contra la voluntad de la hembra? No me es posible imaginar qué sentido tendría en el paleolítico este constructo; en medio de una horda primigenia la conducta que hoy llamamos violación. Lo que quiero decir es que en aquella época casi todos los coítos podrían ser considerados, observados con los ojos del hombre de hoy, violentos en tanto que las relaciones sexuales están y con más razón debieron estar casi siempre presididas por las relaciones de rango y dominancia.
Es muy poco probable que los machos pidieran permiso a las hembras para copular y es también dudoso que estas se sintieran forzadas en un mundo donde otras amenazas y carencias estaban en primer plano y donde el coito debió ser el pago con que las hembras subordinadas compensaban sus aportes alimentarios, el cobijo y la protección de sí mismas o sus crías.
Si el sexo forzado acabó evolucionando hacia el sexo consensuado e incluso hacia la monogamia es porque aquella estrategia no era lo suficientemente buena y podía mejorarse. La fusión entre ambos programas – dominancia y reproducción – con la necesaria regresión filogenética es lo que probablemente sucede en el violador actual, aunque es necesario contemplar otras circunstancias.
Entre los agresores sexuales se ha señalado (Malamuth 1996), la deprivación sexual como un factor causal de la agresión. Los hombres prefieren mayoritariamente las relaciones sexuales a corto plazo y es precisamente en ese terreno donde tienen problemas de agresión con sus parejas quizá debido a que sus estrategias de preferencia (el corto plazo) les lleva a sufrir dificultades periódicas en el acceso sexual, al que las mujeres por lo general no acceden fácilmente.
Otros por el contrario no tienen problemas en encontrar parejas eventuales pero si los presentan a la hora de retener a sus parejas que sólo consiguen mediante la intimidación. Todo parece indicar que las estrategias a corto y a largo plazo en la seducción de parejas difieren en relación con el sexo y se trata de un programa filogenético distinto a la retención de la pareja a largo plazo y que identifica dos grupos distintos de machos maltratadores.
Ambos patrones parecen corresponderse con dos dimensiones de la personalidad entre los hombres: al primero le llamaremos modo indiferenciado, se caracteriza por el énfasis que realizan en su búsqueda de contactos sexuales a fin de mantener su autoestima y la medida de éxito con sus pares, al segundo le llamaremos hostil, combina inseguridad, hipersensibilidad y un placer en dominar sobre todo a las mujeres.
Los dos modelos, sobre todo el segundo tienden a acumular decepciones y una historia de rechazos por parte de las mujeres en el corto plazo. Los hombres que acumulan este tipo de percepcion de humillaciones y manipulaciones en su historia relacional con mujeres tienen mas riesgo de resultar agresivos con ellas dado que han llegado a inhibir la empatía y la simpatía necesarias que son los afectos que inhiben la agresión en el ser humano.
Al margen de la teoría de la deprivación, se ha intentado explicar la agresión sexual desde la teoría del rango (Price 1967) Para reproducirse el hombre tiene que competir con otros machos para ganarse el derecho al sexo. ¿Es posible entender que los violadores sean precisamente los perdedores en esta competencia entre machos?. En mi opinión es muy posible especular que son aquellos que han caído en lo más bajo de la jerarquía social a través de su incompetencia con otros machos los que reorientan su agresión intrasexual hacia los más débiles sean hembras o niños.
Se ha especulado (Eibl-Eibesfeldt, 1990) que también en la pedofilia y en ciertas practicas sadomasoquistas lo que se persigue es la fusión entre los programas de rango y sexualidad tratando de recuperar con las víctimas lo que se perdió en la competencia con otros machos a partir del arousal o excitación que procede de las relaciones de rango, superioridad o autoridad En este sentido, pues, la agresión sexual sería el resultado de una reorientación de la agresión, en un sentido menos social y caballeroso que los pececillos de Lorenz, en un sentido más humano y deshumanizado: una agresión que va del macho a la hembra, del fuerte al débil, del poderoso al necesitado.
A menudo nos olvidamos de que la sexualidad humana sea reproductiva o no está presidida por una serie de rituales reptilianos relacionados con el rango y la jerarquía, quizá las sociedades civilizadas hayan blanqueado de tan forma las reglas del juego que las hagan irreconocibles para determinados individuos que no saben a qué atenerse con respecto al acceso a las hembras. Confundidos de tal manera, determinadas personas pueden hacer regresiones a situaciones filogenéticas donde el sexo sólo puede ser entendido como algo forzado.
Este tipo de confusión y frecuentes desencuentros se deben a dos factores: el primero es que el número de mujeres disponibles en el corto plazo es sensiblemente menor que el de varones por lo que las oportunidades de tener éxito es mayor para las mujeres, el segundo argumento es que se producen interferencias entre las estrategias de los hombres y las mujeres, según busquen parejas para el corto o el largo plazo, significa que la estrategia del uno interfiere en la estrategia del otro, y da como resultado una decepción, humillación y el consiguiente rencor (Buss 1999) El acceso a las hembras en nuestras sociedades opulentas parece estar presidido por una serie de reglas secretas que casi todo el mundo respeta y conoce intuitivamente aunque casi todo el mundo niega u oculta, algunos individuos simplemente son incapaces de procesarlas.
Buss las agrupó en 1994 a partir de un análisis transcultural de las preferencias en la elección de pareja:
1.- Las hembras humanas resultan atraídas por el estatus social de los hombres (con alguna divergencia entre si el flirt es a corto plazo o a largo plazo (Buss 1988) y la superior edad (Grammer 1995). Estas preferencias no tienen relevancia en la elección sexual de pareja de los hombres
2.- Los hombres buscan relaciones con parejas anónimas, desconocidas mientras que las hembras entienden que los machos desconocidos son una amenaza en el corto plazo (Lewis et alt 1995) .Tanto en el corto como en el largo plazo los hombres buscan mujeres jóvenes y sumisas (citado por Mc Guire y Troisi, op cit)
3.- Las mujeres hacen continuamente balance entre su tarea reproductiva y sus labores de nursing cuando eligen pareja con independencia de que hoy la reproducción sea electiva, la elección de la mujer viene dictada por la presión evolutiva de sus programas genéticos y por tanto su elección de pareja viene determinada a partir de esa presión selectiva. El número disponible de mujeres que buscan relaciones sexuales a corto plazo es sensiblemente menor que el de los hombres. Si a eso añadimos que los hombres de mayor rango acaparan dos o más mujeres, significa que existen muchos hombres que no consiguen mantener relaciones a corto plazo con ninguna mujer.
4.- El hombre, tiene que disponer de un cierto “patrimonio” para hacer frente al pago o costo que la mujer le exigirá antes de confirmarle como pareja o acceder al coito con él. Hacer regalos, proporcionar comida, la destreza en construir nidos o excavar una buena madriguera son las demostraciones que los machos, en toda la escala animal deben de acometer antes de ganarse el derecho a reproducirse. Todas estas reglas enunciadas pueden resumirse, en nuestra especie a una regla fundamental: sólo la mujer sabe cuando o a qué precio cederá (Bataille, 2000). El hombre no puede hacer nada sino competir con el resto de los machos acumulando bienes, destrezas, habilidades de seducción que muy a menudo son engaños, o rango social que por si mismo resulte un buen reclamo para las mujeres, y eso es lo que hacen , la mayoría de ellos con mayor o menor éxito y criterio.
Otros, más confusos optan por el recurso de la dominancia y es ahí precisamente donde se encuentran la gran mayoría de agresores sexuales, tanto en el corto como en el largo plazo, aunque existen dos motivaciones bien diferentes. El agresor sexual a corto plazo, aquel que tiene problemas para seducir a una pareja sexual opera por rencor, mientras que el agresor a largo plazo, es decir aquel que tiene problemas para retener a su pareja lo hace por celos.
El recurso a la intimidación que podemos contemplar en las relaciones de rivalidad agonística entre machos es precisamente el recurso que algunas personas utilizan para el control de la conducta de sus esposas o parejas sexuales. Este patrón que ha sido señalado repetidamente por distintos autores da cuenta de la universalidad de este tipo de reacción aventurándose (Wilson y Daly 1982) a especular que es precisamente la incertidumbre del macho respecto a su progenie la causa última, en el largo plazo, de este desesperado intento por controlar la conducta del partenaire, así como la causa de los celos que según los autores señalados son los responsables de la mayor parte de las agresiones sexuales en parejas institucionalizadas, una amenaza que es posible predecir a partir de ciertos parámetros culturales como son: la edad de la mujer, el índice de divorcios o el grado de independencia de la mujer. Aparte de la ausencia de depredadores nuestra especie se encuentra con otro problema adicional y es que los rituales – programas genéticos- que gobiernan nuestras relaciones con los demás se han visto sometidos a cambios culturales que han terminado por dejar el escenario de nuestras posibilidades con respecto a la agresión más vacío que la nevera de un soltero, ya he hablado de la posible reorientación que afecta a la agresión intrasexual entre machos en dirección hacia las hembras.
En ausencia de esos rituales inhibidores que podrían socializar la agresión individual el hombre no puede sino manejarla con sus propios medios intrapsíquicos, puede reprimirla, desplazarla o transformarla en categorías opuestas o, si todo fracasa efectuar regresiones puntuales, es decir retrotraerse a escenarios filogenéticos más antiguos, a fin de evacuar su agresión, bien proceda del miedo, del odio o como es más frecuente en el hombre moderno de la desesperación, una forma de agresión que procede de la confusión y la perplejidad, de no saber cuales son las reglas que gobiernan el acceso a las mujeres.
La manada egoísta
WD Hamilton fue un etólogo precursor de la sociobiologia de Wilson e inventor de una nueva disciplina que conocemos hoy con el nombre de psicologia evolucionista o darwiniana que, a su vez, ha tenido mucha influencia en las conceptualizaciones modernas en neurociencias, sobre todo en lo que respecta a conceptos como territorialidad, conducta sexual, cooperación, agresión y organización social.
En este video hay una buena explicación de qué es la sociobiología.
Entre sus aportaciones, ya clásicas, hay que señalar estas dos fundamentales: sus aportaciones sobre el egoismo/altruismo que más corrientemente se conoce como la regla de Hamilton, una sencilla fórmula matemática que explica -en parte- el éxito evolutivo del altruismo y permite calcular la toma de decisiones de un individuo a la hora de salvar a otro de la misma especie -con riesgo para la propia vida- y con el que se encuentra emparentado. Hamilton descubrió que la lógica que se imponía en este cálculo de riesgos era el egoísmo genético y aunque hoy su teoria -vista desde el punto de vista del gen- se encuentra muy criticada y en cierto modo superada por las aportaciones de la teoria de los juegos, (vease “el dilema del prisionero“), lo cierto es que nos brindó un punto de vista nuevo a la hora de entender como operaba la evolución a la hora de calcular costos y beneficios.
Sin embargo una aportación de similar importancia a su teoria explicativa acerca de la persistencia del altruismo, es su conocida teorización sobre la geometria de las manadas. Intuyó que en las marchas nomádicas de ciertos rebaños de herbívoros existia un orden casi militar de desfile. Para mí lo importante de su formulación reside en la descripción que hace de los lugares de honor en esa marcha que no son otros sino el centro. La periferia de esta columna es ocupada por aquellos sujetos prescindibles desde el punto de vista del rebaño: los viejos, los heridos, los huérfanos o las climatéricas son los individuos que son desplazados a estos lugares de riesgo y los que pierden la vida con mas facilidad en su trashumancia por las praderas africanas.
Este hallazgo -aunque parezca banal- tiene una enorme importancia en psicologia humana porque entronca con uno de los temores humanos mas conocidos y universales: el miedo a la exclusión social.
No cabe ninguna duda que el miedo a la exclusión social es un temor que evolucionó conjuntamente con la mayor complejidad de la organización social y que sólo puede darse, por tanto, en especies gregarias, en aquellas que viven en manadas o clanes, cazan y comen juntas y que disponen de ciertas reglas para organizar tanto la alimentación, la crianza y defensa de los cachorros y el acceso a las hembras. Y no cabe duda de que nosotros los hombres procedemos de una estirpe de simios que combinó dos estrategias aparentemente opuestas en tanto en cuanto a la búsqueda de alimento y de caza, me refiero a que somos el resultado de una adaptación a entornos cambiantes, fluctuantes e inciertos que exigían tanto permanecer como explorar. Asentamientos y migraciones alternaron durante eones de tiempo mientras nuestros ancestros buscaban comida, se aseguraban protección en determinados entornos naturales y constituian entramados sociales cada vez mas complejos hasta la llegada de la agricultura en el Neolítico que revolucionó nuestro sistema social de un modo colosal.
Del mismo modo la protección del clan es necesaria para que los hombres sobrevivieran, es imposible hacerlo en solitario debido precisamente a esta dispersión de los recursos, las escasas habilidades para la carrera y por tanto el escaso éxito predecible para un cazador solitario. Vivir en grupo es para el individuo un seguro de vida, el excluido del grupo estaba condenado a muerte por inanición o a ser devorado por una fiera.
No es de extrañar pues que el miedo a ser desplazado al borde de la manada sea un terror que aun permanece en nuestro imaginario.
Lo que sucede es que nosotros, los humanos disponemos de un registro adicional para enfrentar ese miedo, me refiero a la corteza cerebral que añade y resta condiciones simbólicas a ese “miedo a la exclusión” que en los animales es muy fácil de definir pero no tanto en los humanos por nuestra capacidad casi infinita de construir símbolos y analogías.
Para nosotros los humanos “ser excluido de la manada” tiene prolongaciones semánticas alguna de ellas tan alejadas de su propósito inicial que resultan casi irreconocibles o imposibles de seguirles el rastro. Sin embargo en otras ocasiones este miedo resulta muy cercano al horror al ágora que en la pradera algunos herbivoros deben sentir cuando son desplazados a la periferia. Me refiero a las minorias étnicas: se sabe que la pertenencia a una de estas minorias favorece el desarrollo de casi todas las enfermedades mentales conocidas, naturalmente me estoy refiriendo a una minoria étnica desplazada de su lugar de origen, condición sine qua non para ser considerada como tal, tambien es sabido que los entornos urbanos propician el desarrollo de enfermedades mentales que no se producirían en entornos rurales. Hay algo en las “diferencias” y en las ciudades que enferma a los hombres y ese algo es el aislamiento, la deprivación social.
Sucede a veces que determinadas conductas apuntan a ese horror primordial aunque de un forma indirecta y velada por los desplazamientos en la cadena simbólica: el lenguaje ha impuesto a los hombres un alejamiento del determinismo puro (esa es su consecuencia beneficiosa) pero al mismo tiempo le ha permitido construir nuevas alarmas que evocan aquel horror a la exclusión -sinónimo de la muerte- y este es su efecto pernicioso. El lenguaje es pues un arma de doble filo: nos aparta del horror por un lado y es capaz de generar nuevos horrores por su propia estructura simbólica que evocan el espanto sin ser él mismo el espanto.
Me referiré pues a uno de los horrores de la postmodernidad: la obesidad y su patologias psiquiátricas, la glotoneria (el trastorno por atracón) y la bulimia nerviosa.
Ya forma parte del lenguaje coloquial: la ansiedad da hambre.
¿Pero qué relación mantienen entre sí, la ansiedad y el hambre? ¿Puede una persona aliviar su ansiedad con la voracidad?
Habrá que recordar ahora que la ansiedad es la forma humana en que nuestra corteza cerebral (nuestra parte mas inteligente y moderna) despacha los miedos atávicos que son de alguna forma afásicos, es decir carecen de simbolización directa al haber desaparecido la amenaza real que le dió origen. La ansiedad es un miedo difuso, un miedo sin nombre y sin razón, nadie sabe por qué tiene ansiedad. La ansiedad solo puede sentirse y sufrirse, a veces en forma de ataques de pánico y otras veces de una forma persistente, continua y desesperante. La caracteristica principal de la ansiedad es que no puede emparejarse con nada real o actual que la justifique, de lo contrario hablaríamos de preocupación: la forma menor y adaptativa de la ansiedad. La ansiedad se caracteriza por un estado de incertidumbre, por un chequeo de riesgos exagerado, por una evaluación de amenaza que hace nuestro cerebro y de la que nuestra mente no posee noticia, hay algo que se ha disparado en nuestro cerebro sin motivo y que nuestra mente no alcanza a nombrar.
Y entonces las personas hacemos muchas tonterias, una de ellas es ponerse a comer. No es que la comida calme la ansiedad sino que al inventar una conducta de escape obtenemos cierto alivio momentáneo a la ansiedad (hacer algo devuelve al individuo cierta ilusión de control), otras personas recurren al alcohol, otras a las autolesiones, otras a las carreras de fondo, otras a una vida apresurada. Cualquier conducta puede ejercer de ansiolítico segun la habilidad de cada cual para construirse placebos alternativos.
Y asi mucha gente come en exceso no porque tenga hambre sino porque tiene ansiedad.
Lo curioso de esta clase de ansiedad es que sólo se presenta en entornos de opulencia es decir en entornos donde el hambre -por falta de comida- es imposible. Puesto que si no tuviéramos que comer no tendriamos ansiedad sino hambre. De manera que la ansiedad y el hambre son emociones muy curiosas que mantienen entre si curiosas relaciones de vecindad.
La glotoneria es una forma escapista de enfrentar la ansiedad pero tambien es una forma de engordar y engordar es una buena solución para las personas timidas o ansiosas que temen la interaccion con los demás y que sospechan que van a salir mal parados en las comparaciones; como vemos la cosa se complica, no sólo recurrimos a la comida como ansiolitico-placebo sino como una forma de quitarnos de enmedio en los escarceos sociales. Estar gordo es nuestros entornos es poco atractivo y está asociado fuertemente con la incompetencia de forma que la mejor manera de constituirse en una persona poco atractiva es abandonarse a los placeres de la comida, sucumbir a la gula.
Esto tiene poca importancia para los hombres que de alguna manera tienen otros resortes para resultar atractivos pero puede ser letal para la mujer. Una mujer gorda y con poco atractivo se ve impulsada hacia uno de sus atavismos que he nombrado más arriba: el miedo a la exclusión se dispara por el miedo más simbólico de “no resultar atractiva” o “querida”.
Como podemos observar el “ser querida” es un evento subjetivo que entronca directamente con el miedo a la exclusión puramente animal. Asi no es de extrañar que algunas mujeres que sienten que no van a ser queridas (por las razones que sea) pongan en marcha este programa ancestral y se disparen señales de miedo que sentirá como ansiedad y tampoco es de extrañar que comience a comer en exceso tratando de calmarse. Si engorda demasiado recurrirá al vómito o a la conducta purgativa en un bucle sin fin atracón-vómito-restricción o bien desarrollará una complacida obesidad.
Lo que es realmente curioso es el por qué si una mujer teme no resultar atractiva y ser asi excluida tiende a abandonarse a si misma en esa espiral de glotoneria o bulimia. Lo lógico es que hiciera la contrario, es decir disciplinarse para no engordar.
Eso hacen precisamente las anoréxicas, el grupo de mujeres temerosas más disciplinadas y perfeccionistas. Es esta la razón por la que ser bulimica es más fácil que ser anoréxica y es tambien la razón por la que la bulimia recluta entre sus seguidoras a personas más impulsivas e irresponsables que el grupo de sus primas anoréxicas restrictivas que en cualquier caso responden con una estrategia distinta al mismo temor.
Pero es verdad que falta algo: no todas las personas preocupadas por su figura o su destino sexual se convierten en glotonas o en anoréxicas. ¿Qué falta?
Hemos hablado de un miedo ancestral (el temor a la exclusión) y de un miedo simbólico “el temor a no ser atractiva”, tambien hemos hablado de que la ansiedad puede ser combatida con un apetito voraz, pero ¿de dónde sale la ansiedad, de dónde proceden los disparadores que hacen que una conducta tan disparatada como esta se constituya en el eje de torsión de una persona cualquiera?
Lo que falta es hablar del desamparo, de la indefensión aprendida (helplesness). Un concepto introducido en psicologia experimental por Martin Seligman que investigando con ratas y sometiéndolas a una cierta cadena de observaciones llegó a la conclusión de que podia inducirse en ellas un estado afectivo que tomó como modelo animal de depresión. La indefensión humana no es exactamente igual a una depresión pero seguramente es un estado precursor: significa que la persona ha aprendido que la realidad no va a mejorar a partir de sus esfuerzos, que haga lo que haga las cosas no van a mejorar. El constructo de Seligman es necesario para entender el por qué las personas que temen ser excluidas en realidad se abandonan y no pelean para dejar de serlo, simplemente creen que no van a poder cambiar las cosas y se rinden. Las cosas entonces funcionan asi:
Desamparo+Opulencia=Obesidad
O dicho de otra forma: los gatillos conductuales que llevan a alguien al borde de la manada son culturales y conductuales: vivimos en una sociedad facilitadora de estos mecanismos y se encuentran además muy cerca de lo que entendemos como bienestar y opulencia.
Carmen Garcia Ribas es una periodista con un blog curioso que sólo tiene dos entradas y que escribió un libro donde trata precisamente de estos casos de autosabotajes con que algunas mujeres tratan de aliviar su sensación de vacío y de incompetencia que los psicólogos llaman “baja autoestima” y que aqui hemos llamado indefensión aprendida.
El libro en cuestión para aquellos que quieran profundizar en ello, lleva el simpático nombre de “El sindrome de Maripili: el miedo de las mujeres a no ser queridas” y en él aconseja a las mujeres con este curioso síndrome un truco viejo como la humanidad: transformar las actitudes de complacencia en seducción. La citada autora recomienda hacer un curso para que este tipo de Maripilis hagan frente de una vez a sus autoritarios Manolos.
Bibliografia:
WD. Hamilton: “Geometria de la manada egoista”. J. theor. Biol. (1971) 31, 295-311
Aqui está el articulo entero en inglés:
¿Vulnerabilidad o sensibilidad?
Lo politicamente correcto en psiquiatría es suponer que las enfermedades mentales responden a una doble causalidad:
- Por una parte habría una vulnerabilidad innata.
- Y por otra parte habría algo que viene de afuera, y que llamamos genéricamente estrés.
El concurso de ambas variables seria necesario para desarrollar una enfermedad mental. El misterio procede no tanto de esta conceptualización sino de lo que significan estas palabras “vulnerabilidad” y “estrés”.
Vulnerabilidad es una palabra que procede del latin vulnera-as y significa herida, la vulnerabilidad es pues la posibilidad de resultar herido o recibir una lesión tanto moral como fisicamente. Se supone pues que la vulnerabilidad es algo negativo, una especie de debilidad o de flojedad innata que entronca con las viejas ideas degenerativas de Morel o de la endogeneidad (el pathos) de Schneider: la suposición de que algunos individuos advienen a la vida dotados de una debilidad biológica que les hace susceptibles de enfermar mental o fisicamente.
La psiquiatria y la medicina en general están fuertemente influidas por esta idea que ha encontrado legitimidad a partir de los avances de la genética, sin embargo todo el mundo admite que la “vulnerabilidad” sola no es suficiente y es asi como se recurre a otro constructo no menos ambigüo, el estrés.
Lo cierto es que definir “estrés” es aun más dificil que definir “vulnerabilidad” por falta de antecedentes lingüisticos, en realidad “estrés” es un neologismo que carece de tradición psiquiátrica y que debemos a Hans Selye, investigador que trabajaba con ratas tratando de injertar en sus ovarios tejidos cancerosos; Selye observó que sus ratas sometidas a experimentación quirúrgica sangraban por sus estómagos (desarrollaban ulceras de estrés) y dedujo que aquellos sangrados tenian que ver con sus condiciones de vida en las jaulas y en el laboratorio: a ese conjunto de acontecimientos en que las ratas vivían les llamó estrés.
Como el lector podrá observar la palabra admite todos y cada uno de los matices, acontecimientos, mudanzas y adversidades de la vida, lo que la hace muy poco fiable y autoreferente: no termina de definir qué es y qué no es estrés, es decir qué cosas pertenecen a su categoria y qué cosas quedan excluidas de ella. ¿Es estrés lo intolerable? ¿La sucesión de adversidades de la vida? ¿Es estrés aburrise?
Lo cierto es que existe un amplia visión de este asunto del estrés de manera que voy a dar tres definiciones:
- Estrés como tensión provocada por situaciones agobiantes que originan reacciones psicosomáticas o trastornos psicológicos a veces graves (RAE).
- Estrés como adaptación: todo aquello que viniendo de fuera o dentro obligue al organismo a adaptarse a la nueva situación.
- Estrés como evaluación de los riesgos del medio ambiente, evaluación de amenazas e incertidumbres.
De manera que el asunto estaba liquidado: las enfermedades serian una combinación entre una alta vulnerabilidad y un estrés cualquiera o dicho de otra forma: los enfermos serian aquellas personas que no toleran un minimo de estrés porque ya vienen defectuosos de fábrica, es decir son altamente vulnerables .
Unos investigadores llamados Zubin y Spring en 1977 le dieron nombre a un modelo llamado precisamente vulnerabilidad-estrés que venia a decir que todas las enfermedades mentales son una combinación de esas dos palabras tan dificiles de definir incluso supusieron que la esquizofrenia podia explicarse con la aplicación de su modelo.
Aqui aparece la celebre asíndota que siempre termina por aparecer en todas las ivestigaciones psiquiátricas y que viene a decir que los términos de vulnerabilidad y los de estrés tienden al infinito, lo que significa que son entidades discontinuas y representan fenotipos o acontecimientos dificilmente apresables uno a uno. Y dice además otra cosa: que es imposible un estrés o una vulnerabilidad cero.
Lo que viene a predecir el modelo de Zubin y Spring es que cualquier persona con vulnerabilidad o sin ella (individuos, a, b o c) es capaz de enfermar si es sometido a una intensidad determinada de estrés. Y que por el contrario: aquellas personas fuertemente vulnerables podian enfermar a partir de estresores banales como parece que sucede con los esquizofrénicos que de tan banales son imposibles de identificar.
Pero este post está dedicado al repudio de este concepto, me refiero al de vulnerabilidad, para lo que recomiendo al lector lea este post donde precisamente escribí algunas cosas importantes para entender los conceptos que abordaré a continuación.
En el post anteriormente citado hablé de un aspecto de la variabilidad (diversidad) humana, me referí a la sexualidad en aquel caso y a las distintas formas de “ser sexual” que tienen los seres humanos y que van más allá de las dos posibilidades determinadas por el propio sexo. Hablé de que al menos habia 7 posibilidades más de ser sexual para cada sexo junto con la conocida fórmula, “heterosexualidad absoluta”. Hablaba alli de que la apertura de esa paleta de elecciones era y representaba la superación del determinismo sexual en nuestra especie: significa -tal y como Freud descubrió- que aunque seamos hombres y heterosexuales existe en nuestro inconsciente una serie de pulsiones mejor o peor ocultas que nos constituyen como seres bisexuales, hablé alli de estas posibilidades:
- Soy un hombre, pienso como un hombre y me gustan las mujeres, adopto un papel activo.
- Soy un hombre, pienso como un hombre y me gustan las mujeres, adopto un papel pasivo.
- Soy un hombre, pienso como una mujer y me gustan las mujeres, adopto un papel activo.
- Soy un hombre, pienso como una mujer y me gustan las mujeres, adopto un papel pasivo
- Soy un hombre, pienso como como un hombre y me gustan los hombres, adopto un papel activo.
- Soy un hombre, pienso como un hombre y me gustan los hombres, adopto un papel pasivo.
- Soy un hombre, pienso como una mujer y me gustan los hombres, adopto un papel activo.
- Soy un hombre, pienso como una mujer y me gustan los hombres, adopto un papel pasivo.
Alli mismo me hacia la siguiente pregunta ¿Para qué necesitó la evolución de tanta variedad en la identidad sexual en los seres humanos?
Las necesitó para asegurar la variabilidad: una paleta de posibilidades de ser más allá del determinismo finalista del sexo, lo que nos lleva a comentar qué es un polimorfismo, es decir el modo en que trabaja la biología para diversificar fenotipos. Algunas personas creen que los genes producen rasgos concretos o construyen déficits en relación con enfermedades pero lo cierto es que esto sólo es verdad en algunos casos muy concretos, en realidad la distancia entre el gen y el rasgo es demasiado larga para ser entendida en una serie de pasos, además un gen no es más que un conjunto de instrucciones para sintetizar proteinas de forma que es muy poco probable que enfermedades como la esquizofrenia sean debidas a un gen o conjunto de genes interactuando entre si, del mismo modo es poco probable que la conducta sexual humana se corresponda con un gen pero si con un grupo de polimorfismos que en puridad modelan un suelo de elecciones que no necsariamente tienen relación con las opciones sexuales en si mismas.
Los polimorfismos son variaciones del gen original que podemos identificar como mutaciones que afectan a veces a un solo nucleotido. Sin embargo la diferencia entre el polimorfismo y la mutación es que para llamar polimorfismo a una mutación necesitamos encontrarla en al menos un 1% de la poblacion. De manera que podriamos decir que el polimorfismo es una mutación que ha tenido éxito.
Uno de los polimorfismos más conocidos y estudiados en psiquiatria es el polimorfismo del transportador de la serotonina del que ya hablé en este post. Lo importante ahora es recordar que el polimorfismo desventajoso de este gen (el portador homozigótico del alelo corto) se relaciona no con una enfermedad mental sino con todas. Algo parecido sucede con el COMT, el gen que regula a la catecol-metil-transferasa un enzima responsable de la degradación de las catecolaminas, parece que está presente (su polimorfismo desventajoso) en todas las enfermedades mentales.
Parecería que los clásicos tenian razón cuando hablaban de vulnerabilidad: los portadores de estos polimorfismos tendrian desventajas innatas frente a los heterozigóticos para este rasgo. Pero hay otra forma de contemplar los polimorfismos y es hacerlo sin prejuzgar desventajas, en realidad solo resultan desventajosos en determinados contextos pero pueden ser ventajosos en otros. Por el contrario los heterozigotos para un supuesto rasgo no siempre son estrategias ventajosas, lo son en ambientes persistentes pero poco adaptativos en entornos cambiantes. Dicho de otra forma: ya no podemos seguir hablando de vulnerabilidad y debemos hablar de sensibilidad ligada al contexto.
En este sentido los enfermos no enfermarían por ser más vulnerables o débiles que sus congéneres para afrontar los estresores sino porque son variaciones extremas de una paleta de posibilidades, de un menú de elecciones extenso que la evolución desplegó para asegurarse de que algunos individuos fueran carne hoy y pescado mañana en función de los entornos en que coevolucionó la vida humana, es decir entornos dispersos y poco predecibles. Un cluster de fenotipos donde no sólo estarian los “enfermos mentales” de nuestro actual contexto sino otros muchos disidentes de lo sexual, de la ciencia y del arte: una especie de almacén génico para el cambio que aguarda su turno.
Ya no podemos mantener la idea clásica de que determinados individuos vienen al mundo para sufrir, de modo fatal, enfermedades endógenas sino que quizá los enfermos y los genios compartan genotipos y polimorfismos aparentemente desventajosos.
No estoy defendiendo la idea romántica de que las enfermedades mentales y el talento creador sean fenomenos causales. Esta idea es falsa tal y como sabemos desde que Jaspers señalara que en la esuizofrenia no hay nada creativo, sino que creatividad y locura son cosas bien distintas que algunas veces coinciden en un mismo individuo. La locura no es causa del talento ni el talento de la locura pero talento y locura pueden coexistir por azar en un individuo concreto por la razón anteriormente mencionada de que están compartiendo polimorfismos que se activan o desactivan en función de la sensibilidad al contexto de determinados genes.
Algo que tambien explicaria nuestro concepto de resiliencia: determinadas personas serian capaces de resistir estresores muy intensos sin enfermar y más allá de eso: en salir fortalecidos de los embates de la adversidad, lo curioso es que la resiliencia según este modo de ver las cosas seria una caracteristica excepcional, algo cercano a la creatividad y que estaría mas cerca de lo que parece de la locura.
En esta manera de ver las cosas, simplemente habria un nexo común entre estas personas extraordinarias, los sujetos extravagantes o bizarros, los creadores o talentos artisticos relacionados y la locura o las desviaciones de la personalidad y todos compartirían un plan B de la evolución, un plan de reserva por si las cosas se ponen feas.
Si usted está pensado ahora en qué podria ponerse feo visite este post que titulé “La lagartija zurda” donde hablé precisamente de una de esas posibilidades: imagínese haciendo un ejercicio de ciencia ficción que en un futuro un extraño virus mata al 80% de la población femenina o masculina del planeta. Entonces usted comprendería la función de reserva que tienen los sujetos con una sexualidad indefinida: la solución aqui.
¿Nos engaña el cerebro?
Pues parece ser que asi es y no sólo en el falseamiento de los recuerdos sino en algo mucho más grueso como es la percepción y más allá de eso tambien en las creencias.
Pero para entender cómo nos engaña tendremos que darnos una vuelta por las ideas que desarrollaron algunos antes de que las neurociencias exisitieran como tales, me refiero a los pensadores. Heredamos de Kant una concepción del mundo representacionista: significa que nuestro cerebro se representaba la realidad y guardaba copia de ella, albergándola en una especie de disco duro (este concepto tardaria un poco más en aparecer) pero que parecía compatible con el funcionamiento de los ordenadores digitales. Es por eso que los cognitivistas de primera generación aplicaron con cierto éxito la metáfora del ordenador que se ha hecho hasta muy literaria. Habia un lugar donde se guardaban los hechos, un aparato sensible (los sentidos) que lo percibían y otro módulo se ocupaba de recobrar aquellos recuerdos, experiencias o vivencias que se evocaban a veces de forma consciente y voluntaria y otras veces de forma involuntaria.
Hoy ya no pensamos que las cosas sucedan asi. Lo que hoy creemos es que nuestro cerebro no es un simple reservorio pasivo de datos que se limita a tomar prestados de la realidad y lo sabemos porque los cognitivistas más avanzados acabaron por entender que ese modelo de receptáculo pasivo no podia explicar ni los sueños, ni la intuición ni la psicopatología. Hoy sabemos que las cosas funcionan mas o menos así:
- El cerebro mantiene una actividad intrínseca permanente incluso cuando dormimos (el sueño REM tiene una actividad similar al estado de vigilia).
- Cuando un estimulo aparece en el horizonte de nuestro mundo sensible sea un estimulo sensorial o un pensamiento nuestro cerebro adelanta una hipótesis acerca de lo que va a percibir, construye una especie de simulacro que proyecta en la realidad y que compara con la experiencia previa (memoria).
- Entonces la realidad devuelve al cerebro una verificación o bien una desautorización de lo que el cerebro ha percibido o pensado.
- Después el cerebro corrige la trayectoria de su percepción anterior y plantea una nueva hipótesis que vuelve a confrontarse con la realidad, y asi sucesivamente hasta que hipótesis y realidad llegan a un acuerdo, hoy diriamos que llegan a un punto de coherencia.
- Y entonces el cerebro dice, “asi es”. Es lo natural porque nuestra corteza cerebral tiene nada menos que seis pisos donde guarda información bien distinta entre sí. Si lo que percibimos es algo visual, una cara por ejemplo, cada una de estas capas está especializada en algo diferente, una capa guarda contornos, otra sombras, otra formas, otra colores y asi hasta llegar a los pisos mas altos que son areas asociativas, es decir areas que comunican los distintos sentidos entre sí, no es de extrañar que ver una cara nos lleve a oir cancioncillas concretas, algo que sucede en los sinestésicos o que inmediatamente las ubiquemos en un lugar, tiempo y que además una cara tenga un sentido especial para nosotros, una especie de resonancia afectiva.
Todos los sentidos, toda la experiencia y todas las sensaciones se encuentran pues entrelazados entre sí en el tálamo, que es la olla a presión donde se cuecen los grandes cocidos de la percepción. Lo importante de esta manera de ver las cosas en este momento es recordar que la realidad no es sólo un estímulo como creían los antiguos sino un modulador de lo percibido. La realidad opera modulando la actividad previa, intrínseca del cerebro, es decir nos obliga mediante eso que se llama “la prueba de la realidad” a corregir los rumbos disparatados, los errores gruesos pero en realidad la última palabra la tiene el cerebro.
Es así como construímos errores perceptivos como cuando miramos el cuadro de Rob Gosalves de arriba, construimos una hipótesis que es la que nuestro cerebro está acostumbrado y espera ver, es más adelante cuando caemos en la cuenta de que en realidad es un truco de la perspectiva y que es imposible ver lo que hemos visto. La repetición del acto de ver-mirar nos rescata de la ilusión óptica y corregimos nuestra percepción al mismo tiempo que caemos en la cuenta de que estábamos equivocados en nuestra primera impresión pero así y todo admiramos ese cuadro que ha puesto en evidencia algo que quizá intuíamos pero no sabíamos.
Pero este post no va de ilusiones visuales -sobre las que ya existen muchas webs dispersas que son verdaderos catálogos de bellisimas imágenes-, sino que pretenderé explicar como se forma una hipótesis y por qué razones algunas hipótesis falsas no pueden falsearse secundariamente y se convierten -precisamente por eso- en percepciones distorsionadas o en alucinaciones.
En este post hablaré del picor, ese curioso sintoma tan habitual que en medicina llamamos prurito y que se alivia, como todo el mundo sabe, rascándose. Claro que el picor que se alivia rascándose es el prurito normal. La estimulación de neuronas sensoriales de la piel -irritaciones, rozaduras, quemaduras leves, etc- por distintas razones que todo el mundo sabe produce prurito, lo que la mayor parte de ustedes no saben es que el rascado, la estimulación enérgica de la zona pruriginosa deviene en un alivio porque ese estimulo (el del rascado) tiene preferencia en la entrada de la médula sobre el otro, el simplemente sensitivo. Se le conoce con el nombre de teoria de la compuerta medular y -aunque sólo es aún una teoria- explica el por qué cuando nos damos un golpe nos frotamos y parece que así obtengamos un alivio reparador e instantáneo.
Pero de lo que voy a hablar no es del picor común, sino de los picores que aquejan a las personas que consultan por prurito y que muchas veces son etiquetadas como histéricas o simplemente con la etiqueta incierta de prurito psicógeno. Que es algo asi como no decir nada y suponer que detrás de todo hay un conflicto psicológico que impulsa a los individuos a rascarse por gusto y/o a provocarse verdaderas lesiones dérmicas: las neurodermatitis facticias les llaman los dermatólogos.
Es ya el momento de decir que el cerebro no percibe picores sino señales de otra cosa -un ataque a la piel- que la mente identifica como picor. Esa otra cosa que el cerebro percibe es una señal de parasitación. Lo que para el cerebro es “parasitos a la vista” para la mente es picor, un hecho psíquico que anida en la conciencia y que tiñe y destiñe a la intencionalidad cerebral de poner en marcha o inhibir un programa filogenético destinado a mitigar los daños. Un programa que para entendernos llamaremos necrosis-inflamación de la piel.
Para el cerebro sólo hay un peligro para la piel y es aquel que procede de los parásitos, de los insectos, de las mordeduras de los animales o del contacto con plantas ponzoñosas. No es de extrañar, al fin y al cabo nuestra especie -y nuestras precursoras- estuvieron durante millones de años conviviendo con pulgas, piojos, serpientes, ratas, avispas, mosquitos, etc, sin contar con las enfermedades transmisibles a partir de esta convivencia. Para el cerebro-piel cualquier ataque es siempre sarna-like. Lo que nosotros llamamos picor es en realidad un sofisticación de aquel temor-aprensión primigenio con el que nuestro cerebro coevolucionó.
Pero a veces nuestro cerebro pone en marcha o enciende ese mismo programa antes de que se produzca la lesión o picadura, simplemente se equivoca al evaluar las posibilidades y entonces sobreviene el prurito, con o sin habón, con o sin picadura. Algunas personas tienen la extraña habilidad -segun ellas- de convocar a su piel a todos los mosquitos e insectos del mundo, incluso hay personas que creen que en su piel hay una especie de química atractora de estos animales. Lo cierto es que los mosquitos pican a todo el mundo por igual.
¿Pero si los mosquitos pican a todo el mundo por igual por qué algunas personas exhiben mas picaduras y más pruriginosas que otros?
Todo parece suceder asi:
- Algunas personas tienen una aprensión especial a las picaduras de insectos, es decir su mente-cerebro construye constantemente hipótesis acerca de posibilidades de picaduras.
- En contacto con determinados insectos (y en la época apropiada) la realidad ambiental concuerda con la hipótesis original dado que lo lógico es que alguno de esos insectos nos pique.
- Las picaduras reales aumentan el nivel de temor multiplicando las hipótesis acerca de picaduras.
- El cerebro activa los mecanismos de picadura aun en ausencia de ellas en prevención de riesgos.
- El individuo se llena de picaduras y lesiones dérmicas que se agravan con el rascado.
Y el individuo termina en la farmacia.
Lo realmente curioso de este tipo de personas fóbicas o aprensivas a las picaduras es que su piel reacciona inespecificamente a cualquier ataque, pueden ser insectos o tóxicos quimicos, pomadas o maquillajes, cualquier cosa que tome contacto con su piel termina en una lesión inespecifica pues su cerebro la va a identificar como un ataque entomológico. Estas personas suelen padecen eccemas de contacto y eccemas seborreicos, dicen que tienen la piel muy sensible -atópica- pero lo cierto es que son sus alarmas cerebrales las que están mal graduadas y saltan o se encienden anticipadamente.
Pero el cerebro no opera de forma autónoma, el cerebro no puede ser fóbico sino el individuo en sí. Es el individuo el que teme a los insectos no el cerebro que sólo pone en marcha un programa ancestral para defenderse de lo que entiende puede estar sucediendo en la piel, pues esa es la función del cerebro: anticipar riesgos.
La mente es un intangible racional que emerge del cerebro pero no es el cerebro, su concurso se hace necesario para entender cómo entienden las cosas la razón y la sinrazón: la mente nota picor y el cerebro pone en marcha las alertas para concentrar las lesiones de un supuesto ataque parasitario. Es necesario ponerlos de acuerdo, ponerlos a trabajar sinérgicamente, hacer que resuenen en la misma onda, que sean coherentes entre si.
Pues es la mente -la interfase entre la realidad y el cerebro- la unica puerta de entrada que tenemos para modular esta respuesta. En en ella donde se ponen de manifiesto los errores de apreciación y la correción de trayectorias necesarias para transformar un síntoma y para disolverlo.
El principal enemigo de esta falta de corrección son las ideas irracionales, los errores y creencias absurdos que se esconden en este tipo de eventos que muchas personas creen sin critica:
- Todos los bichos vienen a mi.
- Mi piel tiene algo que les atrae.
- Tengo un sindrome de toxicidad quimica múltiple.
- El medio ambiente está lleno de toxinas que los mosquitos me trasmiten.
- Soy alérgico a los mosquitos.
- Mi sudor tiene algo especial, etc.
Y lo primero es por cierto desarticular todas y cada una de las creencias que sostienen este bucle de parasitación con el que trabaja nuestro cerebro. Pero no sólo se trata de deshacer las creencias erróneas sino tambien los nudos que las creencias construyen para dar al sujeto seguridad acerca de sus reacciones dérmicas pues siempre será mejor creer en las ferormonas misteriosas que atraen insectos que en alarmas ancestrales cerebrales que en cualquier caso suenan demasiado a psicólogos o psiquiatras con el correspondiente estigma:
-¿Entonces me pican por qué quiero?
Se trata de una tarea complicada por una razón fundamental: las creencias que construimos arrastran una experiencia empírica larga e intensa preñada de “pruebas subjetivas”, algo pues dificil de desmontar puesto que nuestras propias creencias se construyeron de un modo similar al de nuestros temores, una creencia nace como una hipótesis, como un pensamiento, una ocurrencia o una intuición que al ponerse en contacto con la realidad se coagula rapidamente puesto que no está sometida al imperio del principio de realidad: si yo pensé un buen dia que los mosquitos me picaban porque mi piel tiene un ph especial, esta ocurrencia no pasa por la prueba de la realidad, simplemente se enquista y poco a poco va ganando terreno cognitivo -puesto que cada vez mi piel será mas sensible a las picaduras-, hasta que se se coagula o enrosca en una evidencia que llamamos certeza. Y como todo el mundo sabe las certezas son muy dificiles de remover.
Dicho de otra manera la creencia y el temor forman parte del mismo bloque cognitivo-emocional, en la creencia está implicito el habón o la vesicula con o sin parásito, con o sin picadura. No es posible deshacer el nudo sin soltar la abrazadera tal y como dicen que hizo Alejandro con su nudo gordiano.
Y a veces sucede una nueva vuelta de tuerca: ya no es suficiente con creer que se está siendo parasitado es necesario delirar. Eso es lo que les sucede a algunos enfermos afectos de un delirio dermatozoico, un sindrome delirante descrito por un psiquiatra alemán llamado Ekbom allá por 1938 y que consiste en que el paciente se siente infestado por dermatozoos, pero a diferencia de sus congéneres que sólo desarrollan habones ellos lo que hacen es sentir el picor y perseguir a los bichos a los que ven realmente, es decir alucinan con los insectos o parásitos viviendo en un continuo estado de agitación.
En este caso podemos observar como la realidad es del todo insuficiente para corregir o modular la actividad intrinseca del cerebro que ha tomado el mando sin que las evidencias, ni los familiares, ni las demostraciones prácticas logren sacar al paciente de su error cognitivo-perceptivo.
Es evidente que el cerebro nos engaña y que la máxima sofisticación de sus engaños es cuando nos obliga a construir creencias que a la larga se convierten en certezas, algunas veces delirantes y casi siempre erróneas.
Y cuando se está en la verdad de la certeza se impone un borramiento de la realidad que no concuerda con ella. Los bichos están ahi, no sólo su prueba indirecta: los habones, sino ellos en una anatomía perfectamente definible que puede ser descrita con la precisión de un entomólogo. Si el cerebro tiende al sobresalto y al engaño, la mente tiende al autoengaño pues es el individuo entero quien participa de esta distorsión alucinatoria de la realidad.
Lo que señala que la barrera mental es la ultima barricada de defensa que se interpone entre el cerebro y la realidad y muy probablemente es a base de creer las mentiras del cerebro que algunas personas llegan a proyectar en la realidad sus temores arcaicos, esta vez sin los filtros (defensas) mentales comunes. El complejo de parasitación inundó todo el campo biocognitivo y se transformó en delirio.
Y las cosas vuelven a encajar, realidad y cerebro se confabularon para enfermar a la mente.
Masculino, femenino y sus interfases
La conciencia no es un órgano de síntesis sino de desintegración, separa lo que anteriormente estuvo unido.
C. G. Jung
En un post anterior ya expliqué quien era Maynard Smith y tambie hablé de su manía por preguntar a sus alumnos primerizos cosas como éstas: ¿qué es el sexo? ¿para qué sirve el sexo? y ¿por qué dos sexos?. Tambien hablé de que para el profesor Smith sólo hay una respuesta correcta a la primera cuestión: la reproducción sexual es un hito evolutivo -descrito en su obra magna “Ocho hitos de la evolución“- y lo es porque es la forma reproductiva que asegura una mayor variabilidad genética en los hijos a partir del barajado de los genes de ambos progenitores. Las probabilidades se acercan asi al infinito, es imposible que existan genéticamente dos personas iguales de no ser que sean gemelos.
A la evolución lo que le interesa, es desde luego, asegurar ese barajado, esa diversidad y es evidente que la reproducción sexual asegura esta variabilidad casi infinita a cambio de un peaje evolutivo: nos reproducimos de mitad en mitad, es decir mis hijos (cada uno de ellos) sólo portan una mitad mia, un 50% de mis genes, mi Yo entero no puede transmitirse sexualmente y seguro que muchos de ustedes han pensado alguna vez que es una lástima para la Humanidad no tener dobles. El lector sagaz deberá recordar este argumento para unirlo con otros más abajo.
Pero no hablé en aquel post de la parte negativa del asunto, es decir de las desventajas de este tipo de reproducción, que evidentemente las tiene.
La primera de ellas es que necesitamos dos individuos de distinto sexo, que se encuentren y que formalicen entre ellos algún tipo de vinculo, uno de ellos -el especialista ahorrador en gametos únicos, grandes y nutritivos- y el otro el especialista despilfarrador en gametos móviles, exploradores y múltiples. En el primer caso hablaremos de una hembra y en el segundo caso de un macho, algo bien conocido por todos mis lectores: ponerlos de acuerdo aunque sea un par de veces al año para copular no crean que fue tarea fácil y es necesario además recordar que el acoplamiento sexual se hace en una posición anatómica especial y forzada, no es de extrañar que algunos filósofos como Georges Bataille hayan hablado de “la siniestra pesadez de los cuerpos” para referirse al coito, en realidad es cierto que el sexo debe realizarse en posturas incómodas, cuando no antianatómicas por no hablar del detalle escatológico de la proximidad con otros orificios poco recomendables.
La evolución no puede operar hacia atrás y no tiene más remedio que aprovechar los diseños anteriores, no puede desdeñarlos, asi entendemos que aunque fuera más cómodo copular dándose la mano (como dicen que hacen los extraterretres) lo cierto es que no tenemos más remedio -por pulcros que seamos- que copular de esa forma que todos ustedes ya saben. Es lo que hay.
Lo cierto es que lo mejor y más barato hubiera sido optar por un individuo único que se las arreglara solo, algo que la evolución ya ensayó con los hermafroditas hasta que cayó en la cuenta de que hasta ellos se hacian vagos y copulaban consigo mismos la mayor parte de las veces rompiendo asi la baraja de la diversidad que tanto preocupa a nuestra Santa Madre Evolución.
Pero he aqui el primer problema, el que se les plantea a las hembras de los seres sexuados y que los etólogos llaman “la cruel atadura”, se trata del conocido y apabullante compromiso que ata a las madres con sus hijos, algo que se agravó cuando la evolución decidió prescindir de los huevos y utilizar el vientre de la madre para anidar a sus vástagos. La madre ovípara sólo tenia que depositar sus huevos en algun lugar para que resultaran fecundados (si la fecundación se hacia fuera del cuerpo), pero aun si la fecundación era intracorporal, las madres se deshacian pronto de los huevos abandonándolos a su suerte o enterrándolos en la arena, es por eso que los reptiles perdieron la batalla evolutiva frente a los mamíferos, madres más abnegadas que ellos.
Es evidente que las ponedoras de huevos no soportaban tanta carga biológica -compromisos- como las hembras vivíparas. Debió ser por eso que las hembras de estas especies vivíparas siempre se quejaron de un agravio comparativo a la Evolución, presentaron quejas y no lograron ser oídas lo que generó muchos desencuentros entre machos y hembras.
La Evolución -no obstante- contaba con una carta muy poderosa a su favor: el intenso placer que procuraban las relaciones sexuales, un placer que estaba asegurado para los machos y que era mas ambigüo para las hembras, pero que en cualquier caso aseguraba que machos y hembras estuvieran condenados a encontrarse y que repitieran la experiencia de cuando en cuando -entre parto y parto-, asegurándose de que los machos estuvieran siempre pensando en esa próxima vez que todos parecian llevar como expectativa en sus programas heredados.
Ser macho tampoco es para echar cohetes porque en la mayor parte de las especies solo se reproducen aquellos que son más fuertes y son capaces de agenciarse -gracias a la intimidación- un buen harén de hembras para copular, asi algunos inventaron el rango social que siempre iba unido al tamaño y a la capacidad de atemorizar a otros machos que merodearán por lo que en adelante se llamó “el territorio”, algo que como todo el mundo sabe se marca con orina.
De manera que la vida de un macho alfa tampoco es muy envidiable porque aunque tienen las mejores raciones de comida y son rascados y lamidos en más ocasiones que sus adláteres, lo cierto es que sus dias transcurren con un estrés insoportable, entre meada y meada y pelea y aspavientos. Los pobres se la ven venir.
Pero ser macho periférico es aun peor, porque la mayor parte de ellos ni se estrenan, que se lo pregunten a los gorilas o a los elefantes segundones, seguramente las especies poligámicas donde los machos tienen menos oportunidad de estrenarse de todas. Será por eso que los chimpancés disolvieron la poligamia de sus mayores e inventaron una nueva estrategia sexual: la promiscuidad, todos con todas quiere decir, sabemos que los chimpancés son en este sentido muy parecidos a los humanos si contamos este parecido como hacen los etólogos: parejas/ parto. Parece que nosotros casi les igualamos.
De manera que la reproducción sexual tiene costos, tanto para ellas: la cruel atadura, como para ellos: la inversión en mantener el rango a base de agresividad o bien una conducta exploradora permanente en busca de sexo.
Y una vez llegados a este punto el profesor Smith solía preguntar a sus alumnos lo siguiente: Si sólo algunos machos van a reproducirse, como en el caso anteriormente mentado de los gorilas y los elefantes, ¿por qué la evolución se preocupó de que el número de machos y hembras fuera mitad y mitad (50 % de individuos de distinto sexo)?. Otra vez aparece el tema de las mitades que más arriba les recordé que iba a salir: el número de hembras y de machos es similar, más similar cuanto mayor es la muestra y aunque muchos de estos machos no se reproducirán la Evolución los guarda como un almacén de posibilidades génicas, están ahi para que haya de todo, porque tiene que haber de todo por si acaso.
La mayor parte de los individuos de una especie son redundantes y prescindibles pero aun asi la Evolución prefirió optar por 50
y 50, mitad y mitad, del mismo modo optó por dos sexos y no cuatro, ni seis, ¿por qué?
Pues porque el numero 2 contiene ciertas propiedades mágicas que ahora mismo vamos a contemplar.
Y lo primero es visitar la wikipedia y saber algo más del número dos. Una vez cumplido este trámite hay que citar a Platón que como todo el mundo sabe tenía una teoría sobre el amor (sobre ese vinculo torturante que ata a los hombres y a las mujeres y que tantas energias consume), se trata del conocido mito del Andrógino del que habló en el Banquete.
Según Platón en el origen de todo no habia dos individuos, organismos o sexos sino un sólo ser que reunia en si mismo los dos sexos, a este señor o señora se le conoce con el nombre de andrógino, pero llegó un dia en que este señor/a por alguna razón se partió en dos mitades (otra vez el tema de las mitades, recuerde el lector) y desde entonces esas medias naranjas pululan por el mundo en busca de la mitad que les falta.
Como supongo que el lector no ha seguido mi recomendación de visitar la wikipedia dando por sabido que conoce qué es el numero dos, rescataré este parrafito de la misma en la suposición de que hizo caso omiso a mi advertencia.
“El dos representa el enfrentamiento de los opuestos en busca de la Unidad”. Eso dice la wiki.
Y para saber qué es un opuesto contrario haria usted ahora bien en visitar este post donde hablé precisamente de ello. Diré no obstante que un opuesto concreto es el dia-noche y otro opuesto en la linea de lo que estamos hablando es hombre-mujer. Hasta aqui es comprensible, el problema es que en nuestra cultura tratamos a los opuestos de una forma bastante distinta como hacen los chinos por ejemplo, ellos se los imaginan como entidades ciclicas y nosotros como cosas antagónicas: nuestra forma de pensar es asi: se que soy un hombre porque hay mujeres, sé que es de dia porque hay luz. Dicho de otra manera nos imaginamos los opuestos como mutuamente excluyentes como si fueran entidades discontinuas.
Pero la magia del 2 está precisamente en que apunta hacia la Unidad, pues la Unidad esta constituida por dos mitades. Y además de dos mitades de opuestos.
¿Pero si hombre y mujer son opuestos por qué esa mania de estar juntos?
Por que somos opuestos y reciprocos, es decir en cada uno de nosotros hay algo del otro que en nosotros está oculto.
Observen el 2:
- El opuesto del 2 (inverso de 2 es 1/2=0,5)
- Y la mitad de dos es 1 (la Unidad)
- Ergo, 2 y 1/2 son opuestos (inversos) pero no cualquier tipo de opuestos sino opuestos reciprocos (cada uno de ellos apunta al otro, 2 y 1/2 son opuestos reciprocos). Y son además los unicos numeros que completan estas posibilidades.
- Y de la serie 0, 1/2 1, podemos extraer la dialéctica entre esas dos mitades, observen.
Es evidente que usted o yo somos ese 0,5, ese 1/2, esa mitad de dos mitades que andan por el mundo pululando en busca de su otra mitad. Pero si yo soy 0,5, es decir 1/2. ¿Donde está la otra mitad?
La otra mitad está oculta en la Unidad (Cornelio Gonzalez Valdenebro), puesto que 0,5, carece de par diferente a si mismo.
Una vez sabido esto ya podemos contestar a la pregunta que el Profesor Smith hacia al principio de este post: ¿Por qué dos sexos?
Porque en el otro está la mitad que le falta a mi mitad para recobrar la Unidad.
Dicho en términos más prosaicos:
Porque sólo son necesarios y además sólo con dos sexos podriamos garantizar la reproducción y que esas mitades se encuentren movidos por el impulso de cada mitad faltante. Ahora más filosóficamente: porque tratamos de conseguir la fusión movidos por esa nostalgia por la Unidad perdida que tienen todas las mitades, algo que si fueramos cuatro, seis o tres sexos, no podriamos asegurar. Nuestra Santa Madre Evolución notó que en el 2 habia un mensaje de discontinuidad (o macho o hembra) y de asimetria (Tu-Yo) y al mismo tiempo habia implicita una dialéctica a desarrollar por una conciencia emergente -la de la continuidad (macho y hembra) y la simetria (nosotros)- que más adelante llamamos hombre: la superación del determinismo sexual.
Pero ahora tenemos que volver a Freud para rescatar una de sus originales ideas sobre esa energia, ese impulso, ese drang (ciego afán) que nos lleva a machos y hembras a amargarnos la vida constantemente buscándonos las cosquillas.
Todo el mundo sabe que Freud pensaba que la energia que movia al hombre era sexual, a esa energia la llamó libido y además planteó algo muy osado para su tiempo: que esa libido es bisexual, lo que significa que corporalmente somos hombres o mujeres, -aqui vuelve el dos haciendo de las suyas y la conjunción “o” operando su discontinuidad- pero la mente no parece funcionar asi y es posible que un hombre piense y sienta como una mujer, posea una orientación homosexual o incluso piense que su sexo real no coincide con su sexo aparente. El determinismo del 2 parece operar en el cuerpo pero en la mente parece que se abren algunas posibilidades más, al menos estas 8 (y pongo sólo las 8 del hombre que incluyen a las 8 maneras de ser sexual para la mujer):
- Soy un hombre, pienso como un hombre y me gustan las mujeres, adopto un papel activo.
- Soy un hombre, pienso como un hombre y me gustan las mujeres, adopto un papel pasivo.
- Soy un hombre, pienso como una mujer y me gustan las mujeres, adopto un papel activo.
- Soy un hombre, pienso como una mujer y me gustan las mujeres, adopto un papel pasivo
- Soy un hombre, pienso como como un hombre y me gustan los hombres, adopto un papel activo.
- Soy un hombre, pienso como un hombre y me gustan los hombres, adopto un papel pasivo.
- Soy un hombre, pienso como una mujer y me gustan los hombres, adopto un papel activo.
- Soy un hombre, pienso como una mujer y me gustan los hombres, adopto un papel pasivo.
Como puede verse la sexuación al alcanzar cierto nivel de conciencia se hace indeterminada y ya no parece acoplarse a los planes del determinismo sexual del 2. Parece que ahora el número mágico es el 7, puesto que la primera opción (la heterosexualidad convencional) queda incluida en el orden de la discontinuidad. La sexualidad se ha convertido en un continuo, en algo analógico donde cada identidad no se contradice con ninguna otra.
Ahora veamos porque la Santa Evolución propició este lío de tantas identidades sexuales,¿es que no era suficiente con dos sexos que hubo que inventar además el género, la orientación sexual y el rol? En este post que titulé “Sexo cuántico”hablé precisamente de este asunto, pues cuántica fue al fin y al cabo la solución inventada por la Evolución.
Imaginemos que existen solo hombres muy machos, absolutamente machos por asi decir, y mujeres muy femeninas, hembras totales, ¿que sucedería en un mundo asi?
Sucedería que los machos se ocuparian sólo de sí mismos, no compartirían sus proteinas animales con las hembras, ni ayudarian en casa a sus parejas, se desimplicarian del cuidado de sus hijos, harian incursiones sexuales para cohabitar con una tras otra y no existiria una sociedad humana tal y como la entendemos hoy, no se habrian desarrollado ni al compromiso, ni la cooperación más allá de lo que vemos en algunos simios. No habríamos pasado de un nivel simiesco de funcionamiento, muy probablemente nos pareceríamos más a los orangutanes que a los chimpancés, seriamos seres solitarios y las sociedades serian seguramente campamentos de hembras donde los machos entrarian y saldrian constantemente para sus escarceos.
Dicho de otra forma no seria posible que el Sapiens hubiera evolucionado en un mundo así con sólo dos posibilidades de ser, los planes de la vida seguirían adelante pero no asi los planes de la cultura humana, de la conciencia humana.
La conciencia humana emergió precisamente porque tuvo que combinar la continuidad con la discontinuidad, el 2 con el 7, la pulsión sexual con la pulsion cooperativa, la enemistad con la identificación, el egoísmo con el altruísmo, la caza con el arte hasta que la asistencia se hizo recíproca y la paleta de posibilidades de “ser sexual” se abrió a las interfases del indeterminismo sexual.
Lo cual nos llevará a explicar un concepto evolutivo muy importante que es la sensibilidad fenotipica dependiente del contexto, algo que viene a sustituir al viejo concepto de vulnerabilidad, pero será en un proximo post.
La psicosis postparto
Hacía muchos años que no veia un caso de este estilo, será porque ya no hago urgencias. Lo cierto es que dicen que la frecuencia de la psicosis postparto es de 1 caso cada mil partos y es una perturbación mental que es sin duda mas rara -y que conlleva una conducta mucho más desorganizada- que la depresión postparto cuya versión menor (el postpartum blues) parece que es tan frecuente que ya se considera como algo normal y fisiológico en el puerperio.
La paciente que he visto esta mañana tenia 32 años, es sudamericana, con un nivel de instrucción de estudios primarios y vive en España, ama de casa, está casada y carecía de antecedentes de interés, su único antecedente es que ya tuvo un parto hace 3 años y tambien tuvo un episodio similar si bien más autolimitado en el tiempo y de menor intensidad. Hace 22 dias que tuvo una niña sana sin complicaciones en un parto eutócico y por via vaginal (el otro parto -un varón- fue inducido y precisó cesárea)
Lo simpático de este caso es que la paciente se ha presentado en la consulta con el diagnóstico bajo el brazo: “tengo una depresión postparto”, me ha advertido. La sintomatologia que presentaba la paciente era la usual:
- Ha perdido totalmente el apetito y no quiere comer.
- Se encuentra hiperactiva, desconfiada, vigila continuamente su ambiente y patrulla la casa, haciendo ella misma las faenas que otrora encomendaba a la señora de la limpieza.
- Tiene alucinaciones visuales, concretamente ve murciélagos, serpientes, figuras vestidas de negro, ve a sus hijos muertos, visiones siempre alarmantes, etc.
- No reconoce a sus familiares, si bien este síntoma es fluctuante y varia en un ritmo diurno-vespertino.
- La paciente empeora por la tarde noche y con la oscuridad.
- Necesita mantener la luz abierta toda la noche.
- Apenas duerme.
- Sigue amamantando a su pequeña y la asisten su hermana y su madre continuamente.
- El humor era normal, la emoción manifiesta es el miedo, la idea prevalente: el temor a que maten a sus hijos.
De manera que no habia sintomatología afectiva ninguna, se trataba de una psicosis en toda regla y no de una depresión postparto, naturalmente conozco la preferencia que algunos pacientes tienen con unos diagnósticos y el rechazo por otros, como la palabra “psicosis” o “esquizofrenia” que tienen mala prensa. De manera que le he mantenido en el error, al fin y al cabo las etiquetas son las etiquetas, lo que importa es que el tratamiento sea el adecuado.
Pero no es sobre antipsicóticos de lo que quiero hablar en este post, sino de fenomenología y de psicologia evolutiva, dos disciplinas que nos servirán para entender qué es lo que le sucede a esta muchacha.
Como puede observarse a través de sus sintomas la paciente presenta un intenso temor a que alguien dañe a sus hijos, toda su conducta está destinada a chequear su ambiente en busca de peligros, de depredadores o de enemigos. Pierde el apetito y el sueño y de alguna manera se muestra hipervigilante, activada simpáticamente como si de un momento a otro fuera a hacerse necesario su concurso para defender el nido. Fenomenológicamente hablando el cuadro puede clasificarse como una psicosis paranoide algo muy parecido a la paranoia aunque no existen delirios sistematizados sino solo una atmósfera de temor proyectado en el ambiente. Paranoide pero que tambien tiene otro parecido fundamental: se parece a un sueño, su cuadro clinico se parece a uno de esos ensueños terrorificos, pesadillas que a veces nos sorprenden de noche y nos despiertan sólo que la paciente no puede despertar porque está ya despierta.
No se trata, efectivamente, de una esquizofrenia, ni de un cuadro maníaco, las alucinaciones visuales son muy frecuentes en los cuadros orgánicos y tambien en las histerias contrariamente a lo que sucede en la esquizofrenia donde suelen aparecer alucinaciones acusticas, tampoco es una depresión como antes dije porque falta el humor deprimido y tampoco es un cuadro organico-cerebral porque sus constantes, su atención, su presentación y su orientación son normales. Sin embargo la psicosis post parto no es una enfermedad orgánica ni una forma de histeria aunque participa de la fenomenología de ambas.
¿Como explicar entonces este cuadro, donde ubicarlo, es orgánico o es psicógeno?
Ni una cosa ni otra , es psíquico tal y como ya expliqué en este post.
Hay algo que se ha encendido con el parto, algo atávico, animal, algo filogenéticamente determinado que no es otra cosa sino el programa “defiende tu nido”, algo muy parecido a lo que se enciende en las celotipias de los varones , una conducta demostrativa que tiende a espantar intrusos, una conducta de disuasión que explique en este post a propósito de los celos.
No cabe duda de que el parto es una situación de estrés para la madre, pero el estrés solo no puede explicar el desarrollo de una psicosis tan especifica, con esos sintomas tan recortados y reconocibles ¿por qué ese tipo de estrés no genera una depresión o cualquier otra cosa?
En primer lugar porque la paciente es una paciente con una instrucción primaria, una persona primitiva procedente de una cultura precaria, es decir se trata de una persona con pocos recursos psicológicos individuales para afrontar la situación de estrés. Una paciente en cierto modo virgen que reacciona con el tallo cerebral y poca participación de su cerebro humano, una especie de cortocircuito filogenético que se enciende por el parto y cuyo fin es el de preservar el nido.
En un post anterior que titulé “La pava novata” ya describí como operaban las pavas -animales muy agresivos- cuando tienen polluelos: se dedican a atacar a todo aquel que merodea por el nido con independencia de que sean sus propios polluelos los “intrusos”. Sucede por la razón de que en determinadas especies no existe reconocimiento de las crías, les sucede a las pavas que no tienen mecanismos para distinguirlas de los intruosos salvo por las señales acústicas, el “pio pio” de los polluelos es la señal que opera como discriminatoria y que desactiva la agresión de la madre, tal y como conté en el post anteriormente citado, al dejar sordas a las pavas estas pueden atacar a sus propias crías y asesinarlas movidas por su agresión puerperal.
Algo asi suele suceder con mujeres que presentan una psicosis post parto, el mayor peligro es que ataquen a sus hijos y los maten en una especie de suicidio ampliado que se realiza si la madre llega a valorar ese peligro paras su nido como inmanejable con sus recursos. Las madres que matan a sus hijos en este tipo de situaciones operan como aquellas pavas sordas aunque sólo en cierta forma: sienten que no pueden defender a sus crias y las matan para que no sean devoradas por otros, se trataría pues de un homicidio altruista, en realidad un suicidio ampliado puesto que este tipo de ataques van seguidos de una autoagresión letal.
La psicosis post parto existe porque el cerebro de la madre puérpera se equivoca al evaluar los peligros para su nido. En realidad no existe ningún peligro para la niña de la paciente que conté más arriba, pero su cerebro alarmista simplemente encendió la alarma de peligro para el nido y su conducta y cogniciones se pusieron a las órdenes de este antiguo programa que existe en todas las especies y es más evidente en pájaros y en mamíferos.
Y que tiene que ver con el reconocimiento: en determinadas especies no hay reconocimiento de las crías sino un reconocimiento ligado al contexto, en el caso de la pava no reconoce las caras de sus crias sino solo a su nido, en el caso de otros mamíferos lo que existe es un imprinting, es decir una impronta, algo que se graba precozmente en el cerebro de madres y crías que hace que estas reconozcan a su madre entre un millar y las madres a ellas, pero en el caso de los mamíferos hay algo más que la impronta, hay el apego, un vínculo que evolucionó desde el imprinting y que añadió algo más al simple reconocimiento: el contacto fisico continuo entre la madre y el hijo que incluye lametones y grooming a la simple alimentación o cuidados generales. De ahi al amor con que acojemos a nuestros hijos hay solo un paso evolutivo, no cabe duda de que el amor de una madre por su cría es producto de la hominización y añade simbolismos nuevos al simple apego de los animales que se desvanece despues del amamantamiento. Amor que en los humanos incluye a los precursores filogenéticos: reconocimiento, apego y lametones, cuidados, alimentación, teaching y contacto fisico y verbal y lo prolonga en una especie de chauvinismo de por vida.
Los humanos somos simios evolucionados pero no dejamos por eso de ser simios y debido precisamente al entramado simbólico con que se enredan en nuestra mente los significados y los sentidos podemos armarnos buenos lios con la maternidad. Si a este fenómeno unimos que la maternidad estimula la agresión en todas las especies debido a que es en ese momento cuanto más necesaria se hace esa agresión, tenemos un cóctel explosivo, este:
- Una mujer joven, exhausta y sometida a un intenso estrés de parto.
- Con una base psicológica y educativa con pocos recursos para afrontar este estrés, quién sabe si con creencias mágicas inducidas culturalmente o con conflictos con su pareja de turno.
- Con un encendido local de sus mecanismos atávicos de agresión.
Su cerebro detecta la amenaza y enciende el programa “vigila tu nido”, a eso le llamamos psicosis post parto. La mayor parte de mujeres europeas no llegan tan lejos por una razón educativa y cultural: simplemente reprimen la agresión, lo que da como resultado la aparición de la depresión post parto. Es por eso que en nuestro entorno las depresiones post parto son más frecuentes que la psicosis post parto que es un hecho ciertamente exótico hoy.
El cerebro humano es un superordenador cuántico que no opera en sistema binario (o 1 o 0) sino que opera cuánticamente con unos y ceros intercambiables, ahora es cero y ahora es uno. Lo cuántico supone la superación de la contradicción mecánica (o es 1 o es 0) y es por esta razón que la metáfora del ordenador convencional no es adecuada para entender el funcionamiento de nuestro cerebro.
El proyecto cerebro azul es un proyecto de IBM -entre otros- que han deciddido invertir en conocimiento neurocientifico y que ya ha comenzado a funcionar y tratará de reproducir en condiciones de laboratorio el funcionamiento de nuestro cerebro. Una de las cosas que los investigadores ya han resuelto es esta forma de computar los sucesos en forma no contradictoria (1 y 0) pueden ser dos momentos cuánticos distintos pero no contradictorios entre si (a no ser que exista un colapso de la función de onda), algo que no solo tiene interés cuantitativo (operar de forma mas rápida) sino operar en términos de no-contradicción que es una de las formas más brillantes de computar los opuestos por parte de nuestro cerebro.
Para entender mejor esta no-contradicción les pondré un ejemplo:
¿Usted se considera responsable o irresponsable?
Supongamos un continuo analógico donde 0 fuera muy irresponsable y 1 muy responsable, ¿donde se colocaria usted?
Bueno lo normal es estar enmedio, es decir en ese término medio que asegura no ser absolutamente ni una cosa ni otra. ¿Pero que significa estar en medio?
Les adelantaré algo: no significa indefinición, ni significa no quererse mojar como dicen que hacen los gallegos.
Significa que los opuestos responsabilidad-irresponsabilidad no se han disociado aun, permanecen en un estado de continuidad y por tanto de reversibilidad, hoy puedo ser responsable y mañana irresponsable, o bien, en estos aspectos soy responsable y en estos otros soy irresponsable o soy irresponsable hasta aqui. Esto es lo normal, lo que hacemos todos para lidiar con la normatividad social a veces injusta: hay como una oscilación dentro de ciertos limites que nos permite adaptarnos a multiples contextos.
Sin embargo hay otras personas que eligen otra via y colapsan sin saberlo la contraria, son esas personas que eligieron ser responsables para segurarse el amor o la simpatia de otros o los que decidieron ser irreponsables para obtener un mayor beneficio de su ambiente, es decir estoy hablando de personas que hicieron una elección como método de estar en el mundo, lo que estas personas no saben es que su elección fragmentó su mundo en dos, una via codificará sólo determinados eventos y sucesos ligados a “la responsabilidad” y otra via – si es que optaron por la anterior- será ignorada, su irresponsabilidad se encontrará oculta porque no puede desparecer, es posible que se encuentre plegada en su responsabilidad. A esta ignorancia la llamó Freud represión, es decir a la parte que la escisión elegida decidió ignorar, un mundo asi partido, es un mundo accidentado y toda la patologia psiquiátrica se nutre de estas bifurcaciones. Estas personas son poco adaptables, aprenden muy poco, repiten mucho y viven dentro de Matrix condenados a vivir una existencia automatizada, inauténtica, desrealizada, displacentera y repetitiva.
Obsérvese como en cada bifurcación aparecen de nuevo las condiciones iniciales.
Es por esta razón que algunas personas enloquecen cuando se enfrentan a la prueba del 9, a la prueba definitiva, la maternidad (o la paternidad) que evocan todo tipo de redes semánticas, no sólo la responsabilidad sino otras que van colgadas de ella, como el amor-odio, la femineidad-masculinidad, la dependencia-libertad, y otras redes dependientes de aquellos significados.
Si a la mujer se le encendió ese programa superatávico es en parte un asunto de azar determinista y en parte tambien porque su personalidad en algun aspecto de los mencionados habia bifurcado en falso.
Cada crisis sin embargo le da una nueva oportunidad de crecimiento y de reunión de opuestos pues en cada bifurcación se reproducen las condiciones iniciales de las que partió el suceso con su par oponente. Pero una vez reorganizado y estabilizado el sistema estamos condenados a repetir, por eso clinicamente podemos predecir que en cada embarazo esta mujer está sometida al riesgo de una nueva psicosis post parto y al mismo tiempo que en cada parto tiene una nueva oportunidad de resolver su dicotomia aunque en cada episodio esta oportunidad decrecerá y desaparecerá cuanto más se aproxime a la unidad o al cero.
No sabemos -por falta de datos personales- a qué clase de dicotomia está sometida esta mujer, pero podemos imaginarla por sus condiciones sociales: su libertad es incompatible con la maternidad pero al mismo tiempo su maternidad es el peaje que paga a su pareja para que permanezca con ella y por tanto un pasaporte de seguridad. ¿Hasta cuando?
Quizá entonces sea ya demasiado tarde, pues cada episodio es tambien predecible que sea más grave.
Lo más curioso de todo es que la paciente se negó a dejar de amamantar a a su hijo a pesar de la necesidad de recetarle antipsicóticos, al final opté por el Zyprexa (olanzapina), un antipsicótico que no traspasa la leche materna.
Hablénle a esta mujer de abortos a ver que dice.
De Stendhal a Bogart y un poco de etología
Enamorarse es exagerar la diferencia entre una mujer y otra.
G. B. Shaw.
Antes de leer este post es necesario que recuerde usted esta escena de “Casablanca”.
Después de haberlo visto -quizá por enésima vez- intente usted contestarse a esta pregunta. ¿Por qué Humphrey Bogart renuncia a su amor por Ingrid Bergman y se la pone en bandeja al tal Victor?
Esta es la pregunta que Jose Antonio Rivera se plantea en su ensayo “Lo que Socrates diria a Woody Allen” en el último capitulo del libro donde aborda el gran tema de la humanidad: el amor y sus enigmas.
Algo que antes de él ya intentaron Ovidio, Stendhal, Ortega y Gasset, Dovstoievsky, Lampedusa, Erich Fromm y otros , me refiero a su conceptualización, a escarbar en la naturaleza del amor como sentimiento humano. Jose Antonio Rivera nos trae la opinión de Stendhal, la que dejó escrita en “Del amor” un ensayo poco conocido pero que rezuma modernidad en lo que nos interesa a los neurocientificos: la relación entre el amor y el cerebro.
En el caso de Bogart es evidente que lo que se pone en marcha en su cabeza es el amor-sacrificio muy probablemente la versión más elevada del amor en contraposición al amor-conveniencia que es seguramente la versión más limitada y cutre del amor. Pero ambas no se encuentran tan alejadas entre si como aparentan.
Desde el punto de vista neurobiológico es evidente que el amor -en todas sus versiones- se asienta sobre los circuitos del placer-recompensa. Amamos aquello que nos proporciona placer y aqui está precisamente el malentendido pues lo que para unos es placentero para otras personas es aversivo y no sólo eso sino que para algunos practicantes del amor-pasional el amor y el dolor son la misma cosa tal y como describí en este post. Algunas personas no se conforman con el placer y aspiran a introducir en su vida un orden de perturbación lo suficientemente intenso para escapar de la monótona repetición mecánica de un acto placentero que tiende a disminuir con la repetición del estimulo que lo provoca. Simplemente nos habituamos al placer lo que hace que la respuesta placentera sea cada vez más escasa y tediosa.
El enemigo del placer es pues la monotonía como todos ustedes ya saben, algo que en principio se opone al ideal de un amor para siempre.
Y es que en los humanos no cuenta sólo el reflejo condicionado por el placer, hay algo que se le añade y le convierte en goce, tal y como describí en este post y que suele transformar el previsible deleite en algo más: en el caso de Bogart en una renuncia con sentido altruista y patriótico, algo cercano a lo sacrificial, al estoicismo griego que le da a este final de pelicula un empaque universal, un mensaje moral.
En otro orden de cosas es posible además sentirse enamorado sin amor y aqui estamos ya en el campo de la creencia, (véase este post donde hablo del por qué algunas personas se sienten enfermas sin estarlo): precisamente porque el placer sexual ha llevado siempre adosado un peaje de deuda, culpa y transgresión social que el amor aparece muy a menudo como un pretexto y dado que la reproducción es un mandato biológico el amor puede ser un sentimiento adherido a la simple atracción sexual. En este caso y ahora vuelvo a la hipótesis original de Stendhal, el amor es un engaño de nuestro cerebro, o mejor dicho un autoengaño. Las mujeres suelen ser sus victimas principales, las consumidoras esenciales de ese romántico placebo.
Pero no hay que olvidar que todo autoengaño evolucionó desde el engaño. Engañar a otros es una estrategia evolutiva bien definida y descrita por los etólogos. Si nosotros los hombres hemos llegado a perfilar tan bien nuestros autoengaños es precisamente porque llevamos un enorme bagaje evolutivo destinado a engañar a los demás. Somos verdaderos artistas del engaño. De la mentirijilla piadosa, al disimulo, pasando por la ficción, la mitomania o el sindrome de Munchausen existe una extensa bibliografia y literatura destinada a mostrar a otros las habilidades de las que somos capaces para engañar. Es evidente que los hombres hemos desarrollado mucho más estas habilidades que ellas, las féminas, aunque depende para qué.
Existe un argumento evolutivo que explica el por qué los hombres hemos desarrollado más las conductas de engaño que tienden hacia el aseguramiento de un mayor éxito reproductivo mientras que las mujeres han desarrollado más aquellas estrategias que tienden a asegurarse una mayor protección de sí mismas y la prole, e incluyo aqui a las conductas de enfermedad que describí precisamente en el post anteriormente mencionado.
Dicho de una forma comprensible es asi: el amor para una mujer está basado en la pregunta, ¿me amará despues? mientras que en el hombre la pregunta se refiere al presente, ¿me ama?, todo lo cual define los temores atávicos que la etologia nos aclara.
El cerebro de las mujeres es seguramente más alarmista que el cerebro de los hombres al menos en lo que se refiere al miedo al abandono, a la enfermedad o al daño, mientras que los hombres muestran un mayor alarmismo hacia la pérdida o descensos del rango social.
En lo que se refiere al cuidado del nido sin embargo las hembras muestran tanto alarmismo como los machos en su territorio, obsérvese como estas aves simulan estar lisiadas para que el depredador se fije en ellas y lograr asi alejarlos de su nido, otro ejemplo de altruismo.
Niklas Tinbergen describió esta conducta como “sindrome del ala rota” una especie de simulación o engaño con el que algunas aves que anidan en la tierra defienden a sus pequeños de los ataques de los intrusos. Pero en realidad los etólogos no hicieron mas que apropiarse de viejas ideas de los psiquiatras europeos cuando plagiaron la idea observada por ellos respecto a ciertas reacciones innatas destinadas a la autopreservación.
Ernst Krechtsmer fue un prestigioso psiquiatra alemán que describió precisamente estos mecanismos innatos, lo hizo en “Histeria, reflejo, instinto” una curiosa variante de las convulsiones epilépticas que llamó “tempestad de movimientos” en oposición a otro tipo de reacción que llamó “inmovilización cadavérica”. Más tarde Lopez Ibor les cambió el nombre por el de reacción de “sobresalto” y “sobrecogimiento” que cambiaron nuestra idea original que partía de una conceptualización patologica y evolucionó gracias a los etólogos hasta un cluster de movimientos instintivos causados por el miedo bien visibles en lo que los psicólogos evolutivos llaman hoy fight or flight (luchar o huir). O freezing (congelarse). Tres opciones con qué enfrentarse al terror de muerte.
Hoy sabemos que el estupor, el parkinsonismo, el temblor, las contracturas, la catatonia, las parálisis histéricas, la depresión, el dolor neuropático, las anestesias, etc, son variantes de estas dos reacciones biológicas que derivan de aquellos mecanismos arcaicos de defensa contra el horror a morir. No es de extrañar pues que en las salas de urgencias de los hospitales de todo el mundo sigan viéndose estos aparatosos cuadros que simulan una enfermedad orgánica pero no son sino crisis emocionales o bien errores de reconocimiento de un peligro o daño.
En realidad se trata de formas de engaño y autoengaño del cerebro en perfomance. Observen a este pequeño herbivoro como elude el zarpazo de los leones haciéndose el paralítico y dejando de correr. La inmovilidad es precisamente la que lo salva -en una primera instancia- de morir, hasta que se le acaba la suerte y los leones adolescentes descubren el engaño.
Inmovilizar a alguien es necesario para que ese alguien se “crea inmovilizado” Precisamente esta gallina cree estar inmovilizada por su perpretador, nótese que lo que conocemos con el nombre de hipnosis, es la inducción de una respuesta -un reflejo de inmovilización- en un animal que se queda quieto porque supone que ha sido inmovilizado y que una cuerda o fuerza lo sujeta.
Lo que entendemos como hipnosis es en realidad la articulación de un reflejo arcaico en una creencia: la gallina no se mueve porque cree que no puede hacerlo.
De manera que es en las creencias donde hay que ir a buscar estos reflejos innatos que conocemos desde la época de Kretchsmer y que los etólogos rescataron del catálogo de conductas innatas destinadas a la preservación de sí mismos o de sus nidadas.
Estos programas filogenéticos -por nombrar los más conocidos- son los siguientes:
- Fight or flight (lucha/huida)
- Freezing, congelación o inmovilización.
- Alimentación.
- Sexualidad.
- Sueño.
Lo curioso de estos programas es que unos refuerzan o inhiben a los otros, por ejemplo es imposible alimentarse mientras se huye o es imposible dormir mientras se copula. En el terreno práctico es imposible huir y quedarse quieto, un antagonismo muy frecuente en los humanos y que da como resultado el conocido sintoma del mareo o desmayo.
Sin embargo en la paleta de conductas prácticas en los sujetos individuales pueden darse versiones comprimidas de unos programas solapándose en otros. El más conocido de los cuales es la activación del programa “sexualidad” junto con fight or fligth.
¿Se pueden mantener relaciones sexuales mientras se huye o se lucha?
Es evidente que no, pero tambien es evidente que en la cópula existe cierto solapamiento de instrucciones de programas como luchar o huir y del freezing (congelación o inmovilización).
Por alguna razón -quiza a consecuencia de la expectativa de daño- las hembras de muchas especies huyen cuando son requeridas sexualmente, debe ser por eso que los machos deben perseguirlas e incluso inmovilizarlas para llevar a cabo el coito. Vease este ejemplo, se trata de una lagartija que tiene que echar mano de repertorios poco caballerosos para lograr que su pareja se esté quieta.
Este juego de conductas interactivas se conoce con el nombre de ritual, en este caso de cortejo y parece estar destinado a inducir en el otro señales de aceptación de la relación. El macho reconoce a la hembra porque recibe señales de su disponibilidad al mismo tiempo que la hembra huye: es este solapamiento entre la fuga y la evidencia de disponibilidad que induce en el macho una conducta de persecución y posteriormente de placaje que hace posible el coito. Simultáneamente la hembra solo se apareará con el macho que sea capaz de inmovilizarla, algo que suele suceder en aquellas especies donde el reconocimiento sexual es dificil a través de la vista o el olor, es entonces cuando se echa mano del ritual.
Sin embargo no cabe duda de que los rituales de cortejo han persistido incluso en las especies dimórficas (aquellas donde los sexos se distinguen a simple vista), lo que ilustra la enorme potencia arquetipica que poseen estos programas arcaicos.
Dicho de otra manera: la sexualidad y su cumplimiento tiene mucho que ver con una creencia, es algo asi como si la lagartija hembra se dijera a si misma, “puesto que no puedo escapar, lo mejor será que me quede quieta”, mientras que la lagartija macho piensa, “esta que huye es una hembra”.
Lo que nos lleva de nuevo a la concepción stendhaliana del amor, puesto que en nuestra especie el amor no es sino una sexualidad extendida por una conciencia pensante. Stendhal supo ver que el amor era un producto de la imaginación, como los sueños o las creaciones artisticas, incluso diseñó una teoría para explicar como los pensamientos acerca del amor se transforman en creencias a través de lo que él llamó la teoria de la cristalización que explica desde el amor hasta el delirio. Oigámosle:
Si en una mina de sal dejamos caer una rama de árbol bien despojada de sus hojas, y la sacamos al cabo de tres meses, estará cubierta de cristales brillantes, las ramillas mas diminutas no son mas gruesas que la pata de un pajarillo, parecen guarecidas de infinitos diamantes, trémulos y deslumbrantes, imposible reocnocer la rama primitiva. Lo que llamo cristalización es la operación del espiritu que en todo suceso y en toda circunstancia descubre nuevas perfecciones en el amado.
O sea que enamorarse para Stendhal es aquel proceso de transformación mediante el que un determiando sujeto añade y resta cualidades al objeto de su preferencia, algo asi como hace el artista al pintar un cuadro, el músico al componer una sinfonía o el soñante al construir su guión onírico.
Es evidente que Bogart optó por la épica en lugar de la lírica cuando renuncia a la Bergman y se la pone en bandeja a su rival Victor Laszlo. Pero quizá haya algo más que renuncia en este gesto.
Quizá algunas personas -que intuyen la monotonia de una relación cómoda- sepan que no pueden volver a repetir algo que ya ha sido sublime en algun momento de la vida y decidan deliberadamente o movidos por las circunstancias optar por ese ascetismo de por vida que se elige precisamente porque ya saben imposible aceptar otros placeres inferiores.
Es por eso que la frase “siempre nos quedará Paris” resume perfectamente las intenciones de algunos: aquellos que no permutan comodidad por pasión.






















